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González-Cine

Tiempo de lectura 4 min.

10 de abril de 2009. 01:28h

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10/4/2009

Haber sido un aceptable ministro de Cultura es mérito al alcance de pocos. César Antonio Molina puede presumir de ello. Su gran pecado, la causa de su cese, hay que buscarla en su escasa sintonía con el mundillo de los pegatineros millonarios, los chulos del pesebre, eso que llaman el Cine español. No soy internauta. Todavía me resisto a entregar mi vida a Internet, y por ello no puedo sentirme amenazado por el nombramiento de Ángeles González-Cine como nueva ministra de Cultura. De sentirme amenazado lo haría como contribuyente de más del cuarenta por ciento de mis ingresos a las arcas del Estado. En España, los impuestos desnudan a los que trabajan, no a los que tienen. No se busca la justicia, sino la facilidad depredadora, y como presa fácil de la Agencia Tributaria tengo sobrado derecho a exponer mis desconfianzas. La ministra González-Cine es la presidenta de esa «academia» que reúne a mucha gente decente y trabajadora y dominan los privilegiados de las subvenciones con dinero público. La relación de progres «Visa Oro» en su toma de posesión es indicio preocupante. En el fondo, la ministra González-Cine, que es una notable guionista, sabe que Zapatero le ha encomendado la cartera de Cultura para agradar a sus pancarteros favoritos. Las cifras que presenta el llamado Cine español -español lo es, pero lo de Cine entra en la duda-, son escalofriantes. Sumando todos los ingresos voluntarios en taquilla no se alcanza, ni de lejos, la totalidad de los millones de euros que el Gobierno ha puesto en los bolsillos agradecidos de los subvencionados. El Cine no es una industria. Es un pozo sin fondo del dinero público. Y mucho me temo que la ministra González-Cine va a aumentar los regalos pesebristas a productores, directores y actores para que persistan en producir, dirigir e interpretar auténticas porquerías que a nadie interesan. Al menos, el alborozo que exteriorizan los progres millonarios con su nombramiento autoriza la sospecha. Una sociedad que camina irremisiblemente hacia los cuatro millones de parados -con el silencio cómplice y manso de la UGT y CCOO-, puede perder la paciencia cuando advierta que millones de euros que cubrirían primeras necesidades entre los desprotegidos, van a parar a los bolsillos de unos pocos elegidos que, además, hacen las cosas mal. El Cine español es malo porque se producen películas malas, los guiones son malos y deleznablemente antiguos -siguen con la Guerra Civil y los maquis-, los directores son deficientes y los actores sobreactuantes, torpes y siempre los mismos. El público ya ha demostrado su hartura con su civilizada huelga de taquilla. Pero esos dispendios no molestan en épocas de bonanza. En situaciones como la que atravesamos, el dinero de las subvenciones a los del cine malo, pueden herir. Y van a herir, porque no parece que vayan a ser canceladas o reducidas con la señora González-Cine al frente del ministerio que no debe existir. Creo que la señora ministra se ha metido en un lío. Está comprometida con los suyos a seguirles pagando las bazofias. De no hacerlo, irán a por ella. De hacerlo, será la ciudadanía la encargada de hablar.

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