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«El calentamiento global no existe es una gran mentira»

Nigel Lawson/ periodista y político - Fue ministro de Economía y Energía con Margaret Thatcher y pertenece a la Cámara de los Lores desde 1992, pero ahora está en el ojo del huracán por su particular visión sobre el cambio climático, sacrílega para muchos, que plasma en su libro «Una mirada fría al calentamiento global».
 

  • «El calentamiento global no existe, es una gran mentira»
    «El calentamiento global no existe, es una gran mentira»

Tiempo de lectura 8 min.

12 de julio de 2009. 01:37h

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12/7/2009

–¿Cómo surgió la idea de escribir su libro «Una mirada fría al calentamiento global?
–Fue durante mi etapa como miembro del Comité de Asuntos Económicos de la Casa de los Lores, donde elaboramos un estudio sobre el cambio climático en 2005. Se nos pidió una visión  científica del problema, pero yo propuse también evaluar el impacto económico, que considero igual de importante.
–Como el célebre «Informe Stern».
–Ese informe estuvo muy influido políticamente. Nosotros tuvimos la oportunidad de recabar muchos puntos de vista de investigadores y economistas de todo el mundo. Eso nos permitió obtener una visión más amplia e informada del asunto. Así llegué a la conclusión de que el debate no se estaba planteando adecuadamente. Hace falta un debate más objetivo y menos apasionado, basado en observaciones y no sólo en predicciones.
–Usted afirma que el calentamiento global no existe.
–Así es. Lo contrario es una gran mentira. En cien años, la media de temperaturas no ha variado apenas; el calentamiento local, que no global, que se está produciendo en algunas zonas es un proceso natural. Es verdad que el hombre lo está empeorando, pero sólo una pequeña fracción.
–Su libro pone en duda a los más eminentes científicos.
–Lo que pongo en duda son los modelos informáticos en los que basan sus estudios, que hablan de catastróficas subidas del mar y otras consecuencias. El nivel del mar siempre ha oscilado de forma natural, eso está demostrado, al igual que las temperaturas medias del planeta y el clima a nivel local.
–¿De qué modelos informáticos habla?
–De los mismos que llevaron a los bancos a tomar decisiones arriesgadas que desembocaron en la actual crisis económica. Ninguna máquina puede predecir el clima.
–¿Qué consecuencias tendrá?
–La producción mundial de alimentos subirá con la temperatura. Algunas partes del planeta sufrirán, pero otras se verán beneficidas por el cambio climático. Algunos proponen abandonar los combustibles fósiles, pero no se dan cuenta de que una vaca emite más gases de efecto invernadero que un coche medio. ¿Qué harán, prohibir el ganado?
–Su obra cita antiguos vaticinios catastróficos que nunca se cumplieron.
–La demografía, de la que Malthus alertó hace más de 200 años, nos llevaría al colapso por el exponencial e imparable crecimiento de la población que nos llevaría a la hambruna, la guerra y la peste. Otros agoreros vaticinaron una hecatombe a causa del sida, el impacto de asteriodes y otras supuestas amenazas globales que nunca acaban de llegar.

