La diplomacia europea fracasa en el polvorín libio

Ocho años después de la caída de Gadafi, la UE sigue dividida y dando tumbos en Libia, donde otras potencias hace tiempo que tomaron el timón

Foreign Minister meeting on Lybia and Iran
Josep Borrell, Jean-Yves Le Drian, Heiko Maas, Luigi Di Maio y Dominic Raab en BruselasFRANCISCO SECO / POOLEFE

Italia lleva desde hace años intentando retomar la iniciativa diplomática que perdió en Libia tras el derrocamiento de Gadafi, pero todos sus intentos caen en saco roto. El último se ha producido de la mano del ministro de Exteriores transalpino, Luigi Di Maio, también líder del Movimiento 5 Estrellas, quien ha impulsado un grupo de diálogo de la Unión Europea en Trípoli. Sin embargo, la nueva ofensiva protagonizada por el mariscal rebelde libiio Jalifa Hafter ha devuelto la disputa al plano bélico y ha hecho saltar por los aires cualquier iniciativa de paz. En realidad, la estrategia diplomática de la UE lleva fracasando desde que en 2016 Bernardino León abandonara su cargo de enviado especial de la ONU para Libia.

En un gesto para salvar la cara, el ministro de Exteriores italiano logró al menos reunirse ayer en Bruselas con sus homólogos de Reino Unido, Francia y Alemania para abordar este asunto. Di Maio dijo que «la cumbre que se debía celebrar en Libia no se producirá porque las condiciones de seguridad no lo permiten». La noche antes el titular de Exteriores italiano lo había constatado junto al Alto Representante de la UE, Josep Borrell, en una cena en Roma. El pasado sábado el mariscal Hafter bombardeó una escuela militar en Trípoli y el lunes anunció que sus tropas habían tomado el importante enclave de Sirte, controlado hasta ahora por el Gobierno de Trípoli, reconocido por la ONU. En estos momentos, uno y otro bando se disputan la ciudad, clave por su posición geográfica y sus reservas de petróleo.

Pero mientras continúan los combates, en una guerra multilateral como la libia las decisiones clave se juegan en otros escenarios. No en el europeo, como hubiera querido Italia. El comunicado oficial de ayer de la UE señala que «la continuación de las interferencias externas está alimentando la crisis». Si bien, los actores fundamentales son ahora Turquía y Rusia. Ankara apoya al Gobierno de Trípoli y en los últimos días ha anunciado oficialmente el envío de tropas al terreno; mientras que sin la colaboración de Moscú hubiera sido imposible que Hafter avanzara de nuevo posiciones. Recep Tayyip Erdogan y Vladimir Putin se disputan su influencia en territorio ajeno, mientras este miércoles se reúnen en Estambul. El motivo del encuentro es la inauguración de un gasoducto que transportará combustible ruso a Turquía por el Mar Negro, aunque en la agenda estará indudablemente el frente libio.

Mientras tanto, también este miércoles los ministros de Exteriores de Francia, Italia, Grecia y Chipre están invitados a El Cairo para seguir avanzando en las negociaciones. Arabia Saudí se apoya en Rusia, Francia, Egipto y los Emiratos Árabes para sostener a Hafter. Aunque no parece que la cumbre de El Cairo vaya a impulsar la iniciativa italiana, que apoya al Gobierno de Trípoli y espera en vano que la Unión Europea se vuelque en su empresa. La posición radicalmente opuesta de Francia y las reticencias del Reino Unido lo impiden. Del lado italiano están Turquía y Catar.

Por tanto, cuando han pasado ocho años desde la caída de Gadafi la UE sigue dividida y dando tumbos en Libia, donde otras potencias hace tiempo que tomaron el timón. El asunto del país norteafricano volverá a la agenda de Bruselas el viernes, pero ahora mismo todos los intentos negociadores llegan demasiado tarde. En las últimas horas tanto el Ejecutivo reconocido por la ONU como las fuerzas rebeldes han comunicado que Sirte está en su poder, aunque desde Trípoli algunas fuentes señalaron, según la agencia Reuters, que se estaban retirando para evitar un «baño de sangre». A mitad de camino entre Bengasi –el bastión del mariscal Hafter– y la capital libia, Sirte es considerada la puerta de entrada hacia Trípoli. Desde allí, las tropas rebeldes tendrían a tiro a las milicias de Misrata, que sirven de escudo para la capital.

Sirte es la cuna de Gadafi y tiempo después de que abatieran al dictador cayó en manos de grupos afiliados al Estado Islámico. Si hasta ahora ha estado controlada por el Gobierno reconocido fue porque países como Estados Unidos pusieron mayor empeño para arrebatarles este feudo a los yihadistas. Hafter se lanzó a la conquista del país en abril del año pasado, aunque su ofensiva se estancó. La toma de Sirte puede ahora desequilibrar la situación de su lado.