Las dos caras del poderoso príncipe heredero de la casa Saud

La nueva imagen pública de MBS se vino abajo con el crimen de Khashoggi y contraatacó con una campaña de reformas en Arabia Saudí que no despejó las sospechas

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La imagen pública del príncipe heredero saudí, Mohamed Bin Salman (MBS), se vio empañada por el caso de Khashoggi. Fue señalado como responsable último, pero reaccionó públicamente contra el asesinato del periodista –que calificó de «incidente despreciable y totalmente injustificable»–, y nunca ha reconocido su implicación en el crimen. Primero fue la CIA y después el Senado estadounidense los que concluyeron que el príncipe heredero «habría ordenado» el asesinato. Sin embargo, las acusaciones por la responsabilidad fueron acalladas por el presidente de EE UU, Donald Trump, que zanjó con que cualquier implicación de responsabilidad de MBS era infundada.

Desde el brutal crimen de Khashoggi, el impetuoso monarca a marchas forzadas ha tenido que lavar su imagen para recuperar la «dulce sonrisa» que en su día encandiló a muchos. Mientras el reino era sacudido por el escándalo Khashoggi, MBS comenzó una carrera de velocidad para modernizar el país, uno de los más conservadores del mundo musulmán. Bin Salman, aprovechando el impulso de las nuevas generaciones, promovió el turismo, los eventos deportivos, los conciertos y los negocios extranjeros y levantó las prohibiciones a las mujeres como la de conducir o el tutor masculino para poder viajar al extranjero. Pero también ha abierto el mercado petrolero de Arabia Saudí a nivel internacional con la salida a bolsa de Aramco, la gigantesca compañía saudí más rentable del mundo con unos beneficios que superaron los 100.000 millones de dólares en 2018. El valor total de Aramco se ha estimado en torno a los 2.000 millones de dólares.

Si bien Bin Salman ha sabido utilizar esa influencia para vender una imagen positiva del país y su Gobierno, Arabia Saudí es uno de los países donde menos se respetan los derechos humanos, y tiene un largo historial de torturas, ejecuciones y discriminación, como denuncian Amnistía Internacional o Human Rights Watch.

A MBS se le acusa también de la guerra de Yemen, que ha dejado hasta la fecha 20.000 muertos, millones de desplazados y decenas de miles de niños con desnutrición y cólera. Precisamente, una de las personas que contribuyó a denunciar los ataques de Arabia Saudí en ese país fue Khashoggi. Su muerte fue un ejemplo de la represión contra la libertad de expresión. Su caso es el más famoso, pero en las cárceles saudíes se pudren decenas de mujeres y hombres críticos con la monarquía, cuya voz ha sido silenciada con torturas y encarcelamientos.