Salvini, a la conquista del último bastión «rojo» de Italia: Emilia Romaña

El líder de la Liga se ha volcado en la campaña de una región gobernada por la izquierda desde la II Guerra Mundial, consciente de que podría derribar al Gobierno de Roma y adelantar elecciones

A mediados del año pasado, saltó a la opinión pública un escándalo por la presunta adopción ilegal de varios niños en un pueblo llamado Bibbiano. Muchos italianos supieron entonces de la existencia de esta localidad, de 10.000 habitantes, ubicada en la provincia de Reggio Emilia. Entre los investigados estaba el alcalde del socialdemócrata Partido Democrático (PD), por lo que desde la derecha izaron el estandarte de protectores de las familias y aprovecharon horas y horas de televisión basura para su causa.

Bibbiano tenía una importancia fundamental para el bloque derechista, ya que era el mejor modo de irrumpir en Emilia Romaña, un territorio de tradición comunista que ha estado siempre gobernado por la izquierda. Desde entonces y hasta hoy el líder de la Liga, Matteo Salvini, aspira a conquistar definitivamente a ese antiguo votante comunista y finiquitar inmediatamente después al Gobierno nacional.

Por tanto, las elecciones regionales de hoy pueden tener un efecto casi inmediato sobre el futuro del Ejecutivo formado por el Movimiento 5 Estrellas (M5E) y el PD. Salvini y sus socios ya han insistido en que si consiguen arrebatarle el último «bastión rojo» que le queda al centro izquierda, socialdemócratas y «grillinos» tendrán pocos argumentos para mantener en pie una coalición que tampoco ha demostrado ningún vigor. En sus cuatro meses de existencia se cuentan muchas desavenencias y ninguna ley de calado, más allá de los Presupuestos. En el último mes, todo ha quedado congelado a la espera de lo que suceda en Emilia Romaña.

O, más bien, lo estaba. Porque el primero en mover ficha ha sido el Cinco Estrellas con la dimisión de su líder, Luigi Di Maio. Se prevé que el partido obtenga un resultado absolutamente mínimo, por lo que desde dentro han preferido cortar antes una cabeza que se iba a exigir la próxima semana. Di Maio insistió para que el M5E no se presentara en coalición con el PD en estos comicios regionales y, cuando le recomendaron que directamente era mejor no concurrir, se negó.

Ahora mismo la disputa entre la candidata de la derecha, Lucia Borgonzoni, y el del centro izquierda, Stefano Bonaccini, está en empate técnico. Aunque algunos sondeos internos ofrecen ya ventaja a Borgonzoni, bendecida por Salvini, que partía con desventaja. Los pocos votos que pueda conseguir el M5E podrían resultar cruciales para restarle apoyos al PD y dar la victoria a la derecha.

Ante la debilidad del flanco progresista, lo que se plantea en estos momentos es que el M5E vuelva a virar su rumbo hacia una línea más centrada e institucional y acercarse así al PD. Di Maio, que nunca comulgó con romper la coalición con la Liga, suponía un impedimento para seguir esta estrategia, por lo que la dirección del M5E ha decidido darle el golpe de gracia. Unir fuerzas parece el único modo de seguir adelante, cuando el viento soberanista azota con fuerza. En la coalición de derechas queda poco de moderación con Salvini y la líder del ultraconservador Hermanos de Italia, Giorgia Meloni, a la cabeza.

Si finalmente gana el PD, lo previsible es que la coalición se fortalezca y llegue unida al menos hasta 2022, cuando llegará el momento crucial de elegir a un nuevo presidente de la República. Podrían cambiar algunos miembros del Gabinete, pero siempre con la idea de darle un impulso al Ejecutivo. Pero si gana la derecha, volverán los nubarrones.

Desde el Gobierno insisten en que no pasaría nada, pero lo han repetido tantas veces y de modo tan innecesario que más bien se puede interpretar que temen todo lo contrario. «Romper el Gobierno e ir a elecciones anticipadas no sería automático, porque el PD y el M5E podrían esperar a que algo cambie y la derecha cometa errores, pero realmente tendrían muy complicado su futuro», opina Gianfranco Pasquino, profesor emérito de la Universidad de Bolonia.

Salvini, que en verano ya se quedó con un palmo de narices cuando intentó forzar elecciones anticipadas, sabe que está ante una de las últimas oportunidades para que la legislatura no se alargue. De ahí que lleve un mes prácticamente instalado en Emilia Romaña, recorriendo todos sus pueblos, sus bares y sus pizzerías. Ha visitado todas las fábricas posibles del potente sector agroalimentario de la región. Ha tomado café con los vecinos, se ha hecho fotos con todos ellos y esta semana incluso llamó al telefonillo de un tunecino, al que una señora acusaba de vender droga, preguntándole con nombres y apellidos si era un traficante. En caso de elecciones anticipadas, Salvini sería el gran favorito. Y ante este objetivo, todo vale en su «show».

Mientras tanto, el candidato del PD habla en sus mítines de educación, sanidad pública o del bienestar de la región. Emilia Romaña era la joya del Partido Comunista, pero también una de las zonas más ricas y con menos paro de toda Italia. «La izquierda ha gobernado siempre bien y ha modernizado la región, por lo que no entiendo el descontento de la gente, creo que es algo completamente emocional», sostiene el profesor Pasquino.

De hecho, las siglas del PD aparecen en segundo plano en los actos públicos de su candidato. La única novedad que ha logrado despertar el entusiasmo entre el sector progresista ha sido el movimiento juvenil de las sardinas. El pasado jueves, Salvini eligió Bibbiano como el lugar de mayor simbolismo para ir dando carpetazo a la campaña y las sardinas contraprogramaron con una manifestación en el mismo pueblo. Campesinos y latifundistas ya se enfrentaron aquí en el siglo XX y ahora la batalla ideológica en Italia se sigue jugando en Emilia Romaña.