Putin, Líder Supremo

Una de las propuestas de enmiendas a la Constitución es la de cambiar la denominación del presidente ruso

Putin with Israeli Prime Minister Benjamin Netanyahu
Vladimir Putin en el Kremlin. (Anatoliy Zhdanov/Kommersant) 30/01/2020 ONLY FOR USE IN SPAINAnatoliy Zhdanov Anatoliy Zhdanov

La élite política rusa parece asombrada con las posibilidades abiertas después de que el presidente ruso, Vladimir Putin, llevase a cabo su famosa campaña para reformar la Constitución. Si uno mira lo que se menciona en los nuevos artículos de la Constitución se dará cuenta de que todos ellos conciernen en torno a tres problemas: el primero, prohibir a todos aquellos ciudadanos rusos, que poseen o han poseído en el pasado, la doble nacionalidad o permisos de residencia en el extranjero, aspirar a altos cargos públicos. En segundo lugar, restablecer el predominio de la ley rusa sobre el resto de normas internacionales. Y, por último, otorgar nuevos poderes al presidente a través del derecho a despedir a jueces del Tribunal Supremo y componer así la institución recientemente creada, el Consejo de Estado.

El presidente encargó a un grupo de diputados leales, activistas políticos, estrellas del pop y a atletas a reflexionar sobre posibles enmiendas adicionales, cuyo resultado ha sido un conjunto de propuestas cada una más divertida que la anterior. Entre ellas de repente ha aparecido una iniciativa para conceder a Putin el título de «Líder Supremo», algo que algunos analistas occidentales han aprovechado para bromear acerca del paralelismo entre este nuevo título y el de Kim Jong Il, sin mencionar otras similitudes como por ejemplo con personajes de Star Wars o Diana Ross, conocida por ser la líder de la banda de pop «The Supremes». No tomaría las iniciativas de estas figuras leales a Putin como serias, de todas formas la caracterización realizada por los periodistas de «The Times» parece cuanto menos, desafortunada.

La posición del «Líder Supremo» (Verkhovny Pravitel en ruso), existía ya en el Imperio Ruso antes de que fuese derrotado en 1917. En el siglo XVIII este título era atribuido a un noble que tenía que ejecutar los poderes de regente hasta que el joven emperador cumpliese los 16 años de edad. En este sentido, se puede decir que Putin si acepta el honor, podría convertirse en un «salvoconducto» para la democracia rusa, que en este caso nunca podría considerarse lo suficientemente adulta como para poder llegar a desprenderse de él. Aún así me gustaría recordar que hay otra historia, mucho más famosa, que data de entre 1918 y 1920, años en los que Rusia experimentó su primer conflicto civil de toda su historia.

Después de la Asamblea Constituyente, un proto parlamento elegido democráticamente por votación popular a finales de 1917, fue disuelto por los bolcheviques después de su primera y única sesión. Una parte de sus diputados, reunidos en los Urales y en Siberia tratando de elegir un Gobierno capaz de liderar a las fuerzas conservadoras contra las revolucionarias. Después de dramáticos esfuerzos a finales de 1918, el líder del Ejército Blanco, Alexander Kolchak, un héroe de la Primera Guerra Mundial y famoso explorador del Ártico, se hizo cargo del resto de facciones y fue declarado como Líder Supremo de Rusia y Comandante en jefe de la resistencia anti bolchevique al completo. Kolchak fue un talento militar y estratégico y teniendo su capital en la antigua ciudad siberiana de Omsk, avanzó casi 1.500 kilómetros al oeste, llevando al régimen comunista al borde del colapso a mediados de 1919. Sin embargo, más adelante las suertes cambiaron, y para finales de ese año los bolcheviques conquistaron Omsk y limpiaron Siberia de enemigos. A pesar de ser derrotado, Kolchak fue tan respetado que ninguno de los comandantes del Ejército Blanco decidió sucederle y, durante la era soviética, la mansión en Omsk que sirvió como su cuartel general, se mantuvo intacta.

Por otro lado, como todo el mundo sabe, Putin trata de presentarse asimismo como alguien que da mucha importancia a la historia rusa y su preservación, así que nadie se creerá que no es consciente de quién fue conocido como el único Líder Supremo de Rusia. En definitiva, será un desafío para Putin, ya que se considera como un miembro de KGB, un servicio de seguridad secreto establecido por los bolcheviques para acabar con los contrarrevolucionarios durante los primeros años del régimen comunista. A pesar de esto diría que tales paradojas en la Rusia actual, donde los símbolos imperiales y comunistas coexisten, son bastante familiares.

Por supuesto, nadie sabe cómo de serias son las personas que tratan de reescribir la Constitución y cómo valorará Putin sus labores. Pero si el actual presidente restablece el título de Líder Supremo, me parecerá que no hay mejor momento para realizarlo que ahora, porque el próximo 7 de febrero, algunas personas conmemorarán el centenario de aquella mañana temprano cuando el anterior Líder Supremo, capturado a primeras horas de la mañana por las Fuerzas Rojas, fue escoltado fuera del viejo monasterio ortodoxo de Irkutsk, ejecutado por un escuadrón de bomberos y arrojado al río Angara cubierto de hielo. No me gusta mucho el presidente Putin, pero le deseo que no repita el mismo camino terrenal que el Líder Supremo de Rusia aunque decida heredar tan famoso título...