Brexit: del divorcio político al divorcio económico

Los Veintisiete aspiran a cero cuotas y cero aranceles. Barnier presenta mañana las líneas de la negociación para cerrar un acuerdo que evite una salida desordenada

European flag removal from the European Council
La Union Jack deja de permanecer junto al resto de banderas de los Veintisiete. EFE/EPA/OLIVIER HOSLETOLIVIER HOSLET / POOLEFE

El negociador jefe de los Veintisiete, Michel Barnier, es un hombre de montaña. Sabe que cuando se alcanza una cumbre, a veces la bajada puede ser más peligrosa e incierta que el ascenso. A pesar del cierto alivio por haber conseguido consumar el divorcio y haber evitado un Brexit caótico, en Bruselas todo el mundo es consciente de que ahora comienza la etapa más difícil: 11 escasísimos meses para negociar una nueva relación con Reino unido y evitar un Singapur – un paraíso fiscal libre de regulaciones- al otro lado del Canal de la Mancha. “A pesar de tener tan poco tiempo, queremos un acuerdo lo más ambicioso posible. No podemos inventar nada, pero queremos ir más lejos de lo que hemos ido con otros países”, señalan fuentes diplomáticas. Este lunes Barnier presentará las guías maestras de los Veintisiete en las negociaciones Reino Unido, que comenzarán a finales de este mes.

Hay consenso entre las capitales para que el nuevo acuerdo incluya no sólo el libre intercambio de bienes sino también los servicios. Este último capítulo interesa especialmente a España debido al peso del sector turístico y también será una de las principales batallas de Reino Unido que quiere seguir conservando el acceso al mercado europeo de la todopoderosa City Británica, uno de los puntales de la economía.

El propósito es que Londres y los Veintisiete puedan seguir manteniendo a cero las cuotas y los aranceles en sus intercambios comerciales, pero sin la pertenencia al mercado interior ya que esto obligaría también a Reino Unido a aceptar la libre circulación de los ciudadanos. Esto implica la puesta en marcha de los controles fronterizos y la posibilidad de cerrar las puertas del mercado comunitario si su produce la divergencia regulatoria en ámbitos tan sensibles como , por ejemplo, la normas sanitarias. “Cuanto mayor divergencia, menor acceso al mercado”, advirtió el pasado viernes Charles Michel.

Fuentes diplomáticas reconocen que este último capítulo, el de la divergencia regulatoria, “contiene numerosas aristas” pero debe ser abordado en la primera etapa de las negociaciones y no puede postergarse a un fase posterior. En consecuencia, la tercera condición del acuerdo será el “cero dumping” que incluirá cuatro aspectos: las ayudas de Estado ( subvenciones públicas que suponen competencia desleal) , fiscalidad, normas laborales y medio ambiente. Este último aspecto es de máxima importancia en el momento actual, ya que los Veintisiete han hecho de la lucha contra el cambio climático una de sus señas de identidad. El ejecutivo comunitario incluso está preparando una tasa al carbono para imponer aranceles a terceros países cuyos productos no cumplan estos estándares medioambientales, como modo de proteger la industria europea.

¿Es posible un acuerdo tan sensible y complejo en tan sólo 11 meses?

Antes del 1 de julio, las dos partes deben consensuar una posible prórroga de las negociaciones de uno o dos años. Reino Unido se niega a solicitar esta extensión, lo que supone una nueva amenaza de Brexit caótico el próximo 31 de diciembre de 2020. A pesar de este tono chantajista, en los pasillos europeos confían en que el primer ministro vaya de farol y el archiconocido pragmatismo británico acabe imponiéndose.

Zsolt Darvas, investigador del think tank Bruegel , considera que es posible alcanzar un acuerdo, en tan sólo 11 once meses, si éste sólo incluye el intercambio de bienes comerciales con cero aranceles y cero cuotas, pero se muestra “más pesimista” en todo lo relativo a la regulación financiera y el sector servicios. “Si la autoridad financiera británica no realiza una supervisión suficiente esto podría suponer que, por ejemplo, los jubilados europeos queden en bancarrota si tienen suscritos planes de pensiones ligados a entidades financieras británicas, sería muy grave”, explica a la Razón.

Como otra gran punto de fricción, los europeos quieren un acuerdo de pesca específico por el que Reino Unido siga permitiendo el acceso a sus aguas a los pescadores comunitarios. España considera que ésta es una condición sine qua non para cualquier acuerdo. Londres se resiste, pero el propio comisario de Comercio, Phil Hogan considera que Reino Unido acabará cediendo a cambio de mantener el acceso al mercado de servicios europeo. Los Veintisiete y Reino Unido también deberán firmar acuerdo de Defensa, Seguridad Interior y Exterior.

Cuanto más complejo y ambicioso sea el acuerdo final, la posterior ratificación puede también ser más complicada. Si el pacto no sólo incluye el intercambio de bienes deberá ser clasificado como un acuerdo mixto, lo que implica que en algunos países sea necesaria la luz verde de los parlamentos regionales Como ejemplo, las dificultades cuando la región de Walonia (Bélgica) bloqueó el acuerdo de libre comercio con Canadá (CETA).