La cruzada de Putin contra el matrimonio homosexual: mientras esté en el poder habrá solo “papá y mamá”

El presidente ruso rechaza la inclusión del reconocimiento legal de las parejas gays en las enmiendas a la Constitución

Uno de los privilegios de ser presidente de Rusia es el no estar obligado a morderse la lengua para ser políticamente correcto, aunque en Rusia la corrección política consiste precisamente en decir lo contrario de lo que se promueve en Occidente como tal.

El ejemplo lo dio ayer Vladimir Putin a modo de respuesta a la diputada ultraconservadora Olga Batalina, que en su intervención para la reforma de la Constitución pretendía incluir el matrimonio entre un hombre y una mujer como único concepto válido de familia en Rusia, lamentando que hace diez años nadie podía imaginar que las palabras “padre y madre” serían sustituidas por los términos “progenitor número uno y progenitor número dos”.

“En Rusia no habrá ‘progenitor 1’ y ‘progenitor 2’. Mientras yo sea presidente habrá papá y mamá”, proclamó el líder ruso, Vladimir Putin, quien volvió a ser tajante sobre su postura frente al matrimonio homosexual, afirmando que nunca se legalizarán los matrimonios entre personas del mismo sexo, durante la reunión con la comisión estatal que estudia las enmiendas de cara a la reforma de la Constitución rusa.

Lo cierto es que estas declaraciones no han causado ningún revuelo en una sociedad bastante identificada con la revolución conservadora que experimenta el país, en buena parte cimentada por la postura oficial de las instituciones. En 2013, 444 diputados de los 450 de la Duma votaron a favor de prohibir la adopción de niños rusos a parejas homosexuales extranjeras, así como a personas solteras procedentes de países donde es legal el matrimonio entre personas del mismo sexo, una medida que ha afectado a varios países, entre ellos a España. Tampoco permite en su ley de Técnicas de Reproducción Asistida que hombres solteros y parejas homosexuales puedan llevar a cabo un proceso de maternidad subrogada, que aquí es legal.

Aunque bien es cierto que Rusia derogó en 1993 la ley que perseguía a los homosexuales durante la Unión Soviética, algo que no se plantea cambiar, sí ha puesto en vigor en los últimos años medidas contra la propaganda homosexual, entendiendo que esta puede causar daños morales y psicológicos a los menores de edad, algo apoyado desde la Iglesia Ortodoxa. Los colectivos LGTB de Rusia no han dejado de quejarse a través de diversas organizaciones ante lo que consideran un atropello a sus derechos fundamentales, denunciando que delitos de agresión y asesinato contra sus integrantes quedan a veces impunes. Las marchas del día del Orgullo han ido menguando en participantes durante estos últimos años, unas veces por no obtener los permisos necesarios, y otras por temor a las reacciones de la gente de a pie.

Putin, quien desde su ascenso al poder hace 20 años ha apoyado la moral conservadora que promueve la Iglesia Ortodoxa rusa, siempre se ha manifestado categóricamente en contra de la unión homosexual. “Los matrimonios homosexuales no producen hijos”, aseguró en una ocasión el jefe del Kremlin, que acostumbra a predicar contra el liberalismo “sin género y estéril”. Entre otras medidas, obligó a países como España o Italia a incluir en los convenios de adopción firmados con Rusia la condición de que niños rusos no podrían ser adoptados por parejas homosexuales y solteros, informa Efe.

Aunque la homosexualidad dejó de ser un delito, Putin promulgó una ley contra la propaganda homosexual -incluidas las marchas de orgullo gay-, con el argumento de que puede representar un daño psicológico y moral para los menores de edad.