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Infecciones hospitalarias: guerra a las bacterias que matan a 6000 españoles cada año

Un programa piloto llevado a cabo en 16 hospitales en tres comunidades autónomas recoge las claves de la reducción de las complicaciones nosocomiales, que en la actualidad afectan a un 7,04% de los pacientes que ingresan, según los últimos datos del estudio Epine

  • Infecciones hospitalarias: guerra a las bacterias que matan a 6.000 españoles cada año
    Infecciones hospitalarias: guerra a las bacterias que matan a 6.000 españoles cada año
Madrid.

Tiempo de lectura 8 min.

23 de noviembre de 2008. 16:53h

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Madrid. 23/11/2008

Cerca de 300.000 personas contraen cada año una infección nosocomial y casi 6.000 fallecen, según se desprende del Estudio de Infecciones Nosocomiales en España (Epine), que elabora cada año la Sociedad Española de Medicina Preventiva, Salud Pública e Higiene (Sempspsh). El coste asociado es de 500 a 700 millones de euros anuales. No son cifras muy alentadoras si uno tiene que pasar por un hospital para aliviar una enfermedad y en vez de ello ve cómo se complica por los microorganismos que allí residen.
Sin embargo, en España se puede presumir de que ya hay un plan, que entrará en vigor en pocos meses, en 2009, que contempla la reducción de estas situaciones. El proyecto ha sido promovido por la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Críticos y Unidades Coronarias (Semicyuc), el Ministerio de Sanidad y la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Las primeras conclusiones se han extraído de un programa piloto en dieciséis hospitales de Andalucía, Cataluña y Castilla y León. Así, durante los tres meses de duración del estudio «se ha logrado una importante reducción de las tasas de infección» , explica Mercedes Palomar, jefa del Servicio de Medicina Intensiva del Hospital Valle de Hebrón (Barcelona).
En el mismo, se ha visto que de 4,9 episodios por 1.000 días de mantenimiento de un catéter venoso, con la puesta en marcha del trabajo basado en la experiencia del doctor Peter Pronovost, del Centro para Innovación en Calidad de la Universidad Johns Hopkins (EE UU), se redujeron a la mitad.
En este momento este problema se ha convertido en una gran preocupación para la comunidad médica, pues constituye un riesgo permanente de la asistencia sanitaria, con una notable repercusión en morbilidad, estancias y costos. Su aparición queda ligada a múltiples factores, muchos de ellos difíciles de controlar, «incremento de la edad de los hospitalizados, aumento de la población susceptible por procesos inmunodepresivos, mayor complejidad de las intervenciones, la continuada aparición de mircroorganismos resistentes a los antibióticos, entre otros aspectos», explica Josep Vaqué, jefe del Servicio de Medicina Preventiva y Epidemiología del Hospital Valle de Hebrón (Barcelona).
Tras llegar a la mayoría de edad, del Epine se pueden sacar ya conclusiones sólidas sobre la evolución de las infecciones hospitalarias desde 1990 hasta hoy. «Pese a que hemos conseguido reducir la incidencia de las mismas de un 8,5 por ciento hasta un 7,04 por ciento -cifra a la que llegará en 2008-, no ha sido un descenso lineal, ya que hace tres años conseguimos la cifra más baja: un 6,5 por ciento. Este ascenso se debe sobre todo a la inmunosenescencia, es decir, que un gran volumen de los pacientes que ingresan son de edad avanzada», subraya Vaqué. Durante este periodo de tiempo también han variado las localizaciones. Antes, la ordenación era muy evidente: urinarias, de herida quirúrgica, respiratorias y bacteriemias. Hoy la situación ha cambiado bastante: «En primer lugar se encuentran las respiratorias, después las urinarias y quirúrgicas, con valores muy cercanos entre las tres, y en cuarta posición las bacteriemias, cuyo porcentaje también ha aumentado de forma significativa», manifiesta Vaqué. Este experto explica que las bacteriemias -infecciones que se contraen a través de los cateterismos- las sufre hasta un 20 por ciento de los que pasan por el hospital, «debido a que a casi todos los que ingresan se les coloca uno». Por otro lado, los problemas respiratorios vienen derivados de los enfermos más delicados que precisan intubación, como menciona Vaqué, «las complicaciones en los pacientes ventilados se presentan en forma de pulmonías derivadas de los microorganismos que se cuelan a través de los tubos». Entre los microorganismos más populares en los hospitales el Staphylocoocus aureus resistente a la meticilina (SARM) alcanzaba ya el año pasado un 48 por ciento. «La SARM y las enterobacterias con Betalactamasa de espectro extendido, incluyendo Escherichia coli y Klebsiella pneumoniae, son ejemplos de microorganismos encontrados en las infecciones asociadas a instituciones de cuidados de salud. Otros relevantes son Acinetobacter baumannii y Pseudomonas aeruginosa. Todos ellos tienen gran capacidad de desarrollar resistencia a los antimicrobianos, bien por mutación o adquisición de genes de resistencia», explica Rafael Cantón, jefe del Servicio de Microbiología del Hospital Ramón y Cajal (Madrid). La limitación de las infecciones asociadas a las instituciones de cuidados de salud, en la mayoría de los casos producidas por bacterias multirresistentes, requiere un abordaje multidisciplinar. Por ello, como señala Cantón, «deben participar todos aquellos colectivos y profesionales que cuidan de los pacientes. En el terreno de los antimicrobianos es esencial una concienciación de las consecuencias derivadas del mal uso y abuso de este grupo de fármacos». La prescripción antibiótica ha aumentado en los centros españoles, tanto para su uso en las infecciones nosocomiales y comunitarias como para finalidad preventiva. En el estudio de 1990 se detectó que recibían antibiótico el 33,8 por ciento de los pacientes, mientras que en 2007 fue del 40,7 por ciento.
El nivel actual de infección nosocomial resulta aceptable en el contexto europeo, aunque todavía hay una serie de factores que no favorecen la disminución de las infecciones y contra los que deberían establecerse programas de actuación. Esto es importante dado que «un retraso de más de una hora en empezar un tratamiento antibiótico adecuado en enfermos graves hospitalarios tienen una mortalidad del 17 por ciento, pero si retrasamos más de seis horas esta cifra llega al 60 por ciento. Por eso es crucial un correcto manejo de estos pacientes con una rápida sospecha e inmediato inicio del tratamiento», expone Marcio Borges Sa, del Servicio de Intensivos del Hospital Son Llatzer (Palma de Mallorca) y coordinador del Grupo de Enfermedades Infecciosas de la Sociedad Española de Medicina Intensiva, Críticos y Unidades Coronarias (Gtei-Semicyuc).

