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Una gala que trajo cola

Por fin la alfombra (verde) de los Goya cumplió con la etiqueta y las actrices atrajeron todos los «flashes».

Tiempo de lectura 4 min.

04 de febrero de 2008. 00:00h

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4/2/2008

MADRID- Las caras largas causadas por la escasa cuota de mercado del cine español se quedaron en casa. Anoche la 22 edición de los Premios Goya ofreció una bocanada de «glamour» en el Palacio de Congresos del Campos de las Naciones, sobre todo para dar la espalda a la eterna crisis que ataca al sector. Para parecer que cada día estamos más cerca de Hollywood, por primera vez en la historia de la gran fiesta española del cine, la Academia ha regalado a los aspirantes a la estatuilla una réplica de la cesta de la consolación de los Oscar repleta de regalos de firmas como Mustang, Mango, Meliá, Bulgari y American Crew, entre otras, una idea de Marcos Campos. Modistos y grandes marcas volvieron a «pelearse» para vestir a las actrices, que un año más pusieron el pabellón por las nubes, mientras caminaban con los zapatos de la Federación Española de Calzado.
Tiempo infame
Horas antes de que comenzara la gala, las puertas estaban tomadas por cientos de curiosos que sufrían una noche infame con lluvia y casi granizo. La alfombra se volvió a teñir de verde embriagada por la publicidad de un «whisky» irlandés. El más esperado de la noche era Javier Bardem; sin embargo, el protagonista de «No es país para viejos», recientemente galardonado con un Globo de Oro y aspirante al Oscar, no se dejó ver ante los «flashes».
La noche pedía traje largo y palabra de honor para ellas y esmoquing negro para ellos. Las voces del público anunciaba la llegada de los primeros invitados. Natalia Verbeke hizo el paseíllo con un Dolce & Gabbana rojo palabra de honor de la mano del torero Miguel Abellán. De los italianos se vistió también Mónica Cruz, que lucía un palabra de honor negro. Le pisaba los tacones Bárbara Goenaga, que optó por un Dior y llegó de la mano del director Gonzalo Suárez. La misma firma eligió una impresionante Najwa Nimri, con un escotadísimo vestido blanco. Una de las más guapas de la noche fue Silvia Abascal, con un Cavalli que tenía una cola de un par de metros y joyones de Vasari. En cola y belleza rivalizaba Elsa Pataky, que lució su recién adquirido «glamour» hollywoodiense con un lucido diseño de Versace. La pareja de Adrien Brody no pudo presumir de novio, pero sí de próximo rodaje: filmará «Giallo», junto a Vincent Gallo, en breve. Tampoco les iba a la zaga Belén Rueda, que aspiraba a ser una de las protagonistas de la noche. La intérprete deslumbró con un modelo rojo pasión firmado por Carolina Herrera que combinó con pendientes y brazalete de Bulgari.
Delfín y el billar
Sus principales compañeras de categoría a la mejor intérprete protagonista posaron juntas, no en vano compartían película: «Siete mesas de billar francés». Blanca Portillo se anticipó a las tendencias y eligió del taller de David Delfín un traje largo de seda que pertenece a la colección que el diseñador presentará el próximo día 12 en la Pasarela Cibeles, y Maribel Verdú, tan radiante como acostumbra, vestía de Alberta Ferreti. Como si fuera compuesta para los Oscar apareció Goya Toledo, que se enfundó un modelo plateado de Elie Saab, con un bolso de Loewe. Los chicos fueron más elegante que otros años. Casi todos optaron por diseñadores extranjeros, salvo excepciones como Fernando Ramallo, que eligió a David Delfín.

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