El fantasma del «corralito» amenaza Buenos Aires

Riesgo a un «default». La pésima situación de la principal provincia argentina despierta los temores a una nueva crisis económica

Argentina el país de eterno “default”, que siempre vuelve a la encrucijada. Cae y se levanta del abismo, renace como un ave fénix resurgiendo de sus cenizas pero volviendo a caer en la crisis. Es como una maldición que persigue al país suramericano, como una vieja canción de tango.

El país corre contra reloj por su deuda externa. Pero peor situación atraviesa la provincia de Buenos Aires, al borde la bancarrota. “Tras asomarse al abismo” y “lanzar varios órdagos” a los acreedores finalmente el gobernador Axel Kicillof, protegido de la vicepresidenta, Cristina Kirchner, y el mismo que ejecutó la nacionalización de Repsol YPF y negoció con los fondos buitres cuando era ministro de Economía , “hincó la rodilla” y aceptó los plazos de la deuda.

La provincia de Buenos Aires no alcanzó el consenso necesario para evitar el “default” hoy, por lo que decidió usar recursos propios para hacer frente al vencimiento.

Kicillof afirmó: “La mejor solución posible es usar los recursos que hemos recaudado en estos días y afrontar el vencimiento con recursos propios de la provincia, sin asistencia del Gobierno nacional".

La provincia necesitaba conseguir el 75% de consenso de los acreedores para postergar hasta mayo el pago de 250 millones dólares del vencimiento de uno de sus bonos, pero no alcanzó ese umbral de aceptación. Los intereses además ascienden a 25 millones.

El gobernador no se privó en contar en detalle cómo el fondo Fidelity impidió un acuerdo que permitiera postergar el pago del vencimiento hasta el mes de mayo.

Hubo un fondo de inversión que dice tener el 25% o más, es decir, la capacidad de bloquear. Todas las conversaciones dependen de las charlas que se pueden tener con ese grupo. Esto se llama en términos técnicos posición bloqueadora. Al final solo consiguió el consenso del 50% de los acreedores".

Ahora en el mercado local hay miedo. Dicen que la jugada de Kicillof puede traer “ruido” y un efecto “dominó” con el resto de los bonos provinciales. Señalan que para muchos acreedores, la provincia de Buenos Aires es confiable porque se sabe que es “demasiado grande para dejarla caer”, es decir, que siempre el Estado sale al rescate. Por otro lado, estiman que incluso, podría tener una escalada el dólar informal –y subir por las nubes generando más inflación, que ya ronda el 45% anual-.

La hora de renegociar

Por eso hay quienes piensan que la avanzada bonaerense podría perjudicar la estrategia total acerca de la postura de la Argentina cuando le toque renegociar con el FMI y los bonistas una deuda que asciende a casi 50.000 millones de dólares. Y por otro, le muestra a las provincias que cada una debe hacer el esfuerzo que tenga a mano para no pedir asistencia. De fondo, hay algunos funcionarios que piensan que la idea es que nadie toque las reservas del Banco Central, a fuerza de cepo duro, administración de las importaciones, y que parte de esa estrategia es no rematar los dólares ayudando a las provincias.

Precisamente en los últimos días varios gobernadores pasaron por la Casa Rosada para ver si se pueden sumar recursos. “No hay para nadie”, se escuchó decir por ahí pero muchos se agarran la cabeza: Buenos Aires debe pagar 2.700 millones de dólares este año y el resto de la provincias unos 1.200 millones. Por ahora Argentina resiste pero el fantasma del corralito vuelve a sobrevolar por el cielo albiceleste. Y quedan muchos pagos por afrontar. ¿Resistirá a la deuda?