La OTAN desoye la petición de Donald Trump

En pleno 70º aniversario y con la incertidumbre sobre el futuro presidente de EE UU, los aliados extreman la prudencia en medio de las tensiones con Irán

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La Alianza celebró en 2019 su 70º aniversario en plena crisis existencial ante un tablero cada vez más incierto y de alianzas variables, pero también con ganas de reinventarse una vez más y de asumir que los tiempos son otros. Uno de los principales catalizadores de este periodo de reflexión ha sido la entrevista concedida por el presidente francés, Emmanuel Macron, a «The Economist» al considerar que la OTAN está en «muerte cerebral». El último en plantear cambios ha sido el presidente de EE UU, Donald Trump, quien ha pedido esta semana a los aliados, en medio de las tensiones con Irán, un mayor compromiso con Oriente Medio e incluso ha llegado a sugerir que la OTAN se amplíe para dar cabida a estos países dentro de la organización. Este segundo planteamiento no ha recibido respuesta ante lo insólito de la iniciativa y, en cuanto al primero, todo indica que los aliados no están dispuestos a grandes giros. Reina la cautela.

Según ha explicado el secretario general Jens Stoltenberg, la Alianza no incrementará sus tropas en la región aunque seguirá entrenando a las fuerzas locales sobre el terreno y espera poder reanudar su misión en Irak –suspendida tras el ataque iraní por la muerte del general Qasem Suleimani– lo antes posible. Las dos parten han prometido mantener el contacto, parece que la discusión continúa. Esta petición de EE UU coincide en año electoral lo que no hace sino extremar la prudencia. Si en un principio las cancillerías europeas consideraban a Trump un intruso en la Casa Blanca cuyo mandato iba a ser una pesadilla fugaz, las encuestas le vaticinan una holgada reelección en noviembre, por lo que resulta peligroso cualquier desaire gratuito. Los mensajes durante la campaña electoral según también el perfil del oponente demócrata pueden enviar señales contradictorias. «Lo más probable es que Estados Unidos continúe en la senda de la polarización, e inevitablemente esto permeará en la agenda exterior de los candidatos a las elecciones y en la percepción del público. Por tanto, a medida que se acerque el 3 de noviembre, discutiremos cada vez más sobre qué elementos son estructurales en la evolución de la posición de EE UU en el sistema internacional y cuáles dependen de quién ocupe la Casa Blanca», mantiene el «think tank» CIDOB sobre sus predicciones para el año 2020.

Para otros esto no es un motivo para dormirse en los laureles. «La perspectiva de las presidenciales en EE UU en 2020 no debe ser una vez más la excusa para dejar todo pendiente del resultado de esas elecciones, máxime cuando, más allá del carácter imprevisible de algunas decisiones de Trump, las principales doctrinas políticas de EE UU que inciden en la OTAN se diseñaron antes del comienzo de su Administración y muy probablemente perdurarán en mayor o menor medida cualquiera que sea la siguiente Administración», mantiene el diplomático Miguel Aguirre de Cárcer en su artículo elaborado para el Real Instituto Elcano. El diplomático también sostiene que la OTAN, a partir de 2014 tras la anexión de Crimea por parte de Rusia «se mostró claramente mejor preparada y dispuesta, por su experiencia durante los 40 años de Guerra Fría, para hacer frente a los retos y amenazas de Rusia en el flanco oriental europeo que para aportar contribuciones eficaces ante la creciente inestabilidad e inseguridad en los países de Oriente Medio y Norte de África (MENA)». La experiencia del siglo XX frente a al incertidumbre del XXI.

¿Se dará Trump por satisfecho con la respuesta europea a su petición sobre Oriente Medio? ¿Cuáles son los verdaderos planes del presidente de EE UU en año electoral? CIDOB considera que «siguiendo la estela de Siria, Trump quiere retirarse lo antes posible de un país y una guerra que habría costado a las arcas estadounidenses casi un billón de dólares. Los talibanes lo saben e intentarán negociar desde una posición de fuerza». Para Aguirre de Cárcer, una operación precipitada no sólo tendría consecuencias para EE UU sino también para la credibilidad de la Alianza tras 18 años de presencia en el país y la pérdida de vidas humanas. «La OTAN, en especial tras el fiasco político de su operación en Libia en 2011 no puede permitirse haber ganado la guerra pero perder la paz en Afganistán».