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Inseguridad en Barcelona: "Cuando alguien me quiera tocar, ya sé cómo defenderme"

LA RAZÓN recorre el centro durante una noche y constata los riesgos que atemorizan a los vecinos

  • Dos agentes de los Mossos d'Esquadra proceden a identificar a un grupo de jóvenes en Barcelona durante la noche
    Dos agentes de los Mossos d'Esquadra proceden a identificar a un grupo de jóvenes en Barcelona durante la noche /

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Barcelona.

Tiempo de lectura 4 min.

25 de agosto de 2019. 10:29h

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Javier Gallego / Albert Martínez .  Barcelona. 25/8/2019

La inseguridad en Barcelona está a pie de calle. Más allá de los datos, que reflejan meridianamente el auge de la criminalidad, los vecinos se han convertido en testigos y víctimas frecuentes de robos y violencia. Entre la desesperación y el miedo, los barceloneses se han visto obligados a convivir repentinamente con la inseguridad, una situación que no tiene perspectivas de mejorar a corto plazo. Durante las últimas semanas, tanto los Mossos d’Esquadra como la Guardia Urbana han reforzado sus dispositivos, pero todavía no parece suficiente ni termina de inspirar confianza entre la población. Sobre todo, de noche, que es cuando la criminalidad campa más a sus anchas y con mayor brutalidad –momento del día en que se han producido la mayoría de los homicidios–.

De hecho, según relatan varios vecinos consultados, el miedo sigue presente y muy extendido entre muchos de ellos. «A mí me viene a buscar mi padre cada día cuando salgo de trabajar», explica una camarera –ronda los 30 años– que trabaja hasta las 3 de la madrugada en un bar en el Carrer del Pi, en el barrio Gótico. No es una costumbre puntual, sino que se ha convertido en algo bastante común, tal y como apuntan diversos vecinos, que muestran su desesperación y reclaman más denuncia y visibilidad. Esta camarera, de hecho, asegura que la inseguridad es algo reciente, desde hace cuatro años. «Antes no tenía ningún tipo de problema de ir sola por la calle. Cuando salía de fiesta, volvía sola, pero ahora no», añade.

La situación de alarma ha empujado a los propios vecinos a organizarse para denunciar los delitos –está el caso de Helpers o Acció Raval–, o incluso a armarse para autoprotegerse. En este sentido, los comerciantes apuntan a un repunte de las ventas de armas de autodefensa –armas blancas u otras como el gas pimienta, también–. Un ejemplo es un vecino de edad avanzada que vive en el carrer d’En Robador, una calle paralela a La Rambla dentro de El Raval, que lleva viviendo 45 años en la misma vivienda y nunca había sentido un grado tan alto de inseguridad. Como víctima de diversos robos durante los últimos meses, y alguno de ellos con violencia, ha decidido armarse y lleva un cuchillo guardado en la bandolera. «Cuando alguien me quiera tocar, ya sé cómo defenderme», explica, desquiciado.

Ciutat Vella se ha convertido en el epicentro del aumento de la delincuencia y se ha convertido también en un distrito irreconocible con el paso de los años. Así lo denuncian varios vecinos consultados, que crecieron y vivieron allí hasta hace cinco y seis años, cuando se marcharon por motivos personales, y ahora han vuelto recientemente y constatan una gran peligrosidad. «Ahora me da miedo ir sola por la calle», asegura, tras haber vivido algún que otro incidente. «Siento que me pueden robar en cualquier momento», añade. El gran riesgo y temor extendido son los robos con violencia, una modalidad que ha crecido un 35 por ciento durante el primer semestre –se han producido 4.207– en comparación con el mismo periodo del año pasado, según los datos de los Mossos d’Esquadra. «Antes se cometían más hurtos, pero ahora no tienen ningún problema en excederse en la violencia para robarte y a plena luz del día», explica el dueño de una heladería próxima a Plaza Universitat.

Pese a que Ciutat Vella concentra una buena parte de la criminalidad, ningún rincón de la ciudad escapa al riesgo. Una chica, en el barrio del Poble Nou, explica que fue rodeada por un grupo de tres chicos jóvenes para robarle. «Ahora es muy frecuente que llegan clientes con problemas de que les hayan robado la cartera», testifica una recepcionista de un hotel en el Eixample. Más allá de los robos, las peleas y la droga están también a la orden del día. «El otro día en esa esquina apuñalaron a uno», explica una vecina de la Barceloneta, otro de los barrios castigados por la delincuencia y la presión turística. Un vecino de Gràcia, que trabaja en un bar desde hace años, no ha notado un aumento de los delitos contra las personas pero sí del consumo de drogas.

Los vecinos también lamentan profundamente la sensación de desprotección e impunidad que reina. En La Rambla, por ejemplo, uno de los principales reclamos turísticos de la ciudad y uno de los lugares más transitados, a las 23 horas está muy poblada de policía, pero cuando pasa la medianoche, apenas quedan agentes pese a que sigue habiendo mucha actividad. «Están ahí más por rutina», se queja una comerciante. Algunos vecinos ponen el grito en el cielo contra los autores de los delitos, ya que consideran que no suelen pagar las consecuencias de sus actos y en muchos casos reinciden. En este sentido, los Mossos d’Esquadra han hecho público recientemente un informe en el que solo el 10 por ciento de los autores de robos violentos pasan por prisión –el resto, pese a ser detenidos, la sortean–.

Entre los turistas, pese al eco que está teniendo la inseguridad de Barcelona internacionalmente, aún no ha calado el temor aunque sí que son conscientes del deterioro de la ciudad. En este sentido, en un hotel gran lujo cerca del Mercat de Santa Caterina se alerta a los visitantes antes de salir a la calle: «Les avisamos de que según qué reloj o qué collares mejor los dejen en la habitación para evitar problemas». «Se está perdiendo todo aquello que habíamos conseguido, se podía pasear por todos los barrios, pero ahora...», zanja un empleado del hotel.

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