–¿Y el calentamiento global?
–Es la nueva religión fanática e inquisitoria que señala con el dedo a quien no comulga con sus ideas. El clima siempre ha cambiado caprichosamente y siempre lo hará, y lo único que cabe hacer es adaptarse a la nueva situación, porque está  fuera de nuestro control.
–Pero ¿qué hay del protocolo de Kyoto?
–Si los mayores países no son capaces de ponerse de acuerdo, ¿cómo vamos a alcanzar un consenso sobre la lucha contra el clima? No hace falta ningún acuerdo global, cada país afronta problemas distintos. Además, China, India o Brasil están en su derecho a negarse a renunciar al progreso y al crecimiento industrial.
–¿Qué acción propone usted?
–No hacer nada es mejor que hacer algo estúpido y extremadamente caro de lo que luego nos podamos arrepentir, como llenarlo todo de molinos de viento. Lo sensato sería controlar la temperatura y actuar en base a los hechos, no a las predicciones; y adaptarse a los cambios, algo que está en la naturaleza humana.
–Cambiando de tercio, ¿había visto antes una crisis como ésta en Gran Bretaña?
–Estamos en un momento muy malo, sin duda. Supongo que lo superaremos. Ha habido un montón de cambios desde la época en la que estábamos en el Gobierno y no siempre buenos. Ha cambiado mucho el sistema de pagos de los gastos de los parlamentarios. Y por eso creo que se ve como un mal sistema en el cual, una minoría, y sólo una minoría, ha cometido abusos. Así que sí, tiene que ser reformado y limpiado. Y todo esto ha llegado en un momento en el que el Gobierno, muy débil, está en un proceso de desintegración. Ahora es muy difícil tomar decisiones. Y además, a menos de un año para las elecciones y con las encuestas señalando que va a haber un cambio de Gobierno. Así que parece que este Gobierno lo tiene muy difícil además, por la crisis económica y financiera.
–El que lo tiene realmente difícil es Gordon Brown...
–En las elecciones europeas hemos visto que los laboristas no han sido segundos, sino terceros. Y han estado a punto de quedarse como el cuarto partido de Gran Bretaña. ¡Extraordinario! Como le decía, estamos en un momento muy malo, en cualquier sentido, pero creo que lo superaremos. Habrá cambio de Gobierno.
–¿Qué opinión tiene del primer ministro?  
–Es un hombre inteligente, pero como canciller es responsable de algunos de los problemas de la economía británica y, en particular, del mal estado de las finanzas públicas. Tenemos una enorme deuda pública, la mayor de nuestra historia, salvo quizá en tiempos de guerra. Y como primer ministro,  creo que Brown ha supuesto una decepción generalizada. No lo ha hecho bien.
–¿Qué fue primero entonces, la crisis política o la económica?
–Creo que son varios factores los que se han unido en esta crisis. Ocurre a menudo, cuando un Gobierno está demasiado tiempo en el poder, y éste lleva más de diez años, comienza a tener un desgaste y problemas para hacerlo bien.
–¿Y qué responsabilidad tiene el actual Gobierno?
–Durante el tiempo en el poder las tensiones entre Blair y Brown fueron creciendo. Y eso provocó que algunos tomasen partido por uno u otro. Blair era un político muy hábil y aunque era capaz de manejar muy bien las situaciones, no creo que fuera un buen primer ministro. Su gran error fue la guerra de Irak, pero era un político. Brown no es lo mismo.
–El hecho es que el Partido Laborista tardará en volver al poder. –No se puede saber. Yo creo que los conservadores es probable que ganen en mayo. Y entonces tendrán que enfrentarse a difíciles decisiones económicas y financieras. Si tienen éxito, podrán mantenerse en el poder durante bastante tiempo, como le pasó a los laboristas. Pero, si fallan, eso le permitiría volver al Partido Laborista.
–¿Tienen los conservadores un equipo con garantías para gobernar?
–Creo que sí. Aunque son bastante jóvenes, creo que pueden hacerlo bien.
–Ustedes también eran jóvenes cuando llegaron al poder de la mano de Margaret Thatcher...
–Pero no es lo mismo realmente. Maggie Thatcher ya había estado durante varios años en el gabinete. Brown estuvo con Blair. Pero ni Cameron ni Osborne ni la mayoría de ellos han tenido alguna experiencia de Gobierno previa. Quizá necesiten un poco más de experiencia, pero no obstante son extremadamente capaces.
–¿Servirían ahora las recetas económicas que usted aplicó como canciller?
– La situación es similar. Cuando nos llegamos al Gobierno, heredamos una situación que tuvimos que enderezar.


