El juicio político como regalo de Navidad

Los demócratas aceleran el calendario del “impeachment” contra Trump

Tras las investigaciones y comparecencias ante el Comité de Inteligencia, presidido por Adam Schiff, y después de que el miércoles entrase en juego el Comité Judicial con las disertaciones de cuatro expertos en Derecho Constitucional, es el momento de decidir las posibles faltas y delitos.

Una vez que estos hayan sido elegidos, y después de que el Comité de Inteligencia presente la próxima semana sus conclusiones ante sus colegas del Judicial, tocará que éste vote. Lo hará sobre la base de las faltas elegidas por la propia Nancy Pelosi, el presidente del Comité Judicial del Congreso, Jerry Nadler y Schiff, que pasarán la pelota a sus colegas del Comité y les pedirán que escriban y fundamenten los cargos y que posteriormente procedan a votarlos.

Entre otros se barajan los relacionados con los abusos de poder, la obstrucción a las indagaciones y citaciones de los comités y el soborno. Sólo entonces, con el pliego de cargos cincelado, estarán en cuestión de transmitirlos al pleno del Congreso, que procederá a decidir o rechazar la apertura oficial del «impeachment».

Algo que no sucederá, como mínimo, antes del 16 de diciembre, y que los demócratas esperan zanjar, como tarde, antes del receso por las vacaciones de Navidad. A partir de ahí, en el caso de que el «impeachment» sea aprobado y de que Donald Trump se convierta en el tercer presidente en la historia de Estados Unidos en arrostrar un juicio político de esta naturaleza, será el turno del Senado.

Con mayoría republicana, la Cámara, que estará presidida por el presidente del Tribunal Supremo, evaluará los documentos y acusaciones presentadas por el Congreso. Será, de hecho, el verdadero juicio. En el plazo de unas semanas los senadores deberán de alcanzar unas conclusiones y votarán.

Para que el «impeachment» salga adelante, para dar luz verde a la caída de Trump, son necesarios dos tercios del voto, a diferencia del Congreso, donde sólo se requiere una mayoría simple. Se trata de un porcentaje inalcanzable para los demócratas.

Salvo revelaciones absolutamente devastadoras en los próximos días. Pero los demócratas esperan que sirva como combustible de la indignación preelectoral, aglutinante del voto descontento y, sobre todo, como baliza indeleble para la historia de las actividades más que discutibles de un presidente y su trato poco delicado, poco escrupuloso, con sus obligaciones constitucionales y con el juramento de no usar el cargo para beneficiarse políticamente.