Boris Johnson hace historia

El “premier”, tras obtener 365 de los 650 escaños de la Cámara de los Comunes, logra el mayor triunfo conservador desde Thatcher. En dos meses cumplirá su sueño: sacar a Reino Unido de la UE

Los conservadores del primer ministro británico, Boris Johnson, han ganado por mayoría absoluta las elecciones generales celebradas el jueves en el Reino Unido al obtener 365 de los 650 escaños de la Cámara de los Comunes.

Boris Johnson cumplió su sueño. El líder populista de ambición sin límites que soñaba con ser primer ministro desde los años escolares, donde su verborrea le permitía improvisar al mismísimo Shakespeake, ha conseguido la ansiada mayoría absoluta que necesitaba para ejecutar el Brexit para el 31 de enero, llevando al Partido Conservador a un triunfo que no se vivía desde los tiempos de Margaret Thatcher en 1987. La Dama de Hierro, por cierto, adoraba sus crónicas desde Bruselas, donde el excéntrico político estuvo trabajando como corresponsal para el “The Telegraph”.

Aterrizó en el rotativo después de haber sido despedido del “The Times” por inventarse una cita. Posteriormente también fue suspendido durante una época de las filas tories por mentir sobre sus relaciones extramatrimoniales (en Wikipedia llegan a poner entre signos de interrogación el número de hijos que tiene). En definitiva, se puede decir que el inquilino de Downing Street tiene una tormentosa relación con la verdad que ya quedó en evidencia cuando se convirtió en estrella de la campaña del referéndum del Brexit en 2016, cuando abogó por la causa euroescéptica más por impulsar su liderazgo que por convicción.

El "tory tiene una personalidad que despierta tantas filias como fobias. Pero, gracias o a pesar de ella, ha arrasado en los comicios que los británicos celebraron el jueves cuyos resultados no se supieron hasta el viernes.

A falta tan sólo del recuento de los últimos votos, los conservadores han conseguido 365 escaños (+47 respecto a 2017) frente a los 203 (-59) de los laboristas de Jeremy Corbyn, quienes cosecharon los peores resultados en más de 80 años. Y el batacazo fue doblemente doloroso, porque en la recta final de la campaña, las encuestas les llegaron a recortar mucho las distancias con los conservadores vaticinando incluso un Parlamento sin mayorías. Nada más lejos de la realidad.

En estos comicios, donde la participación fue del 67,23% (menor que el 68,7% registrado hace dos años), Johnson no ha logrado porcentualmente muchos más votos de los que obtuvo Theresa May en 2017, cuando fue humillada al perder la mayoría absoluta (43,6% frente al 42,4%). Pero la clave ha estado en la caída sin red de la oposición, tremendamente significativa además en el conocido como “muro rojo”.

De las cerca de 50 circunscripciones que hasta ahora habían sido bastiones laboristas, solo un puñado permanecieron fieles. Otras como Blyth Valley, que habían votado por laboristas desde su creación en 1950, abandonaron a Corbyn al sentirse traicionadas por su ambigüedad respecto a la UE y su promesa de un nuevo referéndum.

En este sentido, el “premier” deberá dirigir ahora un Partido Conservador más que atípico, ya que deberá lidiar con las demandas de los parlamentarios tories que representan a estos distritos con los que su único punto de unión es tan solo la causa euroescéptica y nada tienen que ver con el giro a la derecha que había empezado a ejecutar Johnson desde que se mudó a Downing Street tras las primarias tories del pasado mes de julio.

En cualquier caso, el mayor reto al que el líder populista tendrá ahora que hacer frente es al desafío soberanista, tanto en Escocia como en Irlanda del Norte. Porque si los separatistas de Nicola Sturgeon han conseguido 48 de los 59 escaños reservados a Escocia en Westminster, los partidos nacionalistas católicos de Irlanda del Norte (también opuestos al Brexit) han logrado, por primera vez, más asientos que los unionistas protestantes.

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