Tuvimos que enfrentarnos a una tasa de inflación muy elevada, a los sindicatos, las finanzas públicas estaban mal... Tuvimos que tomar medidas duras. Así que lo de ahora no es nuevo, ya se ha hecho antes. Los funcionarios del Tesoro se puede decir que tienen una "memoria institucional" y saben lo que debe hacerse
–¿Se recuperará el sistema financiero británico?
–Hay dos problemas distintos. Por un lado el de reflotar las finanzas públicas y eso significa recortar el gasto público. Se puede hacer, aunque no será popular. Pero creo que los británicos se han dado cuenta de que es necesario. Por otro, restaurar el papel de la City como el más importante centro financiero de Europa y, por supuesto, como uno de los dos más importantes del mundo, con Nueva York. Y eso es muy importante para la industria.
–¿Será necesario modificar el sistema?
–Habrá que hacer cambios. Necesarios e imprescindibles. No se trata de establecer más controles, sino de ponerlos de la manera adecuada. Ustedes en España tienen un buen sistema de controles del sector financiero y no han sufrido tanto en esta crisis. Santander o los demás grandes bancos españoles no han tenido grandes problemas. Ustedes aprendieron de la crisis que pasaron en los 80, y nosotros tenemos que hacerlo ahora.
–¿Hubiera sido distinto para Reino Unido si hubiera ingresado, como usted propuso en los 80, en el Mecanismo de Cambios Europeo?
–Es posible. Pero permítame matizar que eso no significó que yo estuviera a favor de la Moneda Única. Mi propuesta de integración era por un período limitado de tiempo y su objetivo era controlar la inflación aprovechando el vínculo al marco alemán. El Deutsche Bank tenía entonces una gran credibilidad antiinflacionista.
–¿Qué piensa del escándalo de los gastos parlamentarios?
–Sinceramente, nunca hubiera creído que pudiera pasar algo así.
–Parece fuera de duda que es necesario un cambio profundo...
–Sí, sin duda. Es cierto que la culpable ha sido una minoría de la que hay que deshacerse y que se ha comportado de forma inaceptable. Por eso cambiar el sistema es necesario. Y, una vez que eso se haya hecho, hay que restaurar algunas reputaciones dañadas por el escándalo. Estoy seguro de que hay muchos países donde los políticos son mucho más corruptos que en Reino Unido, y no me referiré a ninguno en particular, pero esto ocurre, aunque ciertamente no debe servir de excusa a nuestro sistema político.
–La parte buena es que se ha conocido lo que ocurría ¿no debería establecerse un sistema de información público sobre los gastos políticos?
–Los Comunes ya lo ha hecho. Aún así, sería bueno, en mi opinión, terminar con muchos de los gastos que ahora están admitidos. 
–¿No le extraña que Brown haya estado a la defensiva, casi esperando a que los diputados corruptos tomasen la decisión de dimitir o no?
–Bueno, para empezar, no teníamos en nuestra época este sistema de gastos parlamentarios. Todo lo cambio Blair en 1997. Pero en todo caso, esta crisis no habría ocurrido. Margaret Thatcher no lo hubiera permitido desde el primer momento. Brown ha resultado un líder lamentablemente indeciso.
 

Un tolerante contra la intolerancia
Para el artífice de la reforma del sector del carbón en el Reino Unido, la teoría de la subida generalizada y acelerada de las temperaturas en el planeta  se basa en modelos informáticos de medición, unos sistemas que «no han servido para predecir prácticamente nada».  Por eso considera que lo sensato es supervisar las mediciones de temperatura del mundo y adaptarse a los cambios que puedan o no registrarse.  En este proceso «no hace falta un acuerdo global», entre otras cosas porque cada país tiene unas circunstancias diferentes.  Él mismo se define como «un  tolerante que no tolera la intolerancia» y cree que China e India están en su derecho de negarse al progreso y al crecimiento por estas teorías .
, Elliott  no se ha separado de España, intelectual y afectivamente. «Es un país abierto y con una libertad total. Claro que todavía quedan viejos rencores. Sigo siendo muy optimista en el futuro de este país, a pesar de las dificultades económicas y de las tensiones entre autonomías y gobierno central», dice.  Junto a Jonathan Brown, otros de los grandes hispanistas, defiende que el Salón de Reino, en el todavía Museo del Ejército, se reconstruya con las pinturas de Velázquez. «Hace unos días estuve en el Casón y vi la sala de lecturas con las pinturas de Giordano y quedé impresionado.  Si se puede hacer algo parecido en el          Salón de Reino  sería el triunfo del Museo del Prado».
 

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