La historia de un fracaso: Reino Unido se convierte en el primer país que abandona la UE

Tres años y seis meses después del triunfo del Brexit en el referéndum, Reino Unido abandona la UE. Han desfilado tres primeros ministros y dos elecciones. Los británicos se unieron a rastras al proyecto económico europeo en 1973. Veían con angustia ceder a Bruselas parte de su sacrosanta soberanía nacional

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La llegado el momento de que los británicos hablen. Ha llegado el momento de sellar la cuestión europea en la política británica». Aquel esperado discurso que David Cameron pronunció en enero de 2013 en la sede de Bloomberg en Londres fue el comienzo de todo.

Las relaciones con Bruselas siempre habían supuesto una lacra para el inquilino de Downing Street. Sobre todo para los conservadores. De alguna manera, los políticos habían podido capear el temporal. El problema con Cameron es que se había llegado a un callejón sin salida. Por aquel entonces, gobernaba en coalición con los europeístas liberal demócratas de Nick Clegg, pero el ala más euroescéptica de los «tories» le había puesto contra las cuerdas. Estaba el dilema de la zona euro, que tenía que definir las nuevas reglas de juego de la era post crisis. En la calle, el descontento del pueblo no podía llegar a cotas más altas. Hasta el 35% de los británicos quería salir por aquel entonces del bloque.

Pero, por encima de todo, estaba el auge del UKIP. Con su discurso antinmigración y anti UE, un desconocido Nigel Farage iba ganando cada vez más terreno en intención de voto a los conservadores. Así que Cameron no tenía opción. Prometió que si ganaba con mayoría absoluta los siguientes comicios, convocaría el histórico referéndum sobre la permanencia en la UE. Y la mayoría absoluta llegó en 2015. Ya no había vuelta atrás.

En 1975, a los británicos ya se les había planteado si querían ser miembros de la entonces la Comunidad Económica Europea. Oficialmente, Reino Unido se había adherido dos años antes durante el Gobierno conservador de Edward Heath. Pero, durante las campañas electorales que siguieron en 1974, el Partido Laborista prometió que el pueblo debía decidir en las urnas y, al ganar los comicios, Harold Wilson cumplió su promesa. En el plebiscito de 1975, el electorado votó a favor de la unión. Pero los británicos jamás se sintieron europeístas. Se metieron a regañadientes en un proyecto, en un principio económico. Y nunca vieron con buenos ojos que la integración fuera luego más política, con las consecuencias que aquello suponía para su soberanía nacional.

Cuando convocó oficialmente el plebiscito, Cameron estaba valentonado al haber ganado la consulta de independencia escocesa tan solo unos meses antes. Eso sí, se vio obligado a pedir ayuda a la mismísima Isabel II cuando se llegó a pensar que los independentistas podían ganar. El «premier» jugó de nuevo un órdago con el referéndum sobre la UE. Pero, en esta ocasión, las cartas no fueron a su favor.

«Estamos fuera», recalcó el veterano periodista David Dimbleby de la BBC durante el lento recuento de votos aquella noche del 23 de junio de 2016. Sus palabras retumbaron a ambos lados del Canal de la Mancha. Los euroescépticos lograron el 51,9% de los votos frente al 48,1% que apostaron por la permanencia. Con una participación del 72,16%, una ventaja de 1,2 millones de papeletas fue suficiente para que, tras más de cuatro décadas de tortuosa relación, los británicos decidieran abandonar el bloque.

La campaña del brexit ganó el referéndum con mentiras y excedió los límites legales de financiación

Cameron anunció su dimisión. Las filas euroescépticas habían echado ya previamente a Margaret Thatcher del Número 10. Las negociaciones de Maastrich iniciaron el ocaso para John Major. Por lo que el joven primer ministro completaba el tríptico. Tras el Brexit, llegó el «Bregret». Miles de ciudadanos admitieron públicamente que «lamentaban» haber votado por el divorcio.

Y ni el mejor guion de Juego de Tronos pudo competir con lo que sucedió en las filas «tories». Se vivieron tradiciones, ejecuciones políticas y pactos secretos entre enemigos. El popular Boris Johnson moría en la primera escena shakespeariana tras el ataque por la espalda de Michael Gove, ministro de Educación.

