EL CENSOR DE JUMILLA

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Al PSRM-PSOE le ocurre aquello que decía Machado sobre las dos clases de hombre, los que viven hablando de sus virtudes y los que se limitan a tenerlas. Pues bien, vemos en el comportamiento del alcalde de Jumilla, Francisco Abellán, eso mismo. Por un lado, su cerrazón, enrocamiento con el veto a La 7, y por otro, a su partido clamando para que pida disculpas con lo sucedido con esta cadena de televisión. Lo malo de esto es que a veces los hombres que decía el poeta van cada uno por su lado. Por un lado va el Abellán altanero, prepotente y sin capacidad de autocrítica porque no sale mucho en la televisión, y por el otro, la exigencia de su partido para que baje de la higuera y reconozca que se equivocó. En todo caso, la terquedad de Abellán es la mejor excusa en las europeas para el PP, ya que utilizarán su extremo partidismo para darles donde más les duele: su falta de respeto a la libertad de expresión. Lo de Jumilla no tiene nombre. Es, sencillamente infumable, y obliga a pedir la dimisión del alcalde por encima de cualquier otra consideración. El gesto de rebelión es claro y Saura demuestra también su incompetencia al no poder controlar a uno de sus hombres. En cualquier caso, gesto franquista.