Jaime Mayor Oreja

Cañizares se despide de la diócesis de Toledo en la misa del Corpus Christi

El solemne Corpus Christi, que sacó ayer en procesión a miles de toledanos, fue escenario de su emotiva despedida.

El Cardenal Administrador Apostólico de Toledo y Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, Antonio Cañizares
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MADRID- El cardenal Antonio Cañizares apura sus últimos días como administrador apostólico de Toledo, diócesis de la que tomará posesión el obispo Braulio Rodríguez el próximo 21 de junio. Ayer, aprovechando una catedral repleta por la solemnidad del Corpus Christi, de gran raigambre en la ciudad, y también en su alocución en la plaza de Zocodover, durante la procesión, Cañizares dio gracias al clero de su diócesis por su trabajo y pidió perdón por «las torpezas y debilidades que yo haya podido cometer».

 

«Dios ha querido que mi despedida como obispo, especialmente de vosotros, mis queridos hermanos sacerdotes, coincida con esta fiesta de la Eucaristía, razón de ser de nuestro sacerdocio», afirmó el cardenal, que, como prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, velará desde el Vaticano por la vida litúrgica de 1.100 millones de católicos de diversos ritos e infinidad de culturas e idiomas. «Han sido años muy intensos y gozosos, en los que tampoco, como no puede ser de otra manera, ha faltado la cruz», afirmó el prelado. «A todos os he querido, y os quiero, entrañablemente. A todos y cada uno me gustaría abrazar, agradecer y pedir perdón; con todos deseo unirme en la misma comunión en el Cuerpo del Señor que nos hace ser su Iglesia», aseguró durante la homilía, en presencia de media docena de obispos.

 

En su alocución en la plaza de Zocodover, rodeado de los toledanos en procesión, el cardenal insistió una y otra vez en alabar la bondad de Dios, su generosidad y la necesidad de que los cristianos le den siempre gracias.

 


Oro, perlas y esmeraldas

 

Ante Cañizares estaba la Custodia de Arfe, un monumento de 183 kilos de plata y 18 kilos de oro, rematada con una cruz que ostenta cuatro esmeraldas y 86 perlas. Dentro de esta custodia, un ostensorio (custodia de mano) encargado en el siglo XVI por el cardenal Cisneros, de 17 kilos de oro e infinidad de gemas y perlas: en su época costó el equivalente a 7.500 vacas. «La maravilla de esta Custodia de Arfe palidece ante la hermosura que porta, el gran don de Dios, su Hijo Jesucristo, en quien encontramos el inmenso derroche de amor, de sabiduría y de gracia para con todos», predicó el cardenal rodeado de balcones engalanados. Allí, ante los toledanos, hizo una valoración de su paso por la diócesis. «Me horrorizo de pensar en el peligro de que alguna vez, por falta de consideración o por estar absorto en cosas vanas, me haya olvidado del amor de Dios y haya sido para Cristo causa de vergüenza y oprobio. Bien sabe Dios, y lo digo con humildad, consciente de mi debilidad y pequeñez, porque no es obra mía, que no me he reservado nada, que me he gastado y desgastado sencillamente por la Iglesia, a veces hasta la extenuación. Esto no mérito mío, sino de Dios, que ha tenido conmigo mucha compasión y misericordia». Asistieron a los actos, como es tradicional, el presidente autonómico, José María Barreda, y el alcalde de Toledo, Emiliano García-Page, así como el delegado del Gobierno, Máximo Díaz-Cano, y el presidente de las Cortes autonómicas, Francisco Pardo, todos ellos socialistas. Por parte del PP, la secretaria general, María Dolores Cospedal, y el cabeza de lista para el Europarlamento, Jaime Mayor Oreja.