Más de 100 soldados estadounidenses tienen lesiones cerebrales por el ataque iraní

Trump había negado daños tras el bombardeo de Teherán contra una base en Irak

109 soldados heridos. Este es el último balance del ataque iraní del pasado 8 de enero contra las bases de EE UU en Irak. Un balance devastador, el del centenar largo de soldados a los que habrían diagnosticado lesiones cerebrales. Entre otras cosas porque hace apenas siete días el Pentágono hablaba de 64 militares. Y atención: según fuentes militares se trata de un balance que puede seguir creciendo. De momento son ya 76 los soldados recuperados, mientras que casi una treintena fueron enviados a distintos centros médicos de Alemania y EE UU, al Centro Médico Militar Nacional Walter Reed, en Washington.

La noticia, que empieza a tornarse un escándalo, había conmocionado ya a la opinión pública hace quince días, cuando el mismo Pentágono informó que fueron 34 los soldados con traumas. Entonces un portavoz, el oficial Jonathan Hoffman, explicó que el departamento de Defensa ofrecería «programas y servicios destinados a lograr los mejores resultados posibles para los miembros del servicio que hayan sufrido alguna lesión». El militar añadió que «en las últimas dos semanas hemos visto el esfuerzo y el compromiso de nuestros profesionales médicos en Irak, Kuwait y Alemania para diagnosticar a todos y cada uno de los miembros que necesitan asistencia». Todo esto llegaba después de que el presidente de EE UU, Donald Trump, explicara que ni uno sólo de los militares resultó herido en el ataque.

Posteriormente matizó que se había referido a lesiones graves, a la pérdida de extremidades o a lesiones en la vista o el oído. Trump había usado el argumento de la ausencia de heridos para justificar que EE UU no respondiera al ataque iraní, que la Casa Blanca no lanzara un segundo ataque contra Irán después de haber acabado con la la vida del general Qasem Suleimani. Los militares, vino a decir, sufrían «dolores de cabeza y un par de otras cosas». «No es muy grave, no es muy grave».

Entre tanto el general Alex Grynkewich aseguraba que su departamento haría todo lo necesario para cuidar a los soldados heridos. Ahora que son ya más de 100, ahora que sabemos que al menos un tercio permanecen apartados del servicio, el país se pregunta por las razones auténticas para no devolver el golpe y por los cuidados y atenciones que teóricamente se dedican a los afectados por algo tan grave como una lesión cerebral. Afirmar que es poca cosa o que no puntúa como daños graves parece contradecirse con todo lo establecido por la ciencia médica. Algunos expertos explican que en numerosas ocasiones los síntomas tardan en manifestarse y que aducir un teórico ocultamiento parece responder a una retórica de corte conspirativo.