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SALVAR EL DOMINGO PALABRA Y VIDA

Tiempo de lectura 4 min.

26 de abril de 2009. 02:20h

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26/4/2009

En el Parlamento Europeo hay una iniciativa en curso con el fin de proteger el domingo como un día de descanso semanal en la legislación de los Estados miembros y comunitaria de la Unión Europea. Se trata de una moción muy importante que considero hay que apoyar. No cabe duda de que la pérdida del domingo como un día festivo y la ampliación de los horarios comerciales y de los días festivos en que podrían abrir los comercios comportaría el aumento de las personas que deberían dedicar aquellas horas y aquellos días al trabajo. Eso haría que disminuyera la dedicación de muchas personas a su familia, especialmente durante las fiestas. También es previsible que en aquellos matrimonios y familias alguno de cuyos miembros trabaje, no siempre coincidirían ni los horarios ni sobre todo los días festivos en que uno u otro deba trabajar. Ello dificultaría el que toda la familia pueda reunirse en algunos momentos del día, especialmente en los días festivos. Esa incidencia negativa sobre la familia tiene mucha importancia y conviene valorarla debidamente a fin de evitar un proceso que pueda llevar a la total liberalización de los horarios comerciales. Porque el matrimonio y la familia son instituciones capitales para el bien de las personas y de la propia sociedad. Es por ello que la Constitución española «garantiza la protección social, económica y jurídica de la familia». La familia necesita de unas determinadas condiciones para formarse y, sobre todo, para estabilizarse en términos positivos. Una de esas condiciones es el tiempo. Los miembros de la familia precisan del tiempo suficiente para convivir y crecer en el amor y la ayuda mutua. Nuestra sociedad conoce muy bien cuál es la importancia que tiene el tiempo para construir la relación interpersonal que da sentido a la familia. El Concilio Vaticano II nos recuerda que «el Creador del mundo estableció la sociedad conyugal como origen y fundamento de la sociedad humana. La familia es, pues, la célula primera y vital de la sociedad». La relación entre los miembros de la familia ha de ser de acogida cordial, de encuentro y de diálogo, de disponibilidad desinteresada, de servicio generoso y de solidaridad fecunda. Por eso la promoción de una auténtica relación, encuentro y comunión de los miembros de la familia deviene un aprendizaje fundamental e insustituible de la vida social. En una sociedad como la nuestra donde se da una creciente tendencia al individualismo y donde muchas personas, especialmente niños y adolescentes, sufren la soledad y la falta de una afectuosa acogida, es preciso potenciar el clima familiar, favoreciendo que los miembros de la familia se puedan encontrar diariamente y puedan celebrar juntos, con alegría y fraternidad, los domingos y los días festivos. El domingo es para todos los ciudadanos un importante día de descanso, de alegría y de solidaridad. Para los cristianos, el domingo es también el día del Señor, el cual está en perfecta armonía con el día del hombre. El beneficio económico y el progreso técnico, frío y no siempre supeditado a un progreso auténtico de la persona humana y del bien común, no nos ha de hacer perder el riquísimo valor del domingo, el cual tiene una larguísima tradición en nuestra cultura y cuyas múltiples manifestaciones han ido creando cultura y dando sentido y alegría a la vida de las personas y de las familias. *Lluís Martínez Sistach Cardenal Arzobispo de Barcelona

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