Internacional

El gasoducto Rusia-China, una bofetada estratégica a EE UU

Rusia y China inauguran su primer gasoducto, por el que Gazprom suministrará al gigante asiático 38.000 millones de metros de cúbicos durante 30 años

Rusia y China estrechan sus lazos comerciales con la inauguración hoy del gasoducto “Fuerza de Siberia”, por el que Rusia exportará al vecino país más de un billón de metros cúbicos de gas natural en los próximos 30 años que le reportarán unos 400.000 millones de dólares (363.208 millones de euros). La canalización gasística se produce al amparo del contrato firmado por ambos países en 2014 y ha supuesto una inversión de 55.000 millones de dólares (49.938 millones de euros) a ambos lados de la frontera.

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Según el contrato, la compañía energética rusa Gazprom suministrará anualmente a China 38.000 millones de metros cúbicos de gas natural durante 30 años, volumen que planea comenzar a bombear en 2025. Con estos suministros, Rusia obtendrá una cuota importante en el creciente mercado del gas natural en China, que en 2018 aumentó su consumo de este combustible en un 18%, hasta los 280.000 millones de metros cúbicos.

Con la inauguración del gasoducto, en la que han estado presentes a través de videoconferencia los presidentes de Rusia, Vladimir Putin, y China, Xi Jinping, ambos países se acercan a la meta que se han planteado de elevar para el año 2024 sus intercambios comerciales a 200.000 millones de dólares.

Este contrato se suma a los acuerdos firmados este año entre los dos gigantes en materia de energía, defensa, aviación, agricultura, tecnología y comercio electrónico. Entre los más destacados figura el contrato entre Huawei y compañías de telecomunicaciones rusas para el desarrollo de una red 5G en Rusia. Y Otro entre Alibaba, la mayor empresa de comercio “online” de China, con empresas de distribución rusas.

El reforzamiento de las relaciones entre China y Rusia se produce en un momento de debilitación de las relaciones comerciales entre ambos países con EE UU. Pekín, por un lado, sumida en plena guerra comercial con Whasington y Moscú. Por otro, en medio de acusaciones de injerencia en las elecciones estadounidenses de 2016 y aislada de occidente.

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La inauguración ha sido una escenificación más de la sintonía política y personal de los mandatarios de ambos países y una prueba evidente del poderío económico y comercial del eje chino-ruso, que pretende extenderse a otras zonas del continente asiático como contrapeso a la influencia económica de Estados Unidos en diversas regiones del planeta.