Oporto

La copa de la paz

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Mariehamn (Finlandia)- El viaje de fin de curso del Atlético de Madrid ha servido para que Abel y Miguel Ángel Gil asuman que su destino es entenderse. Con el equipo clasificado para la previa de la Liga de Campeones, el club no encuentra excusas para desprenderse del técnico. Ni manera de explicar su marcha. Y Abel no quiere marcharse.
La necesidad de buscar una solución y el aburrimiento hicieron que el entrenador y el consejero delegado del Atlético se sentaran a hablar delante de una copa en la noche del lunes en el salón de un hotel perdido en una isla perdida del Báltico. Y hablaron. Sin más alternativa de ocio que el torneo de póker organizado por Paf, patrocinador del Atlético y del viaje, en el que arrasó Pablo Ibáñez, o las mesas de black jack, Miguel Ángel Gil y Abel comenzaron el acercamiento para que la renovación se cierre en los próximos días. Nada mejor se podía hacer en una noche de lunes en Mariehamn, la capital de las islas Aland, un archipiélago situado entre Suecia y Finlandia. Mañana se reunirá la comisión ejecutiva del club y antes del final de semana el acuerdo para la continuidad del técnico debería cerrarse.
El tono de la conversación, a la que más tarde se unió el vicepresidente comercial, Antonio Alonso, se hizo más elevado en algún momento. Abel tiene mucho que reprochar al consejero delegado. No se siente respaldado por Miguel Ángel Gil y cree que la renovación no está tan cercana como en el club se encargan de comentar. «La intención es que continúe», aseguran, sin embargo, los dirigentes de la entidad.
Pero las diferencias comienzan por el brazalete de capitán. Maxi Rodríguez, uno de los favoritos del máximo accionista de la entidad, es completamente prescindible para el entrenador, que ya ha tenido algunos problemas con él durante la temporada. Era siempre uno de los primeros cambios y Maxi también está cansado de Abel. Tiró el brazalete cuando lo sustituyó contra el Barcelona, y en el encuentro de vuelta contra el Oporto se retiró lentamente del campo cuando el equipo necesitaba apurar el tiempo para marcar el gol que lo clasificara. Juntos no pueden continuar la próxima temporada, aunque la ventaja del técnico es que este verano es la última oportunidad para que el Atlético obtenga algún beneficio por la venta del capitán, que nunca ha ejercido como tal en el vestuario, porque su nombramiento nace de los dirigentes del club y no de los jugadores.
Maxi no estará la próxima temporada. Abel, sí, aunque hasta que su nuevo contrato no esté firmado, no se sentirá reconocido como el entrenador del Atlético para el próximo curso.
El presidente, Enrique Cerezo, no lo quiere. Y el propietario, Miguel Ángel Gil, tiene dudas, aunque algunas menos de las que cree el preparador rojiblanco.

Borja hace feliz a Bastón
El pequeño estadio de Mariehamm era una feria de la ludopatía antes del encuentro. Se podía apostar en cualquier esquina, o comer y beber. Poco más, porque el tabaco está prohibido en cualquier espacio cerrado en Finlandia, pero el alcohol es otra cosa. El Atlético jugó con algunos suplentes y con Heitinga, Simao y Ujfalusi. Sinama abrió el marcador de penalti y tras el empate de los finlandeses apareció Borja González para marcar el 1-2 definitivo. Sus compañeros le felicitaron y todo el banquillo abrazó a Miguel Bastón, preparador de porteros y padre del goleador.