Emilia Romaña, el laboratorio político de Italia

En este viejo feudo comunista, nacieron el sindicalismo italiano, Mussolini los «grillinos» o las «sardinas». Ahora Salvini aspira a conquistar la región en las elecciones del domingo

Los tres tenores de la derecha italiana (Silvio Berlusconi, Matteo Salvini y Giorgia Meloni) participan en un acto electoral en Rávena (Emilia Romaña)/REUTERS
Los tres tenores de la derecha italiana (Silvio Berlusconi, Matteo Salvini y Giorgia Meloni) participan en un acto electoral en Rávena (Emilia Romaña)/REUTERSFLAVIO LO SCALZOREUTERS

Los kilómetros de campos fértiles que alfombran el paisaje de Emilia Romaña dan testimonio de lo que fue y es la región. A principios del siglo XX, en ellos se organizaron las primeras huelgas campesinas, convocadas por los incipientes sindicatos. Nació así un proletariado agrario, al que se dirigió Benito Mussolini, nacido en la localidad de Predappio, al sur de la región. Sin embargo, el fascismo nunca llegó a controlarla. Intentaron aliarse con los latifundistas del norte de Emilia Romaña para frenar la sublevación, aunque se encontraron con bochornosas derrotas, como en Parma en 1922.

Después, en la Segunda Guerra Mundial, campesinos y partisanos fueron de la mano hasta la derrota de Mussolini, por lo que el poderoso Partido Comunista estampó su sello político en la identidad regional.

Emilia Romaña es la epopeya del siglo XX, el choque de ideologías, el «Novecento» de Bertolucci. Por eso el líder de la Liga, el ultraderechista Matteo Salvini, ambiciona con apoderarse de ella y completar ese giro ideológico del comunismo a su nacionalismo radical. Ya ha ocurrido en otras zonas de Italia, pero ninguna tiene la influencia de Emilia Romaña. La región, en el centro del país, pasó de ser una simple zona agrícola, a una de las más ricas por debajo de los Alpes. Ya en democracia, una reforma agraria permitió que los jornaleros se convirtieran en propietarios. Y para paliar el pequeño tamaño de sus industrias, muchos de ellos se agruparon en cooperativas. Por los campos verdes ahora se pueden ver, además de los cultivos, una gran cantidad de industrias. Gran parte del «Made in Italy» sale de Emilia Romaña. De Ferrrari o Ducati, de la pasta Barilla, del queso parmesano o el jamón de Parma.

El campo se convirtió en polo industrial, mientras que su capital ejerció como el intelecto de un experimento de éxito. En Bolonia presumen de contar con la Universidad más antigua del mundo, fundada en 1088, donde el pensamiento progresista encontró su mejor refugio. «El Partido Comunista organizó un sistema muy fuerte, porque para ellos Emilia Romaña era fundamental. Era el modo de demostrar que también tenían capacidad para administrar bien, mientras en el Gobierno central mandaban los democristianos», sostiene el profesor Gianfranco Pasquino, asociado a la sede de la Universidad Johns Hopkins en Bolonia. El famoso «sorpasso» nunca se produjo a nivel nacional, pero tampoco ocurrió a la inversa en esta región, donde siempre ha mandado la izquierda.

Todo este fermento se tradujo en un activismo político que recorre los famosos soportales llenos de grafitis de la capital emiliana. Entre ellos se camuflan también multitud de centros sociales, edificios generalmente ocupados, en los que se reúnen los jóvenes aspirantes a agitar la coctelera política. En Làbas, uno de los más importantes, Giulio, estudiante de Psicología, sentencia que «la ultraderecha no vivirá nunca fácilmente en Bolonia». «Para nosotros el antifascismo y el antirracismo está en el día a día, por lo que la resistencia contra Salvini surge de modo natural», agrega. La nueva batalla ideológica se juega aquí, como demuestra que de esta ciudad surgieran las sardinas, el movimiento juvenil que se enfrenta a Salvini. En la misma Plaza Mayor en que se reunieron por primera vez, nació también el germen del Movimiento 5 Estrellas (M5E). Entonces era el cómico Beppe Grillo quien profetizaba acabar con las ideologías.

La primera capital de provincia gobernada por el M5E fue Parma, a solo una hora en tren de Bolonia. Pero su alcalde, Federico Pizzarotti, fue investigado por un presunto caso de nepotismo –que nunca llegó a ser probado– y purgado por Grillo. Creó su propio partido y fue reelegido, representando un progresismo reformista del que hoy el M5E está muy lejos. Ahora sigue en sus mítines al candidato del Partido Democrático (PD), Stefano Bonaccini, con quien plantea una alternativa de izquierda basada en la buena gestión.

«Espero que el Movimiento 5 Estrellas, con los resultados que tendrá en Emilia, irá hacia un fin prematuro. No creo que haya un futuro de coalición entre el M5E y el PD, sino que simplemente la izquierda debe abandonar los dogmas del pasado para encontrar un mensaje social», afirma Bonaccini tras terminar un mitin electoral.

Realmente eso no es demasiado difícil en Parma, una ciudad acomodada que cuenta con los recursos para mantener el alto nivel de bienestar que le otorgan las estadísticas. Con más de 35.000 euros de renta per cápita y un 5% de paro, está por encima de la media italiana y europea. Ni siquiera el discurso migratorio de Salvini debería tener aquí demasiado efecto, ya que apenas hay inmigración. Y, sin embargo, las encuestas son muy ajustadas.

La patria de Verdi

El orgullo de Parma es un pasado nobiliario y sus grandes compositores, como Giuseppe Verdi, que hacen de ella una ciudad decimonónica. Tanto que su periódico, «La Gazzetta di Parma», tiene casi 300 años de vida y ha visto pasar por sus páginas mucho más que esas convulsas luchas del siglo XX.

«De algún modo Parma siempre ha sido precursora de lo que ha ocurrido en otros sitios. Fue la primera ciudad roja que perdió el centro izquierda en la región», recuerda su director, Claudio Rinaldi. La derecha ya ganó aquí en las últimas nacionales y europeas, lo que esperan que sirva como trampolín para el último asalto a la joya roja de Italia.