La batalla acabó favoreciendo a Theresa May. La entonces ministra del Interior no había destacado especialmente por su carisma, pero acabó convertida en primera ministra. Adelantó de manera voluntaria los comicios para fortalecer su autoridad y liderazgo de cara a las arduas negociaciones de divorcio que tenía por delante con Bruselas. Pero tras una nefasta campaña electoral, los «tories» acabaron perdieron la mayoría absoluta. Aunque May consiguió cerrar un Acuerdo de Retirada con la UE, fracasó hasta en tres ocasiones cuando lo presentó a la Cámara de los Comunes para su ratificación. El Brexit la acabó devorando.

Mientras que Westminster estaba sumergida en su peor crisis institucional, «The Guardian» y «The New York Times» soltaban la bomba desenmascarando la mayor filtración de datos personales de Facebook por parte de Cambridge Analytica. La consultora británica llevaba años influyendo en procesos electorales de todo el mundo. Y sus conductas ilegales fueron claves no solo para el triunfo del Brexit sino también para Donald Trump.

En Reino Unido comenzó una investigación al respecto. Se demostró que la campaña euroescéptica cometió irregularidades, que se rompieron las reglas, que se excedió el límite de la financiación legalmente permitida. Se demostró que Leave EU tenía vínculos estrechos con Rusia y con la campaña de Trump. De hecho, cuando el americano ganó las elecciones presidenciales, Farage se convirtió en el primer político europeo en reunirse con él.

Asimismo, se demostró que Johnson, convertido en el «rock star» de la campaña oficial por la salida del bloque, había mentido. Los 350 millones de libras que Reino Unido mandaba supuestamente a la UE –cifra errónea– jamás llegaron luego al Sistema Nacional de Salud pública.

Pero las mentiras no importaron. Las autoridades decidieron no anular el Brexit y Johnson logró finalmente su ansiado sueño de mudarse al número 10 de Downing Street. Tras sustituir a May como líder «tory», los británicos le dieron el pasado mes de diciembre la mayor victoria conseguida por los conservadores desde tiempos de Thatcher para ejecutar el histórico divorcio. En cualquier caso, para Johnson los desafíos no han hecho más que empezar porque la salida del bloque da ahora impulso a los independentistas escoceses, que ya han planteado un nuevo referéndum de secesión.

Sin embargo, en absoluto se da carpetazo al divorcio. Nada más lejos de la realidad. Durante el llamado período de transición que ahora comienza, Reino Unido seguirá hasta diciembre de 2020 siendo, en la práctica, miembro de la UE, con la libertad de movimiento que eso conlleva. Aunque Johnson ha dejado claro que su Gobierno abogará luego por un sistema migratorio de puntos similar al del australiano que, básicamente, abre las puertas solo a los extranjeros cualificados.

El período de transición en el que Reino Unido quedará aún dentro del mercado único y unión aduanera puede extenderse entre uno y dos años si se notifica antes de julio. En cualquier caso, el «premier» ya se ha comprometido por ley a no ampliarlo más allá de finales de este año. Y es entonces cuando, de nuevo, aparecerá el fantasma de la ruptura caótica porque se antoja realmente complejo negociar en apenas once meses, unas relaciones futuras entre Reino Unido y la UE que, aparte del pacto comercial, deben tratar otras áreas como seguridad o intercambio de estudiantes.

¿Podría Johnson cambiar de parecer y extender de nuevo plazos? No sería la primera vez que incumple sus promesas. Aunque también se baraja la opción de llegar a un acuerdo de mínimos y luego extender las negociaciones por años para encauzar sector por sector. Con el Brexit, la incertidumbre siempre ha durado hasta el final. Y está visto que aún queda divorcio para rato.

PROTAGONISTAS

  • DAVID CAMERON. 2010-2016

Dimitió tras ganar el Brexit en el referéndum que había convocado para frenar la división entre los «tories».

  • THERESA MAY. 2016-2019

Sus esfuerzos por pactar con la UE una salida con acuerdo se vieron frustrados por el Parlamento y su propio partido.

  • BORIS JOHNSON. 2019-

Con su rotunda victoria electoral en diciembre, podrá completar el Brexit por el que hizo campaña en 2016.