México, más violencia y desempleo al año de llegar López Obrador

El balance de su primer aniversario dibuja un país con más de 35.000 homicidios y una economía a punto de entrar en recesión

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México cumple un año gobernado por Andrés Manuel López Obrador, el eterno candidato que persiguió la presidencia durante 13 años y llegó a la cumbre del poder político con la promesa de acabar con los excesos de la clase dominante y establecer un nuevo régimen basado en la justicia social. Tras 365 días al frente del país, sus índices de aprobación permanecen altos, entre el 59 y el 72 por ciento según varias encuestas.

El propio López Obrador admitió esta semana que la violencia es su gran asignatura pendiente. Los datos son alarmantes y todo indica que este año se van a superar los 35.964 homicidios registrados en 2018 según fuentes oficiales, la cifra de muertos más elevada desde que hay registros. Las medidas de AMLO, como se le conoce popularmente en México, han sido insuficientes para revertir una tendencia violenta heredada de sexenios anteriores. “No hay una estrategia, solo algunas medidas y programas” dice a La Razón Javier Oliva, experto en seguridad, en referencia a la creación de un nuevo cuerpo, la Guardia Nacional y varios programas sociales para alejar a los jóvenes de la delincuencia. “En los documentos oficiales sobre seguridad pública no hay ninguna mención al fortalecimiento de las policías locales. Sin eso no hay Guardia Nacional que te alcance”, critica el académico, que también señala graves problemas en un sistema penitenciario “en situación calamitosa, controlado al 80% por los reclusos” y en la fragilidad del sistema penal acusatorio que hace difícil que las condenas se hagan efectivas. Además, la violencia del narco ha resurgido con furia en los últimos meses con episodios como la captura fallida de un hijo de Joaquín El Chapo Guzmán en Culiacán y la matanza de nueve mujeres y niños en la sierra de Sonora. Este fin de semana murieron 21 personas en Villa Unión Coahuila por enfrentamientos entre civiles y fuerzas del orden. “Si la inercia se mantiene puede haber un nuevo incremento de homicidios en 2020”, añade Oliva.

Mexican President Andres Manuel Lopez Obrador celebrates the anniversary of his first year in office
Seguidores de AMLO en el primer aniversario de su Gobierno en la Plaza Zócalo en Ciudad de Méjico. REUTERS/Daniel BecerrilDANIEL BECERRILReuters

A falta de una mejora en la inseguridad, el gobierno de la autodenominada Cuarta Transformación tampoco puede agarrarse al despegue de la economía, que cerrará 2019 con crecimiento nulo mientras las tertulias debaten si el país ha entrado ya en recesión técnica. Los únicos valores macroeconómicos que juegan a favor de López Obrador son la inflación, controlada en torno al 3%, el ligero descenso de la tasa de interés y un tipo de cambio estable del peso frente al dólar. “Los otros 30 indicadores presentan una caída abrupta o están en valores negativos”, señala a La Razón José Ignacio Martínez, del Laboratorio de Análisis en Comercio Economía y Negocios de la UNAM, que destaca el aumento del desempleo, la caída del consumo y de la actividad industrial como ejemplos de la delicada situación económica que atraviesa el país.

Los malos números se explican por la fuerte contracción del gasto público en los primeros meses del año con la idea de cambiar las reglas de operación para invertir fondos estatales, ejercer un control más exhaustivo y evitar actos de corrupción. También por la coyuntura internacional y la desconfianza que generó la cancelación del Nuevo Aeropuerto Internacional de México.

El gobierno está tratando ahora de dejar atrás la parálisis liberando fondos que mantenía congelados. El último gesto en esta dirección se produjo esta semana con la presentación del Plan Nacional de Infraestructura en el que el sector público y privado van a invertir 43.000 millones de dólares en los próximos cinco años. Una inyección que debería empujar el crecimiento del PIB 1,7 % en 2020, según la estimación de Martínez Cortés que piensa que el crecimiento podría llegar al 2,1 % “si finalmente se ratifica el tratado de libre comercio con Estados Unidos y Canadá, se consiguen resultados en seguridad pública, fiscal y jurídica y se le da más confianza al empresario”.

Mexican President Andres Manuel Lopez Obrador celebrates the anniversary of his first year in office
Una persona sostiene una pequeña pancarta en la que se lee "Dios bendiga a Méjico, apoyamos la Cuarta Transformación", en la Plaza de Zócalo en Ciudad de Méjico.DANIEL BECERRILReuters

Mientras tanto López Obrador mantiene su popularidad y en este año al frente del país ha robustecido la imagen de político íntegro que se levanta cada día mucho antes del amanecer, viaja en vuelos comerciales, desprecia el lujo y es implacable con cualquier acto de corrupción. Ha conseguido materializar su lema de campaña “por el bien de todos primero los pobres” en un conjunto de programas sociales dirigidos a jóvenes, personas de la tercera edad, discapacitados e indígenas, “grupos sociales que han estado olvidados del discurso y del presupuesto”, según dice a este diario María Ayala, investigadora de Acción Ciudadana Contra la Pobreza. Aunque reconoce como positivo que se ponga el foco en los vulnerables, recuerda que “la política social en sí misma no va a acabar con la pobreza” que sufre más del 50% de la población en México, más de 60 millones de personas. En una medida muy aplaudida, López Obrador elevó el salario mínimo por encima de los 5 dólares diarios, aunque sigue siendo uno de los más bajos de la región y las organizaciones sociales reclaman una subida mayor. “El trabajo ahora mismo no es una puerta para salir de la pobreza en México”, resume Ayala.

A la delicada situación del país hay que sumarle la siempre difícil relación con Estados Unidos y Donald Trump, que ha desencadenado varias crisis a cuenta de los migrantes, las amenazas de imponer aranceles y, la más reciente, el anuncio de declarar organizaciones terroristas a los cárteles mexicanos del narcotráfico. A pesar de todo, este domingo López Obrador regresó al Zócalo de Ciudad de México para exhibir el apoyo de una amplia base que lo convierte en el líder más fuerte de América Latina.