África

Isabel dos Santos: la mujer que saqueó Angola mientras el mundo miraba a otro lado

Una investigación desenmascara a la hija del sanguinario dictador José Eduardo Dos Santos y el imperio que levantó tras apoderarse de las empresas estatales de diamantes y energía

FILE PHOTO: Isabel Dos Santos, daughter of Angola?s former President and Africa's richest woman, sits for a portrait during a Reuters interview in London, Britain
Isabel Dos Santos, hija del ex presidente de Angola, José Eduardo Dos Santos y mujer más rica de África FOTO: Toby Melville Reuters

Cuando Isabel Dos Santos nació en 1973, Angola era un territorio de un imperio portugués en declive. Su padre, José Eduardo Dos Santos, era un guerrillero entre tantos que luchaban para expulsar a los lusos de África, pero a diferencia de sus compañeros, él se había hecho amigo de Agostinho Neto, líder del Movimiento Popular de Liberación de Angola (MPLA). Al retirarse los portugueses en 1975, Neto se autoproclamó presidente, y cuando él murió en 1979, su fiel Dos Santos asumió el cargo y rehusó abandonarlo hasta 2017, cuando se marchó al exilio dorado del que disfruta ahora en España.

Durante los 38 años que ocupó la Presidencia, Dos Santos gobernó con poder absoluto y empleó la fuerza bruta para reprimir a todo quien le incomodaba. A lo largo de los pasados años 80 contó con apoyo militar de la Unión Soviética para diezmar las otras formaciones políticas del país en la larga guerra civil de Angola, y cuando éstas cuestionaron la victoria abrumadora de su partido en las elecciones de 1992, Dos Santos sacó sus tropas y masacró a más de 30.000 militantes de esos partidos rivales.

La violencia estatal continuó hasta su dimisión, hace apenas tres años, y por ese motivo el régimen de Dos Santos era conocido por su pasado sanguinario y autoritario. El presidente era un apestado a nivel internacional pero, curiosamente, su hija Isabel contaba con una reputación inexplicablemente buena. Educada en Reino Unido –primero en la exclusiva Cobham Hall en Kent, y luego en la King’s College de Londres–, Isabel era bella, refinada, y allegadamente brillante, con un aparente don para los negocios.

Tras realizar prácticas en Reino Unido, la joven volvió a Angola a principios de los años noventa y se convirtió en la mano derecha de su padre, quien le puso a cargo de varios proyectos urbanos para limpiar la capital. La joven tardó poco en cansarse de lidiar con esos líos estructurales, y en su lugar decidió dedicarse al mundo del ocio con la apertura del Miami Beach Club, un restaurante-discoteca que tardó poco en convertirse en uno de los establecimientos más populares de la costa subsahariana.

Junto a su esposo –el coleccionista de arte congoleño Sindika Dokolo, con quien se casó en una boda multimillonaria con más de 10.000 invitados en 2002–, Dos Santos comenzó a construir un imperio financiero dentro de Angola –donde pasó a tomar el control estratégico de las empresas estatales de diamantes, energía y telecomunicaciones que su familia utilizaba como fuentes de ingresos personales– y en el exterior, donde llegó a participar en más de 400 negocios. En Portugal lanzó el Banco BIC SA junto al multimillonario luso Américo Amorim –el llamado «rey del corcho»–, y luego se hizo con una tercera parte de la energética Galp. A través de su esposo, que adquirió la joyería suiza De Grisogono, Dos Santos entabló amistades con «celebrities» internacionales como Paris Hilton, las Kardashian, Bella Hadid y Antonio Banderas, quienes asistieron a sus fiestas anuales en el Festival de cine de Cannes.

En 2013, la revista «Forbes» incluyó a Dos Santos en su lista de las personas más ricas del mundo, y la nombra la mujer más rica de África, con una fortuna estimada de 2.000 millones de euros. Nadie pareció cuestionar el origen de la fortuna de la hija del dictador angolano. Por el contrario, cada vez más autoridades políticas y financieras internacionales se pusieron a su disposición para facilitar sus negocios en Europa y América, y la idolatría fue tal que en 2015 la cadena británica BBC la incluyó en la lista de las cien mujeres más inspiradoras del mundo.

El prestigio de Dos Santos no se vio alterado cuando su padre dejó el poder y comenzaron a salir las primeras noticias sobre la corrupción de su familia en Angola. Lejos de verse intimidada por las informaciones, la empresaria afirmó que los suyos lo habían dado todo por el país, y que tal vez ella también lo haría como candidata a las presidenciales.

Solo fue esta semana, al publicarse una investigación explosiva del Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación, que la imagen de Dos Santos se empezó a manchar. Más de 715.000 documentos filtrados demuestran cómo se aprovechó del poder familiar para saquear Angola y desviar millones de euros a sus cuentas personales en Dubái. Los documentos también revelan quiénes fueron los europeos que facilitaron las actividades delictivas de la angoleña: respetados abogados, ministros portugueses, y varios banqueros, entre ellos Nuno Ribeiro da Cunha, el ejecutivo del Banco BIC hallado muerto en Lisboa esta semana. Dos Santos niega todas las acusaciones pero el cerco en torno a su figura se va estrechando.