Guerra civil en el Partido Laborista

Jeremy Corbyn elude la autocrítica tras lograr los peores resultados en ochenta años y aboga por pilotar su sucesión

A Dennis Skinner, de 87 años, le conocían como «la bestia de Bolsover». Llevaba representado al bastión laborista en Westminster desde 1970. Se trata de un distrito con un pasado industrial del acero y minería fuertemente enfrentado con las políticas de liberalización económica y privatización que han caracterizado a los conservadores desde Margaret Thatcher. Y sin embargo, sus vecinos apostaron en estas elecciones por los «tories». Un hecho completamente insólito.

La caída de «la bestia de Bolsover» se ha convertido en el símbolo del derrumbe en sí de un Partido Laborista que lleva ya una década en la oposición y se encuentra cada vez más perdido. Con tan solo 203 escaños de los 650 de los que estaban en juego, las filas de Jeremy Corbyn cosechan sus peores resultados desde 1935 con la época de Attlee. Tras saborear los mayores triunfos con la Tercera Vía de centro izquierda de Tony Blair, el partido comenzó un viaje hacia los extremos ya en 2010 con la elección de Ed Miliband –el hermano del delfín de Blair, David Miliband– y pegó luego volantazo con la elección de Corbyn que les ha llevado finalmente a estrellarse.

Las nacionalizaciones que proponía el veterano político de 70 años en el manifiesto más radical de los últimos tiempos eran populares entre el electorado. Pero Corbyn nunca despertó confianza. Su anticapitalismo, antisemitismo y su fascinación por los regímenes antiliberales y el pasado revolucionario ha llevado a la formación al fracaso. Por no hablar de su ambiguedad ante el Brexit. El aún líder de la oposición pensó que repitiendo la estrategia de 2017, donde pasó de puntillas por la cuestión comunitaria, centrándose en cuestiones domésticas como el Sistema Nacional de Salud Pública (NHS), podría evitar de nuevo una mayoría absoluta «tory». Pero el plan ya no funcionó.

Al cierre de esta edición, Corbyn había descartado presentar por el momento su dimisión como líder de la formación, al tiempo que denunció que había sufrido «más ataques personales que ningún otro líder nunca». «Fui elegido para liderar el partido y creo que lo responsable es no marcharse», aseguró.

Tras avanzar que seguirá como diputado por la circunscripción de Islington, donde fue reelegido por décima vez, puntualizó que se mantendrá como líder laborista hasta que la ejecutiva del partido elija a su sucesor a comienzos de 2020. «La ejecutiva nacional tendrá que reunirse a corto plazo y será la que tome la decisión, no yo», recalcó. «Lo que espero es que tengamos un periodo en el que haya una discusión en el seno del partido. Será en algún momento de la parte inicial del año», manifestó el veterano político que dijo sentirse «triste» por los resultados electorales. El líder laborista subrayó que hizo «todo lo posible» para liderar a la izquierda británica y desarrollar sus propias políticas, se declaró «orgulloso» del programa electoral presentado por su formación y aseguró que las elecciones han quedado «absorbidas» por el Brexit. No pronunció ningún «mea culpa» por la pérdida de los feudos tradicionales de la izquierda británica. El llamado Muro Rojo del norte de Inglaterra ha sido perforado por los conservadores de Boris Johnson. Una zona obrera que votó masivamente por Leave en el referéndum de 2016 y que tres años después ha apostado por el partido que parece dispuesto a llevar a Reino Unido fuera de la Unión Europea.

El veterano político fue elegido en 2015 por el abrumador apoyo de las bases laboristas, no de las filas donde siempre fue criticado por su postura radical. Un ejemplo de las voces críticas lo puso ayer la diputada Margaret Hodge, que pidió «por favor» a Corbyn desde su cuenta de Twitter que presente ya su dimisión. «Corbyn ha hablado de un periodo de reflexión. Yo he reflexionado. Ha fracasado. Por favor, dimita», escribió.