Misterios de fin de año

La Razón
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Así estamos. Hasta en tiempos de Dickens había más esperanzas. Hoy nos conformamos con los misterios de fin de año, que son, entre otros, si Ramón García se va a poner la capa de Seseña para recitar las campanadas y si el hijo de Borja Thyssen es hijo de su padre.
Para mí todo este centrifugado genético con el chiquirrititín Sacha no deja de tener algo de cuento navideño. Con ese niño que, en vez de nacer en un portal, ha nacido en una mansión con decorados de arte exquisito y artificio hortera. No deja de tener su enigma metafísico, sin saber si lo ha engendrado el padre, el hijo o el espíritu santo. Qué parábola más triste para estos días de paz y amor en tiempos de guerra. Puede que la madre de la criatura, Blanca Cuesta, no tenga ciertamente un aspecto virginal, pero en estos casos, ¿quién puede tirar la primera piedra, o el primer ladrillo de turrón, exigiendo pureza de sangre o fecundación con pedigree? En estas santas pascuas el cuento merece un final feliz y el churumbel un grato porvenir,y que le traigan regalos los Reyes Magos. Y a Borja, una barba sin recorte de tajo que le deja a la vista la papada, cuando lo importante es lo contrario. Algo podían aprender de don Jaime de Marichalar, que sigue demostrando su estilo para el «fashion-walk» con sus hijos camino Soria, tierra de versos de Machado y gordos de lotería.
Otro misterio. ¿Le habrá tocado la lotería al Duque de Lugo? Dejemos que gire la rueda de la fortuna si para cambiar de año no tenemos que pelar las uvas de la ira.