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Patata ecológica un aliado contra la alta ingesta de químicos

La marca Zarabiku lleva más de diez años cultivando tubérculos de forma natural. Hoy producen 160 toneladas, y esperan llegar a las 250

  • La compañía producirá también «chips»
    La compañía producirá también «chips»
Madrid.

Tiempo de lectura 4 min.

08 de mayo de 2009. 13:06h

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Madrid. 8/5/2009

La patata, la sencilla y básica patata, es un manjar y un elemento esencial en nuestra dieta. Precisamente porque es un producto básico forma parte del grupo de los siete alimentos que la ONG norteamericana Environmental Working Group (EWG) recomienda consumir en versión ecológica. Dicho consejo ha sido dado tras realizar 43.000 pruebas de detección de plaguicidas en alimentos durante 2004 y 2005,  y publicar en una guía los productos con más residuos químicos en EE UU.
Para EWG, consumir la versión orgánica de los alimentos que con más frecuencia aparecen en nuestra dieta es suficiente para reducir notablemente la ingesta de elementos nocivos que muchos productos contienen. En el caso de las patatas, ocurre que, siempre según EWG, es uno de los productos en cuya producción más plaguicida se emplean, muchos de los cuales no se eliminan sólo con lavarlas y pelarlas.
En España, el mercado ofrece desde hace años patatas ecológicas de producción nacional. Bajo la marca Zarabiku, los alaveses Juan García de Vicuña y Alfonso Ortiz de Zárate, comercializan las patatas que ellos mismos cultivan en ocho hectáreas, que este año han producido 150 toneladas (no fue un año muy bueno).
Ellos son de los más veteranos en España, y cuando en 1998 empezaron con la agricultura ecológica, «al principio tuvimos bastantes dificultades. Todas. Porque estábamos acostumbrados a la agricultura convencional, con un montón de productos para cada problema. Pero en agricultura ecológica hay sustitutivos para casi todo», explica Alfonso Ortiz de Zárate.

Dificultades

El mayor problema que encontraron fue «controlar las malas hierbas. Cosa que hacemos a base de falsas siembras y de pasar maquinaria para retirarlas», detalla. Las falsas siembras consisten en preparar el terreno, pero no sembrar, sino esperar unos días a que broten las malas hierbas, arar para cortarlas y después sembrar. «Desde luego la agricultura ecológica es más laboriosa y dificultosa que la convencional, que es más cómoda», afirma. Pero ellos tenían la inquietud de que ésta «no iba a llegar a buen fin. Es más cómodo tirar de química. Pero la agricultura ecológica te hace sentir mejor al saber que estás haciendo las cosas bien», asegura. Después de estos años ven cada vez más claro «que es donde está el futuro. Ya hay más hueco de mercado», asegura. Aunque las dificultades continúan. «La producción es menor y mover el producto, el transporte, lo encarece. Nuestra política es la de llegar al mayor número posible de consumidores, y para eso es fundamental conseguir unos precios ajustados», afirma.
De momento, están en fase de aumentar la producción, porque tienen otras 20 hectáreas en reconversión, de las que cinco son para cultivar patatas. Eso quiere decir, que durante varias temporadas, antes del comienzo del cultivo, se eliminan del suelo restos de productos químicos para lograr aumentar la riqueza biológica de las fincas. Con un rendimiento estimado de unas 20 toneladas por hectárea, es previsible que dentro de un par de años su producción se aproxime a las 160 toneladas de patatas. Mientras tanto, se han lanzado a un nuevo proyecto, como es el de producir, con materia prima propia, patatas fritas en su recién inaugurada planta de Tróconiz.
 

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