Naufragio demócrata en Iowa: Buttigieg da la sorpresa

Sanders en segunda posición y pinchazo de Biden en los «caucus» demócratas. Un fallo informático retrasa 24 horas la publicación de los resultados

Pete Buttigieg da la sorpresa en Iowa y destroza los pronósticos. Hasta en dos ocasiones lo había avisado el ex alcalde de South Bend (Indiana), que los sondeos eran favorables y que creía que iba a salir triunfador indiscutible. Pero una cosa era escuchar al candidato y otra contemplar al fin los números. Con el 62% escrutado, Buttigieg lideraba con el 26,9%, frente al 25,1% de Bernie Sanders, el 18,3% de Elizabeth Warren y el 15,6% de Joe Biden.

Horas antes de que el Comité Demócrata estatal certificara que iba en cabeza, ya explicó que «hemos llegado con ímpetu y hemos llegado victoriosos». Lo dijo mientras en su campaña repetían que a medida que lleguen nuevos datos su ventaja podría ampliarse, puesto que en teoría siempre avanza más despacio la cuenta en las zonas rurales, donde Buttigieg tendría su mejor granero. Uno en el que habría barrido a Biden como comodín de los moderados y paradigma de un cambio tranquilo frente a los apoderados y emisarios de la revolución con sede en los campus.

Con los primeros números el Partido Demócrata podía empezar a respirar después de casi 24 horas de puro caos, estupor en Washington, regocijo en la Casa Blanca y pánico general entre los votantes enemistados con Donald Trump. Porque durante casi un día completo nadie supo quién había ganado. Todo esto mientras volaban las sospechas, las dudas, las sombras de una conspiración, los lamentos. Según pasaban las horas, quedaba claro que el problema fue del propio sistema tradicional, donde hasta 2016 los delegados de contaban aproximadamente a ojo y donde en la noche del lunes trataron de dar números ajustados. Un imposible, visto lo visto, entre otras cosas por la complejidad de unas normas antediluvianas.

El siguiente culpable fue la aplicación informática, contratada por 63.000 dólares por los demócratas de Iowa a la empresa Shadow inc. Normal que los demócratas de Nevada, que celebrarán primarias el 22 de febrero hayan declarado por boca de su presidente, William McCurdy, que en ningún caso usarán la app maldita: «Puedo afirmar con confianza que los sucedió en el ‘caucus’ de Iowa anoche no sucederá en Nevada. No emplearemos la misma aplicación o proveedor. Ya habíamos desarrollado una serie de copias de seguridad y sistemas de informes redundantes y actualmente estamos evaluando el mejor camino a seguir».

Avergonzados, contemplados por el país, escrutados por todos los medios, los demócratas de Iowa apenas si habían acertado a confirmar que esperaban dar resultados oficiales a media tarde.

Con su victoria, parcial pero ya significativa, Buttigieg se posiciona frente a quienes, como el ex alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, forman parte de ese 1% de multimillonarios denunciados de forma incansable por un Sanders que demuestra su fortaleza. A todo esto la candidata Warren, a la que durante horas las encuestas parecían haber descartado, y que de mantenerse este resultado habría salido del atolladero mucho mejor de lo esperado, comentó en un acto electoral que todo esto son los gajes de la democracia, los riesgos de ponerse frente al público.

Warren también avisó de que Donald Trump daría el discurso del Estado de la Unión, de que los republicanos seguirán defendiendo de forma abrumadora al presidente, «demostrando su lealtad a la persona, más que a la Constitución de Estados Unidos». «Son tiempos difíciles para nuestro país», añadió, al tiempo que pedía a los suyos que no se de-sanimen.

Pero la situación había sido tan incomprensible, tan desastrosa, tan ridícula, tan aterradora para unos demócratas que a meses de las elecciones siguen más perdidos que nunca, que el mismísimo Trump, especialista en hacer sangre de sus rivales, de eficacia contrastada a la hora de aprovechar cualquier error ajeno, optó por ignorar al enemigo y celebrar sus logros: «Mi índice de aprobación en el Partido Republicano = 95%, ¡un récord! Gran victoria de Iowa. Índice de aprobación general = 53%, un nuevo máximo. Con nuestra gran economía y otros éxitos importantes, ¿serían 20 puntos más altos sin las falsas cazas de brujas y engaños?».

Por supuesto que horas antes su director de campaña, Brad Pascale, había aprovechado el carajal para dudar de la capacidad demócrata de gestionar nada. Una de las mayores chapuzas de la historia, comentó, mientras en el Partido Republicano brindaban con champán en vista de que el enemigo no parece saber ni atarse los cordones.

El comunicado de los demócratas de Iowa no podía ser más deprimente: «A medida que los resultados del comité electoral comenzaron a llegar fueron sometidos a un control de precisión y calidad. Quedó claro que había inconsistencias con los informes. La causa de estas inconsistencias no estaba clara de inmediato, y requirió una investigación, lo que llevó tiempo». «Si bien nuestro plan es publicar los resultados lo antes posible», concluía, «nuestro objetivo final es garantizar que se mantenga la integridad y la precisión del proceso».

El daño, en cualquier caso, ya estaba hecho. Mal comienzo, el peor imaginable, para unos demócratas hundidos. Al menos no hubo intervención o injerencia. ¿Para qué, si ya los aspirantes a derrocar a Trump naufragan?