Internacional

Los Verdes alemanes giran al centro y ponen rumbo a la Cancillería

Al alza en los sondeos, cierran su congreso con una llamada al votante no ecologista. Se alejan de los extremismos y se ofrecen como alternativa a Angela Merkel

El partido alemán de Los Verdes cerró ayer su congreso con la vista puesta en el Gobierno y convencidos de que entrarán a formar parte del Ejecutivo que salga de las próximas legislativas. Una certeza que avaló el éxito de una convención en la que el dúo de líderes formado por Robert Habeck y Annalena Baerbock fue refrendado por una mayoría aplastante. A Baerbock la ratificó al frente del partido un 97,1% de los 800 delegados que asistieron al congreso, celebrado en la localidad de Bielefeld, mientras que su compañero se alzó con el 90% de los apoyos. Un resultado nunca antes visto en la formación ecologista y que, tras ser considerados los artífices del 20,5% que obtuvo el partido en las pasadas elecciones europeas y de la actual oleada de popularidad, lanza una señal clara hacia el rol que tomarán en el próximo Gobierno, y no necesariamente como socios menores.

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Nada que ver con lo que ocurrió en esa misma ciudad hace ahora veinte años. En ese momento, los delegados se posicionaron en contra del despliegue de las Fuerzas Armadas germanas en Kosovo y los afiliados a este partido fueron tildados de «radicales». «Ahora ya no somos un movimiento cívico, sino una fuerza política que tiene la tarea de crear», aseguró Habeck. No obstante, está por saber quién de los dos será el próximo candidato a la Cancillería. Hasta entonces, Habeck habló sin tapujos del «fin de la era Merkel» y pidió la responsabilidad de determinar los cambios en un tiempo marcado los desafíos globales. «Sé que nuestro partido era antipartidos y que se posicionó en contra del sistema, pero los tiempos han cambiado», sentenció e instó a defender «la república mejor y más libre» que ha conocido Alemania para que no sea «desmantelada por el fascismo».

Los Verdes cabalgan desde hace meses sobre una ola de popularidad que les ha llevado a desbancar en los sondeos a los socialdemócratas del SPD como segunda fuerza y, en sus momentos álgidos, a igualar a los democristianos de Angela Merkel. Las encuestas, sin embargo, demuestran que el apoyo fluctúa cuando clima y medio ambiente se ven desplazados de la agenda mediática por otros temas. Por ello, para afianzar el actual pronóstico del 22% de la intención de voto, el dúo de líderes apuesta por diversificar su discurso y centrarse en propuestas percibidas como realistas.

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Así, destacó en el congreso la cuestión de la vivienda: se aprobaron posturas como el anclaje del derecho al techo en la Constitución, la inversión en vivienda social y la imposición de un tope a la subida de los alquileres como el que prepara la región de Berlín. No obstante, fue rechazada la propuesta de varias agrupaciones locales de introducir sistemas de expropiación de inmuebles vacíos, porque el partido no cercenará «el derecho a la proppiedad, prometió Habeck. Los Verdes se presentaron también como el antídoto contra el auge del autoritarismo y del populismo y, en concreto, contra el avance de los ultraderechistas de Alternativa por Alemania. Así, acusaron a esta formación de no distanciarse de «quienes sueñan con un Estado fascista» y situarse de esta forma en la línea ideológica responsable del asesinato del alcalde Walter Lübcke o del reciente atentado contra la sinagoga de Halle.

En el ámbito económico, Habeck hizo un alegato contra el déficit cero y a favor de un ambicioso programa de inversiones sociales para «servir a la sociedad y las personas». Baerbock, por su parte, marcó como objetivo aunar estado del bienestar y protección del medio ambiente, abogando por regular los mercados, pero advirtiendo al mismo tiempo en contra de los objetivos poco realistas.

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