Política

Treinta días de protestas en Líbano

Los políticos libaneses intentan designar a Mohamed Safadi como nuevo primer ministro

Vigil for killed anti-government activist Alaa Abou Fakhr in Beirut
NABIL MOUNZEREFE

Hoy se cumplen 30 días de las mayores protestas populares en décadas en Líbano, cuyo objetivo es acabar con la corrupción, las élites políticas y el sectarismo. Un mes después, la situación económica es insostenible: los bancos se han quedado sin dólares, y además permanecen cerrados, de forma indefinida, por la huelga de sus empleados, las reservas de combustible están a punto de acabarse y los hospitales han cerrado hoy porque no pueden importar suministros médicos por falta de fondos para poder pagar a los proveedores.

El primer y principal problema está relacionado con los enormes atrasos en los pagos del sector público hacia hospitales e importadores farmacéuticos. Estamos hablando de una deuda combinada de 14 mil millones de dólares para hospitales y 200 mil millones de dólares para importadores farmacéuticos. Como a los hospitales no se les paga, a su vez retrasa el pago de las facturas a los proveedores de productos farmacéuticos o equipos médicos”, alerta a LA RAZÓN Karim Gebara, presidente de la Unión de Importadores Farmacéuticos del Líbano.

En la misma línea, Suleiman Haroun, presidente del sindicato de Hospitales, expresa su preocupación. “Hasta la fecha, nuestras existencias son suficientes para satisfacer las necesidades durante los próximos dos o tres meses en los hospitales. Pero si no se hace nada, es probable que se implementen restricciones de ventas, dependiendo de quién puede pagar en efectivo y quién no. Los hospitales, cuyos plazos de pago son muy largos, podrían estar entre los primeros en experimentar limitaciones”, advierte.

Como dijo hace unos días el presidente libanés, Michel Aoun, “el país se hunde sólo”.

A marchas forzadas, los partidos políticos intentaron conciliarse anoche para elegir a un nuevo primer ministro y formar nuevo ejecutivo, después de que Líbano se quedara sin gobierno desde hace 14 días, tras la dimisión de Saad Hariri.

El candidato en consenso, que ha recibido el apoyo de todas las fuerzas políticas libanesas, incluido el ala dura de Hizbulá es Mohamed Safadi, que fue ministro de Finanzas, entre otros ministerios, en el anterior gobierno del ex primer ministro Fuad Siniora. Entre 2005 a 2014, Safadi ha ocupado además de la cartera de Finanzas, el cargo de ministro de Economía y Comercio, y de Obras Públicas y Transporte. También ha sido parlamentario por Trípoli desde 2000 a 2018.

Sus señorías quieren formar un gobierno tecno-político, es decir con algunos tecnócratas y los políticos de siempre. Hizbulá seguiría teniendo participación en el nuevo ejecutivo y el yerno del presidente Aoun, Gebran Bassil, mantendría su cargo de ministro de Exteriores. La decisión, como era de esperar, ha sacado de las casillas a los manifestantes que anoche se presentaron en la residencia de Safari en el pudiente barrio de Clemenceau, en Trípoli, para protestar por su nominación.

En declaraciones a los medios, Bassil, como presidente del Movimiento Patriótico Libre (fundado por Aoun) ha anunciado hoy que, lo más probable es que el próximo lunes comiencen las consultas parlamentarias para designar a Safadi como primer ministro.

Con la aprobación el jueves por la noche de su nombramiento por parte de Hizbulá, Amal (el otro partido chií), el movimiento Futuro (de Hariri) hay muchas probabilidades de que sea refrendado por los otros grupos parlamentarios. Sin embargo, para los cientos de miles de manifestantes que han salido a la calle desde el pasado 18 de octubre, para exigir un gobierno tecnócrata, el nombramiento de Safadi, considerado un político de la vieja guardia, no acabará con las manifestaciones.

De momento, está convocada esta tarde una protesta contra su nominación en el puerto deportivo beirutí de Zaitunay Bay, un oasis para la clase alta libanesa, que los manifestantes han ocupado estos días.