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qué bello es vivir

Tiempo de lectura 2 min.

22 de febrero de 2009. 03:57h

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22/2/2009

Me ha costado elaborar esta glosa. De un lado estaba la idea habitual. De otro la indignación, el desasosiego, ante las alarmantes noticias que confirman el cinismo con que son tratados en España los temas que conciernen a la vida humana. Sin apagarse los ecos del «dejar de alimentar» (mi cuerpo me pide llamarle asesinato) a Eluana en Italia, estamos ahora en plena ira colectiva sobre el crimen de Marta en Sevilla y las peticiones de condenar de por vida a sus asesinos, y ya conocemos con seguridad cuál va a ser el proyecto de ley sobre el Aborto que se va a presentar en el Congreso y Senado. Después de pensar, escribir y volver a escribir¿ releo los textos de la liturgia y me encuentro: «Dichoso el que cuida del pobre y desvalido¿ el Señor lo sostendrá en el lecho del dolor, calmará los dolores de su enfermedad¿» (Salmo), «No recordéis lo de antaño, no penséis en lo antiguo; mirad que realizo algo nuevo; ya está brotando, ¿no lo notáis?» (Isaías), «Tus pecados quedan perdonados», «Coge tu camilla y echa a andar» (Marcos). Y me tranquilizo; y me vuelven las ganas de orar con fuerza a Dios, de quien todo depende y que me protege y ama; y encuentro nuevas fuerzas para seguir remando contracorriente -con mi palabra y con mis acciones- en esta sociedad anestesiada, adormilada, conformista, que no descubre la «revolución» a la que estamos asistiendo. Y pienso que si aquellos cuatro que llevaban al paralítico rompieron las tejas para presentarlo ante Jesús, porque su fe les hacía no retroceder ante la adversidad, yo no puedo ni debo callar. ¿No nos damos cuenta del cambio cultural al que asistimos? Abortar, era un delito, estaba penado, sólo que su práctica se despenalizaba en determinados supuestos; ahora con la reforma que se pretende aprobar se habla ya de un «derecho». ¿Vamos a hacer lo mismo con los atracos, la corrupción o las leyes de tráfico? ¿Con qué cinismo, o cara dura, podemos prohibir a una joven de 18 años menos un día que compre una bebida alcohólica, y sí le permitiremos a una de 16 que aborte por propia decisión sin -no ya el consentimiento- sino ni siquiera la información a sus padres? Alguien dijo que «si el vientre de la mujer fuera de cristal¿». Y es que el problema es que nos quieren ciegos, sordos, mudos, superficiales¿ ¿Recuerdan ustedes aquello de «pan y circo»? ¿Alguien les dice a esas adolescentes o mujeres la verdad, les hablan del síndrome post-aborto, les ofrecen ayudas acordes con la dignidad de la persona? Y no se trata de condenar, sino de ofrecer a Cristo, «que ha venido a hacer todo nuevo», a «abrir caminos en el desierto, ríos en el yermo». Pero ¿qué es eso nuevo? El perdón sin condiciones, la misericordia creadora, el gozo de una vida resucitada de la muerte. No tengamos miedo de ofrecer nuestro tesoro. *Vicario Episcopal y Capellán de la UCAM

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