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El balandro

Los gallegos empiezan a preguntarse qué hacía Quintana a bordo del gran balandro blanco de Jacinto Rey, el constructor beneficiado

Tiempo de lectura 4 min.

27 de febrero de 2009. 04:03h

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27/2/2009

El balandro es una maravilla. Su dibujo me recuerda al «Ticonderoga», un gran barco de vela americano que en la década de los cincuenta participó en la regata La Habana-San Sebastián. Aquél no tenía las comodidades y adelantos técnicos que éste. Ni los mismos tripulantes. Me refiero al balandro blanco en el que navega Anxo Quintana por las costas gallegas cuando el sol tibio y la mar calma del Atlántico se unen. Es hermosa y edificante la imagen del político nacionalista y de izquierdas en la popa de la lujosa embarcación. La mirada puesta en la mar descansa y relaja. A su lado, un amable individuo le ofrece su segura interesante conversación. Quizá le ofrece algo, una copa, un aperitivo, para alegrar la tristeza que a algunos se les ancla en el estómago cuando navegan. El amable individuo es el propietario del balandro. Insisto en que la mar parece calmosa y tranquila, pero podrían estar hablando de los vientos fuertes, los nortazos y las bondades del Plan Eólico, limpio y ecológico, que tanto preocupa a Anxo Quintana. El amable personaje se llama Jacinto Rey, y es constructor. En España, para poseer un gran barco, y a pesar de la crisis, hay que ser constructor cercano a la política. Don Jacinto Rey es también el promotor del «Xornal de Galicia», una publicación próxima al nacionalismo de izquierdas gallego, el BNG. Una publicación que defiende sobre todo, los intereses de Anxo Quintana. Pero no parece, por las expresiones de ambos en la fotografía de la dulce navegación, que hablen de periodismo. En esta España nuestra se suceden las casualidades, como la de Garzón, Bermejo y el Jefe de la Policía, que cada uno por su lado se encontraron en un hostal de Jaén y compartieron la cena. La casualidad –no puede ser otra cosa–, que se manifiesta en la navegación de Anxo Quintana en el balandro blanco de Jacinto Rey, es que Jacinto Rey, el amable constructor gallego, fue el beneficiario, pocas semanas después de la feliz singladura, de una concesión de catorce millones de euros del Plan Eólico. Concedidos esos catorce millones de euros por una consejería encomendada al BNG –socio de los socialistas en el Gobierno gallego–, apareció el «Xornal de Galicia», el medio nacionalista del que otros periódicos más antiguos y prestigiosos, como «La Voz de Galicia», ponen en duda su financiación, que podría venir de los fondos procedentes de las licencias eólicas que concede el partido de Anxo Quintana, el que está sentado a popa del balandro. Y claro, los gallegos que son más listos que los ratones y más largos que sus horizontes marinos, empiezan a preguntarse qué hacía el dirigente nacionalista y de izquierdas Anxo Quintana –gran aficionado también a los muebles caros, como Touriño–, a bordo del gran balandro blanco de Jacinto Rey, constructor beneficiado con una licencia eólica de catorce millones de euros y promotor de un periódico al servicio del nacionalismo izquierdista gallego. Que ya se sabe que los constructores no tienen ideología, como debe ser, y menos aún cuando los invitados a sus balandros son políticos generosos. Podría darse el caso de que la casualidad, una vez más, fuera la protagonista de esta breve historia, y que don Jacinto embarcó a Anxo Quintana cuando a punto de naufragar, éste, en su pequeño bote, pescaba calamares. Que puede ser, que no digo que no.

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