El éxodo incontenible

El Fondo Monetario Internacional señala en su último informe sobre Venezuela que el éxodo de sus ciudadanos va a incrementarse en los próximos tres años hasta alcanzar los diez millones de emigrantes. Sería un hito en la historia de las migraciones.

Mientras nuestro Gobierno progresista trata de salvar la cara en la crisis venezolana, los súbditos de Nicolás Maduro siguen votando con los pies, hasta protagonizar una de las oleadas migratorias más intensas desde la guerra de Vietnam. Según los datos de ACNUR, más de cuatro millones y medio de venezolanos se han visto obligados a abandonar su país y la misma organización de la ONU calcula que la cifra se duplicará en los próximos tres años, a menos que haya cambios en las condiciones internas, lo que no parece. La previsión está avalada por el FMI y por los estudios demográficos de Venezuela llevados a cabo por distintas universidades. En lo que afecta a España, la OIM (Organización Internacional para las Migraciones) cifraba en 324.000 el número de venezolanos que residían en nuestro país en octubre de 2019, cifra que no coincide con las del INE porque incluye a aquellos ciudadanos que han adquirido la nacionalidad española o ya la tenían con anterioridad por ser descendientes de españoles. El país que más emigrantes ha recibido es Colombia, seguido de Perú, Chile y Estados Unidos. Para el régimen bolivariano de Nicolás Maduro, el del «socialismo del siglo XXI» que vendían Juan Carlos Monedero y demás compañeros, esta salida masiva de sus ciudadanos tiene ventajas indudables. Por un lado, desvitaliza los movimientos opositores, privados de sus mejores apoyos, puesto que la clase media es la que más está emigrando porcentualmente. También, porque las remesas de los emigrantes no sólo supone un ingreso extra de divisas, calculado en cuatro mil millones de euros, sino que alivia la situación de penuria que atraviesan decenas de miles de familias, con lo que se reduce la conflictividad social. Por contra, la dolarización de la economía venezolana es un hecho –un dólar equivalía a finales de año a 69.000 bolívares– y la inflación no deja de crecer. Es decir, quien no tiene un familiar trabajando en el extranjero, o es miembro de los cuadros del régimen, se convierte en candidato a partir.