Crece la tensión entre EE UU e Irán por el control de Irak

Las milicias chiíes pro iraníes abandonan la protesta en medio de una escalada bélica en Oriente Medio tras 24 horas de asalto a la embajada americana en Bagdad

Protests at the U.S. Embassy in Baghdad
Miembros de las fuerzas de seguridad iraquíes hacen guardia frente a la Embajada de EE UU en Bagdad durante una protesta para condenar los ataques aéreos en bases pertenecientes a Hashd al-ShaabiKHALID AL-MOUSILYReuters

Los seguidores de las milicias chiíes respaldadas por Irán retiraron ayer su cerco a la Embajada de Estados Unidos en Bagdad tras 24 horas de protesta. «Todos los manifestantes se han retirado, las carpas se han desmantelado y las Fuerzas de Seguridad iraquíes han asegurado completamente el perímetro de la Embajada», informó ayer el Ejército iraquí en un comunicado. Horas antes la milicia chií Fuerzas de Movilización Popular (PMF, en sus siglas en inglés) pedía a sus seguidores que se disolvieran porque el «mensaje de la protesta ya ha sido escuchado».

Washington, por su parte, confirmó que todos sus diplomáticos estaban a salvo, pero anunció el envío de 750 tropas adicionales a la zona que se establecerían inicialmente en Kuwait para hacer frente a la escalada bélica en la región. Según funcionarios estadounidenses, hasta 4.000 soldados podrían movilizarse en Oriente Medio para dar su apoyo a los 5.000 militares que ya están establecidos en Irak, en el caso de que fuese necesario.

La Embajada de EE UU en Bagdad también comunicó que todas las operaciones consulares públicas serían suspendidas hasta que la situación se normalizase. Los disturbios frente a la legación estadounidense se iniciaron el martes como respuesta a los ataques aéreos lanzados por EE UU contra las bases de la milicia respaldada por Irán, Kataib Hezbola, en Irak y en Siria. Los bombardeos se ordenaron en represalia por los misiles lanzados la semana pasada contra una base militar estadounidense en el norte de Irak que acabó con la vida de un contratista americano y dejó varios heridos.

El presidente de EE UU, Donald Trump, conversó el martes por teléfono con el primer ministro iraquí, Adel Abdul Mahdi, y exigió que Irak protegiese la Embajada contra lo que calificó un movimiento orquestado por Irán. Amenazó con tomar represalias contra Teherán, aunque luego matizó que no quería ir a la guerra. El líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jamenei, condenó lo que describió como palabras «belicistas» de Washington.

Estas protestas han marcado un nuevo giro en la guerra en la sombra que libran desde hace años Washington y Teherán en todo Oriente Medio. La tensión entre ambas potencias se evidencia especialmente en Irak, un país que ambos frentes trata de mantener bajo su control. La derrota del Estado Islámico en la región ha intensificado este enfrentamiento indirecto. A pesar de la desconfianza mutua, las milicias chiíes respaldadas por Irán y las tropas estadounidenses combatieron juntas durante la guerra contra el Estado Islámico en Irak librada entre 2014 y 2017.

Ambas potencias ayudaron después al Gobierno iraquí en la recuperación del territorio ocupado por los yihadistas. Muchos iraquíes se quejan ahora de que su país se ha convertido en un campo de batalla para una guerra de influencias entre Washington y Teherán, y de que sus líderes están demasiado endeudados con las potencias externas. Las protestas que han sacudido este final de año en Irak muestran en buena parte el malestar colectivo por el dominio norteamericano e iraní. Durante la protesta frente a la Embajada de EE UU, la multitud no ocultaban que su objetivo principal era lograr la expulsión de las tropas estadounidenses, para poner fin a la presencia de Washington en Irak.

Los manifestantes -que ondeaban banderas de la milicia y coreaban «muerte a América»- rompieron el perímetro exterior de la Embajada, pero no consiguieron entrar en el complejo principal. Durante la noche del martes, los manifestantes levantaron tiendas de campaña y acamparon frente a los muros de la Embajada. Ayer por la mañana tenían colchones y equipos de cocina preparados para aguantar la movilización, aunque sus planes cambiaron a media tarde, cuando comenzó la desmovilización. Trump siguió el incidente desde su residencia de Mar Lago con gran preocupación con el fantasma del asalto a la embajada de Bengasi como presión.