La UE teme un «Singapur» al otro lado del Canal de la Mancha

Inquietud a que Johnson rebaje los estándares y haga competencia desleal tras el Brexit. Bruselas y Londres solo tienen once meses para negociar su futura relación

Dicen que cuando los montañeros llegan a la cima del Everest, la euforia suele ser momentánea. Porque tras una breve celebración, suelen comenzar a preocuparse por la bajada al campamento base que entraña incluso más riesgos que la subida. Hoy los líderes europeos viven el mismo proceso.

Con la mayoría arrolladora lograda, Boris Johnson ejecutará el Brexit el próximo 31 de enero. Llega el momento de encarar la etapa más importante e impredecible: negociar la relación futura. De momento, Bruselas y Londres salen del bucle en el que han estado inmersos en los últimos años.

La victoria del siempre exasperantemente ambiguo Jeremy Corbyn o un Wetsminter sin mayoría necesaria para aprobar el acuerdo -el denominado en Reino Unido Parlamento “colgado”- hubiese constituido un quebradero de cabeza más para un club que está dedicando demasiado tiempo y esfuerzo al divorcio británico mientras el mundo sigue girando a velocidad de vértigo.

“Me siento aliviado por mi país y también me siento aliviado por Reino Unido. Llevamos dos o tres años de bloqueo, que ahora va a resolverse. Lamento profundamente que Reino Unido se marche de la UE, pero es su decisión”, ha asegurado el primer ministro irlandés Leo Varadkar, el país con mayores vínculos con Reino Unido y potencialmente más dañado ante la eventualidad de un Brexit caótico.

Pero el alivio inicial ha dado paso a la incertidumbre y el cierre de filas. “Esperamos tan pronto como sea posible un voto en el Parlamento británico para el acuerdo de retirada”, ha asegurado el presidente del Consejo Charles Michel como primera reacción. Para el político belga “es importante tener la mayor claridad lo antes posible”. Tras felicitar el Johnson por el resultado, los líderes europeos han dedicado la segunda jornada de la cumbre a prepararse para el futuro. El tiempo escasea, ya que el plazo de las negociaciones termina el 30 de diciembre de 2020, apenas 11 meses para sentar los cimientos de la nueva relación entre Londres y Bruselas. Si no hay acuerdo, aparece en el horizonte una nueva posibilidad de Brexit caótico.

Parece casi imposible que se pueda alcanzar un acuerdo con un tiempo tan sumamente escaso, teniendo en cuenta que las negociaciones del acuerdo de Canadá duraron siete años y las de Japón, cinco. Es posible pedir una prórroga de este periodo transitorio de dos años más, pero Londres ha asegurado que no lo hará. Muchos en los pasillos comunitarios creen que es un farol de Boris Johnson, sólo el tiempo lo dirá.

Según fuentes diplomáticas españolas, “es un plazo ajustado, pero la mayoría absoluta le da a Boris Johnson mucha fuerza para tomar decisiones”. ¿Serán los Veintisiete capaces de lidiar con un primer ministro más crecido que nunca? El encargado de las negociaciones en esta nueva etapa seguirá siendo el francés Michel Barnier, que durante estos años se ha granjeado la confianza total de los Veintisiete y que, por cierto, es aficionado a la montaña, tal y como él recuerda una y otra vez en discursos y ruedas de prensa.

Pero no sólo se trata de plazos sino de contenidos. “La relación futura deberá estar basada en el equilibrio de derechos y obligaciones y asegurar un campo de juego nivelado”, según reza en el texto de conclusiones aprobado por los líderes europeos. El bloque comunitario teme que Londres rebaje los estándares regulatorios para crear una especie de Singapur al otro lado del Canal de la Mancha, lo que implique una competencia desleal para atraer inversión extranjera.

Esto perjudicaría al bloque comunitario, que se vería en la tesitura de rebajar también sus normas sociales, medioambientales y de Competencia para no perder el tren. Pero los Veintisete no piensan permitirlo. Si Londres quiere seguir negociando con sus antiguos socios deberá respetar las reglas. La presidenta del Ejecutivo comunitario, Ursula von der Leyen, es la que mejor ha resumido el que parece que va a convertirse en el nuevo grito de guerra de esta etapa: “Cero cuotas, cero tarifas y cero dumping”. El mismo mensaje fue expresado por Emmanuel Macron, “Si necesitamos un acuerdo comercial ambicioso, necesitamos una convergencia normativa ambiciosa”.