Estados Unidos e Irán: ¿Cómo salir de la crisis?

El final de la escalada sería una conferencia internacional sobre el futuro de la región y las condiciones para la reintegración de Teherán en el concierto de las naciones

El actual aumento de la tensión tras la eliminación de Qassem Suleimani está causando gran preocupación en la región, pero también en Europa y más allá. Este general es conocido como el arquitecto de la hegemonía regional de Irán; él era el hombre de los mulás, especialmente el guía supremo iraní.

Todos sabían que fue el general Suleimani quien reforzó militarmente a los hutíes en Yemen. El exceso de armamento de Hezbolá libanés, la fuente logística y militar de Hamas fue una política amparada por él. En África, participó en el apoyo a grupos terroristas en Libia. Suleimani no era ni demócrata, ni un liberador. No era ni Gandhi, ni Martin Luther King, su eliminación no puede conmover a los demócratas, pero suscita pasiones y empuja las tensiones hasta el clímax.

La elección del presidente de eliminar a Suleimani puede ser cuestionable en una democracia. El papel de juzgar este hecho corresponde al Congreso, los medios y la opinión pública. Ahora la escalada de tensión puede conducir a una confrontación global, una guerra total entre Irán y Estados Unidos y los aliados estadounidenses. Esto desestabilizaría a toda la región, a los aliados de Estados Unidos, pero en particular a Irak, que está más fracturado que nunca y cuya existencia está amenazada.

Es aún más desafortunado que en esta región, en Irak, en el Líbano e incluso en Irán, los movimientos democráticos y aconfesionales casi no hayan tenido la posibilidad de expresarse y hayan resistido una represión a menudo feroz. En el contexto actual se vuelven inaudibles, porque prevalecen los reflejos de la llamada identidad nacional. Pero estos movimientos existen dentro de estas sociedades y deben ser apoyados porque son la verdadera esperanza de paz en esta región, que es tan importante para la estabilidad en el mundo.

Pero no se equivoquen, la solución a la crisis actual no es solo evitar la guerra total. Este es un objetivo loable, porque salvaría vidas humanas, evitaría reavivar guerras ancestrales, salvaguardaría un mínimo de estabilidad en la región y el suministro de petróleo de la economía mundial.

Pero este es solo un objetivo mínimo. Porque la política agresiva de mullah de Irán sigue siendo un peligro para la región. Lo que se conoce como el arco chií está diseñado no solo como un área de influencia política, que pesa sobre los destinos de los países en cuestión, sino también como un medio para defender a Irán. Las declaraciones de movimientos afiliados a Teherán ilustran esto perfectamente.

El error en 2015 fue limitar las negociaciones nucleares. Irán ha cumplido con sus compromisos de enriquecimiento de uranio, pero ha utilizado recursos financieros para expandir su influencia y amenazas. El final de la crisis sería una conferencia internacional sobre el futuro de la región y las condiciones para la reintegración de Irán en el concierto de las Naciones. Los europeos, los países aliados, deben ser pragmáticos y ofrecer a Teherán una salida honorable al tiempo que renuncian a su política agresiva. Negar esta apuesta sería asumir riesgos incalculables.