Testigo directo: No festejes el Brexit en Irlanda del Norte

El 56% de los norirlandeses votó a favor de permanecer en la UE, sobre todo los jóvenes. Ahora temen que se rompa el frágil equilibrio

Cientos de caminos, vías fluviales e incluso carreteras se entrecruzan entre Irlanda e Irlanda del Norte en sus 500 kilómetros de serpenteante frontera invisible. La única forma de saber a ciencia cierta en cuál de los dos países se encuentra uno es el color de la línea continua de la carretera -amarilla en Irlanda y blanca en Reino Unido- y las señales de tráfico indicadas en kilómetros o millas.

El Acuerdo de Paz del Viernes Santo firmado en 1998 con la mediación de Londres y Dublín eliminó todas las infraestructuras fronterizas construidas durante los treinta años de los “troubles”, la violencia entre católicos y protestantes, que se saldó con la vida de 3.500 personas. Muchas carreteras estaban cortadas, en otras había controles militares. El caso es que la población no podía moverse libremente en esos años de plomo.

Pero todo aquello cambió en las dos últimas décadas. Desde los acuerdos de paz, los ciudadanos de uno y otro lado pueden cruzar la frontera sin pasar por ningún control. La venta de bienes y servicios se realiza con pocas restricciones, dado que ambos permanecían al mercado común europeo y en la unión aduanera, gracias a lo que cual ha podido construir con una exitosa cooperación transregional. Como resultado, cada día 6.456 norirlandeses cruzan al sur para estudiar o trabajar, y 8.295 irlandeses en sentido contrario.

Como pude comprobar en mi viaje en autobús de Dublín a Derry, la segunda ciudad del Ulster con 100.000 habitantes, ahora no existe ningún control para entrar en la provincia británica del Ulster. Pero todo eso podría cambiar de forma dramática por culpa del Brexit, dado que la República de Irlanda se convertirá desde el 1 de febrero en la única frontrea terreste de la UE con Reino Unido.

Tras intensas negociaciones para evitar una “frontera dura” entre las dos Irlandas, Reino Unido y los Veintisiete terminaron pactando una solución de compromiso: establecer la aduana en el mar de Irlanda y que Irlanda del Norte permanezca en la unión aduanera británica y alineada con el mercado interior de la UE exclusivamente en bienes. Sin embargo, esta cuadratura del círculo, el mayor escollo del Acuerdo de Salida, es provisional, puesto que debe ser ratificado cada cuatro años por el Stormont, el Parlamento autónomo norirlandés, y puede cambiar en función del acuerdo comercial que acaben firmando Londres y sus antiguos socios europeos.

Mientras Boris Johnson y el euroéscptico Nigel Farage celebraban este viernes en Londres por todo lo alto la salida del “club” comunitario tras 47 años de acuerdos y desacuerdos, la población de Derry, que en un 80% votó a favor de permanecer en la Unión Europea en el referéndum de 2016, tiene bien poco que festejar. Por el contrario, habitantes de ambos lados de la frontera imaginaria convocaron una vigilia para protestar por una decisión que no comparte la mayoría de la población norirlandesa.

Dicho malestar es visible especialmente entre los jóvenes que no vivieron la violencia sectaria y que han crecido disfrutando de las ventajas del proceso de paz. Éste es el caso de Tara y Conor, estudiantes de 21 años de la Queen’s University de Belfast. De Económicas ella y de Físicas él. Ambos temen ver ahora en las calles lo que solo leían en sus libros de texto o les contaban sus padres y abuelos.

Para Tara, los Acuerdos de Viernes Santo “fueron una solución muy singular, y creo que el proceso de paz que cristalizó dejó un equilibrio adecuado”. Por eso, teme, “cualquier cosa que lo altere, como lo que está viendo ahora, puede marcar un giro de 180 grados”.

Su amigo Conor asiente y confiesa que “si viera infraestructura física allí, me enfadaría, por supuesto”. Aunque descarta la violencia, advierte de que si tras la salida de la UE “la economía se hunde aquí, veremos a muchos jóvenes descontentos. Especialmente en las regiones fronterizas que los Gobiernos han dejado en la cuneta” durante años. “Si no tienen nada que hacer, la noción romántica de luchar por la libertad irlandesa o de luchar por defender el Ulster puede calar fácilmente”, advierte.

Ambos estudiantes hubieran preferido convocar otro referéndum porque la mayoría de británicos votó sin atisbar las consecuencias de salir de la UE. Para Tara y Conor pertenecer a la familia europea significa poder estudiar, viajar y trabajar en otros país de la UE sin trabas y ahora tienen muchas dudas de que puedan, por ejemplo, participar en un Erasmus. Lo peor, comenta Conor, es que “la mayoría de los que votaron ‘leave’ no sufrirán las consecuencias del resultado del referéndum, sino que serán los hijos o nietos quienes lo hagan”.

Este viernes se han producido protestas contra el Brexit en la frontera entre las dos Irlandas, en las que estuvieron presentes líders del Sinn Féin, antiguo brazo político del ya inactivo Ejército Republicano Irlandés (IRA) y principal representante de la comunidad nacionalista católica. Su presidenta, Mary Lou McDonald, insistió en que este divorcio ha unido a las diferentes identidades que conviven en Irlanda del Norte. Según ella, “muchos” norirlandeses que se consideran “británicos” o “unionistas” (protestantes) consideran ahora que la reunificación de Irlanda es “la única y mejor manera” de permanecer en el bloque comunitario.