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Vecinos y asociaciones de Barcelona tildan de fracaso el plan municipal

«La política debe abordar la prostitución»

  • «La política debe abordar  la prostitución»

Tiempo de lectura 2 min.

01 de marzo de 2009. 01:25h

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1/3/2009

barcelona- La puesta en marcha, hace ya tres años, del Plan para el abordaje integral del trabajo sexual no ha servido para mejorar la situación en el barrio del Raval barcelonés sino para todo lo contrario: crear más tensión entre vecinos, autoridades y prostitutas. Los afectados coinciden en el fracaso de la normativa y piden a la Administración tratar el tema desde el pleno municipal. «Las sanciones de la Guardia Urbana no equivalen a un plan social de reiserción, control sanitario y mediación de la prostitución en el barrio», explica el presidente de la Asociación de vecinos del Raval, Josep García. «Se debe tratar a fondo este tema, llevarlo al campo político, reconocerlo y no ser hipócritas», considera García, quien denuncia la fría relación de los vecinos con la concejal del distrito de Ciutat Vella, Itzíar González. Amenazas y acoso «El plan social nunca ha pretendido mejorar la situación de trabajo de las mujeres que trabajan en la prostitución tanto en la vía pública como en pisos cerrados», denuncia la portavoz de la asociación Genera, Clarisa Velocci. «El programa social está dirigido a la recolocación de las que deciden abandonar el oficio pero las que no, están en continuo desamparo», explica Velocci. La normativa, que nació con la denominada ordenanza de civismo del Ayuntamiento de Barcelona en enero de 2006, ha provocado que las mujeres que se dedican a la prostitución se hayan sentido «amenazadas por parte de la Guardia Urbana con insultos, humillaciones, amenazas, persecución y acoso», según las trabajadoras sexuales. «Es un problema gravísimo ya que a las personas que ejercen la prostitución se les está limitando su derecho de circulación. Algunas no pueden pasear ni hacer la compra por el Raval, donde viven», denuncia Velocci. En lo que va de año, la entidad ha presentado 150 alegaciones contra la persecución policial, casi el doble de las que presentadas en 2008. «Seguridad, respeto y libertad» es el reclamo de estas mujeres que quieren vivir y trabajar con tranquilidad es este barrio. «Pedimos que se detenga el acoso policial para poner en marcha un plan social para mediar entre vecinos y prostitutas en la misma calidad de voz y voto», añade Velocci. Y es que con «el acoso policial que no hay plan que aguante», dice la portavoz de la entidad. «Con el control policial se ha empujado la prostitución a otros espacios del barrio como la Rambla del Raval, Sant Rafael, la calle Unió, Montjuïc y el Paral·lel. No se ha solucionado el problema sino lo ha trasladado a 30 metros más abajo», critica el presidente de la asociación de vecinos. Y es que, según García, «la Guardia Urbana actúa con mayor contundencia si hay negocios elitistas allí ubicados». «La prostitución se ha convertido en marginal y marginada. Se hace el acto en la calle y hasta hay vecinos que alquilan sus habitaciones», denuncia García.

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