Política

Trump sale absuelto del “impeachment” y allana el camino para su reelección

El Partido Republicano cierra filas y exonera al presidente de abuso de poder y obstrucción al Congreso. El histórico dirigente conservador Mitt Romney vota junto a los demócratas en una Cámara dividida.

El Senado de Estados Unidos absolvió ayer al presidente, Donald Trump, de los cargos de abuso de poder y obstrucción al Congreso presentados en su contra en el marco de un proceso de «impeachment» centrado en la supuesta presión a Ucrania para la obtención de favores políticos. Con 48 votos a favor y 52 en contra, la Cámara Alta sentenció que el magnate neoyorquino no ha incurrido en un delito de abuso de poder. Poco después y en una rápida votación, el dirigente se hizo con el apoyo de 53 senadores frente a otros 47 que votaron a favor de condenarle, por lo que fue exculpado a su vez del cargo de obstrucción al Congreso. Solo Mitt Romney rompió con la disciplina de partido en primera votación.

Adiós a meses de interrogatorios, testigos, grabaciones, chivatazos, transcripciones, mentiras y cintas de audio en el hueco que deja la política. Un epílogo que llega después de que el pasado viernes el Senado tumbara la posibilidad de alargar el proceso por la vía de llamar nuevos testigos y aportar nuevas previas. Los demócratas suspiraban por un fulminante crepúsculo de los dioses. Especialmente el segmento más juvenil y airado, el que capitanean Alexandria Ocasio-Cortez y otras musas revolucionarias. No pudo ser. Carecían de la mayoría necesaria. Muchos de los senadores republicanos díscolos, que durante semanas amenazaron con provocar un cisma y votar con la oposición, acabaron pastoreados por la inevitabilidad de las elecciones que vienen y la disciplina impuesta por Mitch McConnell. Nancy Pelosi, veterana de California y Baltimore, amamantada en la vieja política y el cálculo maquiavélico, que tanto hizo por evitar el «impeachment», que peleó para enfriar las ansias justicieras del sector socialista, ardoroso, juvenil, párvulo, tendrá que tragarse el sapo de un proceso fracasado.

Un «impeachment» que no ha servido para otra cosa excepto multiplicar las opciones electorales de su archienemigo. En un email enviado por su gabinete de prensa a los donantes Pelosi se ha declarado estupefacta por los gestos y palabras del hombre del Despacho Oval. «Estoy atónita», dice, «No puedo creer lo que dijo el presidente Trump ayer. No puedo creer que los republicanos aplaudieran sus mentiras. Y me niego a dejar que ninguno de ellos se salga con la suya». Tan desesperada parece la presidente del Congreso que durante la noche del martes rompió delante de cientos de millones de compatriotas el discurso del estado de la Nación que Trump acaba de tenderle. Segundos antes el presidente la había dejado con la mano colgada en el aire: un gesto de guerra nunca visto en décadas de parlamentarismo y república. Como igualmente resulta inédito, inaudito, contemplar a la máxima autoridad del Congreso hacer trizas las palabras del presidente, que no olvidemos habla delante de las Cámaras legislativas en calidad de invitado. Vía Twitter la Casa Blanca percutió en la herida: «La portavoz acaba de romper: a uno de nuestros últimos aviadores sobrevivientes de Tuskegee. La supervivencia de un niño nacido a las 21 semanas. A las familias de luto de Rocky Jones y Kayla Mueller. La reunión de un miembro del Ejército con su familia». Aludían así a muchos de los momentos más excitables y sensibles de un discurso jalonado de héroes de la II Guerra Mundial, niños que sueñan con viajar a Marte, periodistas de trinchera enfermos de muerte, galardonados con el más alto honor del país, y soldados que regresan de Afganistán para abrazar a su esposa e hijos. De hecho más que una oración con carcasa y tuétano de jefe de Estado el discurso de Trump fue todo un breviario de la confrontación, un homenaje así mismo, el canto elocuente, encendido, pasional y profundamente partidista de un político en pos de su reelección. Nada que no hayan ensayado antes otros presidentes en año de comicios a la Casa Blanca. Pero ataviado con las mejores galas emocionales de un hombre acostumbrado a repartir golpes de efecto en un plató de televisión. Cuando a última hora de la mañana salió el presidente del Comité Judicial del Congreso, Jerry Nadler, a anunciar que los demócratas citarán para que declare .