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Alberto Fernández sella el regreso del peronismo a Argentina

En la ceremonia de la toma de posesión, el nuevo presidente argentino se desentiende de los compromisos con el FMI. «Queremos pagar, pero no tenemos recursos». se justifica

Inauguration of Argentina's President Alberto Fernandez in Buenos Aires
Alberto Fernandez, junto a Cristina Kirchner, durante el acto de investidura en la Cámara de los Diputados FOTO: MARIANA GREIF Reuters

De bajo perfil y alejado durante años de la política activa, Alberto Fernández, asumió ayer la presidencia de Argentina, un regreso inesperado a la Casa Rosada donde durante cinco años se lució como jefe de gabinete de Néstor y de Cristina Kirchner, quien ahora vuelve como vicepresidenta. El presidente Alberto Fernández aseguró nada más recibir la banda en el Congreso que convocará a la «unidad de toda la Argentina, en pos de la construcción de un nuevo contrato ciudadano social que sea fraterno y solidario; fraterno, porque ha llegado la hora de abrazar al diferente, y solidario, porque en esa emergencia social es tiempo de comenzar por los últimos para después llegar a todos».

Alberto Fernádez toma las riendas de un país con riesgo de default –quiebra-, con una deuda de más de 30.000 millones de dólares y apenas 12.000 millones en las reservas. La inflación del 50% se come los salarios y la pobreza llega hasta el 40%. El presidente ya ha anunciado que renegociará la deuda –podría no pagar en dos años-, subirá las pensiones y congelará las tarifas de las energéticas –algunas aumentaron más del 1000%-.

Para nadie es un secreto que enormes diferencias marcan la relación entre el Mauricio Macri y Cristina Kirchner. Con un frío apretón de manos y cara de pocos amigos, la vicepresidenta no cruzó una mirada con el presidente saliente mientras éste sí buscaba su mirada para saludarla. Cuando el ex jefe de Estado ingresó en el Congreso, la cara de la ex presidenta cambió automáticamente y eligió darle la espalda al ahora líder de la oposición. Con Alberto Fernández fue radicalemente distinto. Apenas irrumpió en la Asamblea, Macri saludó con un fuerte abrazo a su sucesor, luego firmó y le pasó la banda presidencial con una sonrisa.

Durante la anterior asunción en 2015, el ex presidente se negó a aceptar en mano el bastón de mando, sospechando que portaba «una macumba» –maldición- de su antecesora. En esta ocasión la vicepresidenta rechazó utilizar el mismo bolígrafo para firmar que el presidente saliente. Anécdotas y supersticiones que quedarán para la historia.

A la toma de mando de Fernández no acudieron muchos mandatarios Lo hicieron el presidente cubano Miguel Díaz Canel, así como los de Paragu.ay, Mario Abdo Benítez; y de Uruguay el entrante Luis Lacalle y el saliente Tabaré Vázquez. No viajó Nicolás Maduro, pese a que supuestamente estaba invitado. La relación no será como en los tiempos kirchneristas. Tampoco llegó el ex presidente brasileño, Lula da Silva, quien se encuentra libre pero procesado por varias causas de corrupción o el ex presidente, Evo Morales, exiliado en México tras huir de su país, acusado de amañar las elecciones. Durante estos días se especuló sobre la posibilidad del desembarco del boliviano a Buenos Aires, como residencia provisional antes de intentar regresar a La Paz, para los nuevos comicios –aunque podría quedar detenido-. Por parte española acudió la presidenta del Senado, Pilar Llop. De Europa todas las delegaciones fueron menores. Finalmente Jair Bolsonaro, que ya mostrado su distanciamiento con Fernández, envió al vicepresidente brasileño, Hamilton Mourao.

De centro izquierda, moderado y pragmático, Fernández ganó la presidencia en fórmula con Cristina Kirchner, un tándem que logró aglutinar a la amplia y heterogénea oposición peronista.

El equilibrio de poder entre Fernández y CFK será delicado. En 2008 había salido de la Casa Rosada dando «un portazo». Al cabo de un año como jefe de gabinete de CKF, renunció, con declaraciones hirientes, en medio del enfrentamiento con los propietarios del campo y de los grandes medios de comunicación.Para algunos académicos, ese episodio aparece ahora como una muestra de independencia ante quienes piensan que puede convertirse en un mero títere de CFK. «Quien debería de gobernar es Alberto pero cada decisión tendrá que contar con la bendición de la dama peronista y su hijo Máximo», en analista Augusto Morelos.

Mientras a las afueras de la Casa Rosada se vivía un ambiente de fiesta, bombos, banderas de Evita, olor a choripán humeando en las parrillas y muchos cánticos de “viva Perón”. En el escenario donde se esperaba que Cristina y Alberto hablasen al caer la noche, varios grupos de folclore y rock amenizaban la jornada. Las arengas de izquierdas resonaban con fuerza.

Una mujer toma mate junto a su hija. “Solo espero que podamos volver a llegar a fin de mes, pero si las cosas no cambian en seis meses nuestra paciencia se agotará” afirma. Es lo que podría durar “la luna de miel” de Alberto con los argentinos que han decidido olvidar la corrupción rampante del antiguo gobierno peronista con tal de volver a tener dinero en los bolsillos. Pero ya lo dijo Alberto: “Milagros no puedo hacer”.