Barcelona

Miquel Barceló: «Quiero afirmar la pintura en la Bienal de Venecia»

Tras la polémica cúpula en la ONU de Ginebra, Barceló presenta su obra más reciente en el Pabellón Español de la Bienal de Venecia, que se inaugura el 7 de junio.

Miquel Barceló: «Quiero afirmar la pintura en la Bienal de Venecia»
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Ha pasado uno de los momentos más complicados de su larga trayectoria. Dice que durante los días más ardorosos de la polémica abierta por su cúpula para la ONU en Ginebra «ha oído cosas extrañas». «Yo me refugié en el trabajo».

 

-¿Ya lo ha superado?

 

-Me vi en medio de una trifulca tremenda, sin saber qué pasaba, cuando creo que es una de mis obras más importantes. Claro que lo pasé mal, pero sabía que iba a hacer una gran obra.

 

-De hecho, lo que presentará en la Bienal de Venecia parte del trabajo de la cúpula.

 

-Las pinturas más recientes las he hecho poniendo lienzos en el suelo que fueron pintándose con el goteo de la cúpula. Luego hay obras anteriores y posteriores. Toda la primera sala del Pabellón es sobre el mar, la espuma, las olas y, después, mi obra más africana, donde muestro mi cosmogonía, mi modo de vida en el País de Dogon, al sur de Mali, además de dos grandes simios, que son como autorretratos. Con veinte años me representaba como un perro, un felino, y ahora, con 52, como un simio.

 

-Es curioso que ahora que ha desaparecido la pintura en la Bienal sea lo que usted presenta.

 

-Es que soy un pintor y no voy a llevar una película. Pensamos en llevar «Paso Doble» y pintura, pero no, he decidido presentarme a pelo y en cierto sentido a contracorriente. Ese será mi sino.

 

-¿Es una afirmación de su obra?

 

-En el catálogo que hemos hecho con Enrique Juncosa se recoge un abecedario en el que contamos mi vida, desde África a Zeleste, el bar al que iba cuando vivía en Barcelona. Me parecía que era lo mejor porque los Pabellones en Venecia parecen galerías de arte.Yo he querido mostrar mi mundo, y si alguien quiere coger un libro de Blai Bonet y ponerse a leer, puede hacerlo.

 

-En 1982 estuvo en la Documenta de Kassel y 27 años después en Venecia. ¿Qué va a contar de nuevo?

 

-Quiero contar lo que siempre he hecho, que mi obra está viva. Hay pinturas que sólo tienen una semana. La Bienal me parece un buen lugar, que no sólo debe ser para artistas emergentes. Estados Unidos lleva a Bruce Nauman y hace años mostró a Félix Rodríguez Torres, que ya había muerto. ¡Hay una discriminación de los muertos!

 

-Bueno, usted va a presentar la obra de François Augiéres.

 

-Es una artista que descubrí cuando él ya estaba muerto, un artista de culto con muy pocos seguidores y que me enseñó Paul Bowles. Parece un heterónimo, quizá haya gente que lo crea. Podemos dejar caer la sospecha, como Pessoa.

 

-Cuando inauguró la cúpula de la ONU, los más críticos llegaron a decir que se había convertido en el «artista oficial». ¿Cómo le santaron esas críticas?

 

-Lo que es gracioso es que sé quién ha visto la cúpula. ¡Cuánta gente la ha visto! Muchos menos de los que dicen haberla visto, pero ése es un defecto muy típico. Ahora, el poeta Édouard Glissant va a hacer una lectura de sus poemas y me gustaría realizar una apertura civil para octubre.

 

El Himalaya espera

 

-Sus últimos trabajos públicos, han sido el frontal de la catedral de Palma de Mallorca, «Paso Doble» y la cúpula de Ginebra. ¿Tiene necesidad de hacer trabajos que requieran gran fuerza física?

 

-La verdad es que lo he pensado, pero la semana pasada visité a Tàpies, que tiene 85 años, y sigue pintado unos cuadros buenísimos. Si puedo seguir trabajando así, lo haré antes de dirigir equipos. Pero, además, es que yo tengo una necesidad física de que el cuerpo entre en contacto con la pintura. Viendo a Cézanne, que era un pintor digamos que tranquilo, observas en sus pinturas, aunque sea un pequeño cuadro con manzanas, que todo el cuerpo está implicado. Me gustan Tintoretto y Tiépolo por cómo la manera en que controlan los grandes espacios.

 

-¿Y los nuevos proyectos?

 

-Después de la Bienal me voy al Himalaya... Sí, a caminar.

 

Un mundo particularEn medio de la polémica armada sobre cómo se financió la cúpula de la ONU (a cargo de ayudas para paliar el hambre), se anunció que Miquel Barceló iba a representar al Pabellón Español en la Bienal de Venecia. Fue él quien eligió al comisario, Enrique Juncosa, amigo y director del Museo Irlandés de Arte Monderno de Dublín. Juncosa, que fue subdirector del IVAM, Macba y Reina Sofía, sólo ha aceptado porque era Barceló el elegido, artista al que conoce bien (ambos conservan su origen y complicidad mallorquina) desde sus primeros trabajos. El catálogo no es propiamente el «tocho» habitual, sino un libro creativo, un ejemplo del mundo de Barceló.