En el quirófano
La tasa de infección quirúrgica asciende a un cuatro por ciento en las operaciones programadas y un 16 por ciento en urgencias. Estas cifras pertenecen a un estudio presentado durante el reciente Congreso Nacional de Cirugía y que, según su autor José Miguel Lera, jefe del Servicio de Cirugía del Hospital de Navarra, «permiten hablar de una tasa global de infecciones de un 7,8 por ciento, ya que siempre las intervenciones rápidas no cuentan con la misma preparación que las citadas».
En el quirófano, hay gran variedad de microorganismos y muchos se encuentran dentro del propio paciente, tal como manifiesta Lera: «muchos de los agentes infecciosos no son patógenos de los quirófanos, sino que proceden de la contaminación de las vísceras propias del paciente». Los enfermos que se someten a cirugías en el colon y el hígado son los más vulnerables, «frente a los intervenidos por una hernia o una operación de mama que corren menos riesgos», expone Lera. En realidad, una infección adquirida en una operación o tras ella no causa la muerte del paciente, «sino que agrava su estado, como en el caso de los enfermos delicados, en UCI o inmunodeprimidos. Aún así, hay que tener en cuenta que los infectados llegan a alcanzar un riesgo de mortalidad que se puede multiplicar por diez». Según el profesor Charles E. Edmiston, del departamento de Cirugía de la Universidad de Winsconsin, «no existe ninguna fórmula mágica que nos ayude a resolver este problema. La solución, por el contrario, pasa por la puesta en marcha de una serie de medidas preventivas que han demostrado buenos resultados». En este sentido, resulta importante que los pacientes reciban la profilaxis antimicrobiana adecuada. Sin embargo, una de las pautas sencillas a emplear en los quirófanos «es el uso de materiales de sutura impregnadas en antisépticos. Varios trabajos han demostrado ya la eficacia de esta medida a la hora de prevenir el riesgo de infección quirúrgica», apunta Edmiston. Así, uno de las investigaciones estudió la prevalencia de infecciones en pacientes sometidos a una intervención cadiotorácica, con y sin sutura antiséptica. «El grupo que no fue intervenido con este material alcanzó una tasa de infección del 6,38 por ciento, mientras los que sí apenas alcanzaron una tasa del cero por ciento, ya que de 103 intervenidos ninguno desarrollo infección», concluye Edmiston.

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