Internacional

Sanders avanza, pero no convence

Los demócratas afrontan un mes decisivo antes del “Supermartes”. Buttigieg y Klobuchar intentarán desbancar a Biden y Warren

La caravana demócrata enfila Nevada, donde hay primarias el 22 de febrero, y Carolina del Sur una semana después, el 29. Una de las grandes cuestiones pasará por probar la fortaleza de Bernie Sanders.

El viejo y correoso senador por Vermont vivió el martes uno de los grandes momentos de la campaña. Pudo al fin saludar ante las cámaras como ganador indiscutible. Sus números son espectaculares y la imprescindible captación de fondos y donaciones marcha a pleno rendimiento. Pero le puede pesar la imagen dura, el discurso escorado a posturas radicales, el socialismo del que se enorgullece, la desafección o el miedo de los votantes moderados.

Otra pregunta esencial atañe a Pete Buttigieg, ex alcalde de South Bend, veterano de guerra, que debe empezar a atraer el voto de los jóvenes, de momento fieles a Sanders, si aspira a mantener sus formidables demostraciones de Iowa y New Hampshire.

Otro interrogante pasa por el futuro de un voto moderado mucho más dividido de lo que nadie imaginaba. Porque la tercera en discordia, Amy Klobuchar, logró un resultado espectacular en New Hampshire y parece muy capaz de mantener el pulso. En su contra juega que carece de una campaña tan organizada, numerosa, coordinada y opulenta como la de Sanders o el propio Buttiegieg. Pero las tornas parecen estar cambiando. Si sale bien parada del mes de febrero, y si borda los dos próximos debates con la contundencia que demostró el pasado viernes, hay Klobuchar para los próximos meses.

A diferencia de Iowa y New Hampshire, eminentemente blancos, las nuevas citas electorales tendrán lugar en dos Estados más diversos. Los latinos son el 29% de la población de Nevada; en Carolina del Sur los afroamericanos suman el 27,03% del censo.

A esos números, a la teórica desafección de unas minorías supuestamente ignoradas, trata de agarrarse Joe Biden. Porque el ex vicepresidente sale tocado, casi hundido, de los dos primeros comicios. Hasta el punto de que en New Hampshire ni siquiera esperó a confirmar que había quedado quinto. El hombre que gobernó junto a Barack Obama, y de ahí su tirón entre los votantes negros, no había sumado ni un sólo delegado. Antes que arrostrar una noche desangelada, de canapés huérfanos y militantes con sonrisa de haber perdido algo o alguien, alquiló un avión privado, aterrizó Carolina del Sur y anunció que es allí, junto al Atlántico y el río Savannah, donde su suerte comenzará a cambiar. Usando un símil pugilístico, Biden explicó que la campana apenas ha sonado.

Y es posible, pero desde luego que recibió un sonoro crochet en pleno rostro, cortesía de la otra gran derrotada, Elizabeth Warren. La senadora, en referencia a un reciente anuncio televisivo de Biden, comentó delante de sus seguidores que «estas tácticas duras podrían funcionar si estás dispuesto a carbonizar al resto del partido para ser el último hombre en pie (...) Pero para ganar a Donald Trump en noviembre necesitaremos una gran movilización dentro del partido y para lograr necesitamos un candidato que al que el mayor número de personas sientan que pueden apoyarlo. No podemos darnos el lujo de caer en facciones. No podemos permitirnos desperdiciar nuestro poder colectivo. Ganaremos cuando nos unamos».

Unas palabras que, más allá de la verdad que encierran, desnudan la propia incapacidad de Warren para movilizar a nadie más allá de la burbuja universitaria, sofisticada, culta, de bastiones liberales como Brooklyn o Berkeley. Quién sabe si Warren, que parecía indestructible hace apenas dos meses, y el propio Biden, que contó con el beneplácito de todos los sondeos durante el último año, que todavía marcha segundo en la última de las encuestas a nivel nacional, publicada ayer mismo, no acabarán por seguir los pasos de misma noche, otros dos candidatos, Andrew Yang y Michael Bennet, que no bien cerraron los colegios en New Hampshire anunciaron su retirada.

Para los dos favoritos venidos a menos la gran oportunidad suponiendo que mejoren en Nevada y Carolina del Sur, será el llamado Supermartes, a celebrar el próximo 3 de marzo, y donde entran en juego 16 estados, incluidos los dos más poblados, California y Texas. Allí estará también Michael Bloomberg, tercero en la citada encuesta de “The Economist”, 12% en intención de voto por el 18% de Biden y el 22% de Sanders.

Con un bolsillo de una profundidad incuestionable, dueño de una fortuna ante la que palidece el propio Trump, capaz de pagar a los mejores estrategas y contratar anuncios multimillonarios, el ex alcalde de Nueva York aspira a dar la puntilla a Biden y a cosechar los votos de un Buttigieg y una Klobuchar que a nivel nacional y según “The Economist” de momento sólo suman un 10 y un 7% de apoyos respectivamente.

En este mes se deciden muchas de las variables de las primarias y está por ver que los demócratas no encaren la recta final envueltos en una guerra fratricida, con el partido astillado entre dos mitades tan aparentemente irreconciliables como las de 2016. No faltan quienes, como el periodista Sean Hannity, vaticinan que el establishment demócrata pondrá en marcha toda la maquinaria para desacreditar a Sanders y evitar una candidatura que algunos ven como sulfúrica y excesivamente arriesgada. Esto es va a poner muy feo muy pronto, dijo Hannity en el programa Fox & Friends.