Trump anuncia más sanciones económicas contra Irán, pero se aleja de una guerra directa

El presidente de EE UU niega que los ataques iraníes hayan causado bajas americanas y pide que la OTAN se involucre más en la región. “Mientras sea presidente, no tendrán el arma nuclear”

El presidente de EE UU, Donald Trump, en un breve discurso dirigido a la nación, ha insistido en que los ataques iraníes contra dos bases estadounidenses no han provocado ninguna muerte. Niega, por tanto, el “agitprop” del enemigo, que insiste en que la ofensiva habría causado no menos de 80 bajas. «No sufrimos víctimas, todos nuestros soldados están a salvo y solo sufrieron daños mínimos nuestras bases militares».

Antes había abierto su alocución advirtiendo de que la Casa Blanca nunca permitirá que Irán sea capaz de fabricar la bomba atómica. Advirtió del poderío militar estadounidense e insistió en que la eliminación del general Qassim Suleimani, asesinado en un ataque de EE UU con drones, resulta perentorio. «Tenía las manos manchadas de sangre americana e iraní».

En cuanto a la OTAN, comentó que debe implicarse mucho en Oriente Medio, al tiempo que hacía referencia explícita a los países que firmaron el acuerdo nuclear con Irán en 2015: «Debemos trabajar todos juntos hacia un acuerdo con Irán que haga el mundo un lugar más seguro y pacífico». «El mundo civilizado debe mandar un mensaje claro a Irán: su campaña del terror no será tolerada más. Hoy voy a pedir a la OTAN que se involucre más en el proceso de Oriente Medio», añadió.

En suma, al ataque contra las dos bases militares en Irak EE UU responderá con nuevas sanciones económicas al tiempo que su presidente declara sin ambages que está dispuesto a llegar hasta donde sea necesario para coagular el poderío de un país al que acusa de ser el principal responsable de la desestabilización y el terrorismo en la zona. La muerte de Sulemaini, «directamente responsable de algunas de las mayores atrocidades terroristas», es un mensaje claro y contundente.

Durante 2019 EE UU y sus aliados habían soportado ataques contra petroleros y refinerías, agresiones contra emplazamientos militares y hasta el derribo de un dron. Por si fuera poco Trump enfatizó la idea de que los misiles con los que han sido cometidos los ataques habían sido pagados directamente con el dinero «suministrado por la anterior administración».

Que la respuesta sería modulada, moderada, podía presumirse tras el tuit que Trump firmó durante la noche del martes. «¡Todo está bien!», había escrito, «Misiles lanzados desde Irán en dos bases militares ubicadas en Irak. La evaluación de víctimas y daños tiene lugar ahora. ¡Hasta aquí todo bien! ¡Tenemos el ejército más poderoso y bien equipado en cualquier parte del mundo, con diferencia! Haré una declaración mañana por la mañana».

Sus palabras fueron acogidas en Washington con una mezcla de respeto y prevención. Uno de los principales consejeros y aliados del presidente, el senador republicano Lindsey Graham, que apenas horas antes calificó el ataque de declaración de guerra, celebraba la un discurso «medido y firme». Más aún, Trump habría señalado al pueblo de Irán «un camino hacia la paz y la prosperidad», y ciertamente no olvidó mencionar, por ejemplo, el interés común en combatir al Estado Islámico, mientras, al mismo tiempo, identificaba «correctamente cuarenta años de historia de hostilidades iraníes y de desestabilización de la región».

En cuanto al Congreso de EE UU, dominado por los demócratas y presidido por Nancy Pelosi, insiste en pasar una votación a fin de limitar y reglar los poderes del ejecutivo para declarar la guerra a Irán. El empeño, anunciado por la propia Pelosi este mismo domingo con una carta dirigida a los congresistas de su partido, adolece de problemas elementales de timing.

Graham, por si acaso, comentó que el presidente busca acabar con casi medio siglo de dictadura, extirpar su inclinación a financiar el terrorismo y liquidar «el programa de armas nucleares de una vez por todas». «Todos los estadounidenses deben apoyar los esfuerzos del presidente Trump para resolver la amenaza de Irán de manera pacífica», añadió, y es obvio que también pensaba en la oposición, al tiempo que hacía votos para que comprendan «plenamente que la campaña de presión máxima debe continuar con un componente militar creíble».

Cabe recordar que EE UU abandonó el acuerdo internacional, suscrito en 2015, y que en los últimos meses el régimen de los ayatolás respondiera a las sanciones económicas con una serie de ataques contra intereses e instalaciones de EE UU y sus aliados en los países Golfo. La gran diferencia es que el pasado viernes la Casa Blanca, acusada de no responder con suficiente enjundia por críticos como el ex consejero de Seguridad Nacional, John Bolton, eliminó al segundo hombre más poderoso de Irán. De un plumazo.

Con lo que hacía frente, finalmente, a la amenaza denunciada durante tanto tiempo por gente otrora cercana al presidente, como el ex secretario de Defensa, James Mattis, perennemente frustrado porque, en su opinión, occidente no acaba de comprender la magnitud y ambición de los planes cuasi imperialistas de Irán. Que por cierto concitan el amargo rechazo de una buena parte de la sociedad iraquí, incluida la mayoría chiita, que viene manifestándose de forma contundente contra la desestabilizadora presencia de Irán en su país.

El general Qassim Suleimani, comandante de la Fuerza Quds, rama de operaciones exteriores de la Guardia Revolucionaria, había sido uno de los hombres esenciales en el juego expansionista de Irán en Oriente Medio. Suleimani fue asesinado por un misil junto al aeropuerto de Bagdad, junto con Abu Mahdi Muhandis, jefe de las Fuerzas de Movilización Popular de Iraq, a las que se atribuyen muchos de los ataques contra EE.UU en Irak, y que también resultó muerto.

Un ataque al que Irán ha respondido finalmente con el lanzamiento de misiles desde su territorio y con la firma de su ejército, sin resguardarse bajo las faldas de milicias amigas o acudir al subterfugio de encomendar las represalias a paramilitares o terroristas afines. No es la acción devastadora que algunos temían, dada la gran cantidad de opciones de Irán, pero si parece tener en cuenta el instinto de conservación de un régimen que se sabe impotente para declarar una guerra abierta a EE UU y vivir para contarlo.

Trump, que no aceptó preguntas, había rematado su discurso con una declaración que bien puede tomarse como una oferta de paz: «al pueblo y los líderes de Irán, queremos que tenga un futuro de prosperidad nacional y armonía con las naciones del mundo». «Estados Unidos está listo para abrazar la paz con todos los que la buscan», concluyó.

Tras el discurso de Trump a la nación, Suiza, a través de su Ministerio de Asuntos Exteriores, afirmó que EE UU e Irán se han comunicado a través de un canal diplomático facilitado por ellos. Según la CNN, ahora mismo, más que al propio Irán, es a sus aliados, a los que se considera poco fiables y muy capaces de irse a la guerra por su cuenta, aunque sea de guerrillas, más propia del terrorismo que de un conflicto convencional.