Dresde divide a Alemania 75 años después

La ultraderecha equipara las víctimas del bombardeo de la capital de Sajonia por la aviación aliada en 1945 con las de Auschwitz. El presidente Steinmeier alerta contra aquellos que “manipulan la historia y quieren abusar de ella como un arma”

Aquella fría noche del 13 de febrero de 1945, los habitantes de la ciudad alemana de Dresde escucharon las ya habituales alarmas alertándoles para que acudieran a los refugios antiaéreos. Sin embargo, aquellos bombardeos aliados tenían como objetivo a la población civil. Unas 1.800 toneladas de bombas explosivas y de material incendiario fueron lanzadas sobre la capital sajona entre las diez de la noche y la una de la mañana.

El ataque, que se dividió en dos pasadas consecutivas de 20 minutos cada una, reventó casas y edificios, dejando la ciudad, conocida hasta entonces como la “Florencia del Elba” por su rico patrimonio artístico, reducida a escombros y cenizas.

La “tormenta de fuego” desatada por la aviación británica y estadounidense entre el 13 y 15 de febrero provocó la muerte de unas 25.000 personas. Sin embargo, el ministro de Propaganda de Hitler, Joseph Goebbels, añadió un cero al trágico balance y lo elevó a 250.000. Cifra que la posterior propaganda de la Alemania comunista no quiso desmentir para demonizar a dos potencias capitalistas, EE UU y Reino Unido.

El ataque indiscriminado contra la población civil, calificado de cruel e innecesario por los historiadores, llegó a ser cuestionado por el mismísimo Winston Churchill, que escribió: “Me parece que ha llegado el momento en que debería revisarse la cuestión del bombardeo de ciudades alemanas simplemente por aumentar el terror, aunque bajo otros pretextos”.

Setenta y cinco años después, Dresde continúa dividiendo a la sociedad alemana. Para la extrema derecha, que desde los año noventa marcha en cada aniversario en la capital de Sajonia para recordar lo que califica como el “genocidio de los bombardeos”, la tragedia minimiza los crímenes cometidos por el nazismo contra los judíos.

En declaraciones esta semana al semanario “Der Spiegel”, el co presidente de Alternativa para Alemania (AfD), Tino Chrupalla, defiende que en Dresde hubo “unas 100.000 víctimas”, y basó su tesis en testimonios de su abuela, su padre y otros testigos sobre las “montañas de cadáveres”. En cambio, una comisión de historiadores convocada por el ayuntamiento sajón concluyó en 2010 que el balance fue de 25.000 víctimas mortales.

Sin nombrar a estos revisionistas, el presidente alemán, Frank Walter Steimeir, que participó el jueves en una emotiva cadena humana en Dresde, llamó a recordar a las víctimas sin instrumentalizar políticamente su dolor por aquellos que “manipulan la historia y quieren abusar de ella como un arma”. “Todavía hoy -prosiguió Steinmeier- comparan los muertos de Dresde con los de Auschwitz”, y “falsifican deliberadamente los hechos históricos”.

“Defendamos el recuerdo que pone en el centro el dolor de las víctimas y que a la vez se pregunta por las razones del dolor. Luchemos juntos contra aquellos que utilizan el recuerdo como un arsenal para sus batallas ideológicas”, reclamó el presidente federal.

“Cuando recordamos hoy la historia de los bombardeos en nuestro país, recordamos dos cosas: el dolor de la gente en las ciudades alemanas y el dolor que los alemanes causaron a otros”.

Steinmeier recordó que los alemanes habían empezado la guerra y que los nazis no quisieron interrumpirla ni siquiera cuando estaba claro que estaba perdida. “Fueron los alemanes quienes iniciaron esa guerra cruel y fueron millones de alemanes quienes lucharon en ella y muchos, aunque no todos, convencidos de ella. Fueron los nazis y los esbirros voluntarios quienes perpetraron el genocidio contra los judíos europeos. Y fue el régimen nazi el que no interrumpió la masacre cuando la guerra ya estaba perdida”, aseguró. “No olvidamos la culpa alemana, pues la responsabilidad permanece”, instó el presidente de un país donde la extrema derecha hace flagrante revisionismo del pasado nazi desde que en 2017 logró entrar en el Parlamento federal (Bundestag) como tercera fuerza política con el 12,6% de votos y 94 escaños.

Y es que Sajonia no es cualquier Estado alemán. Es el bastión de AfD, que fue el segundo partido más votado en las elecciones regionales del 1 de septiembre, con el 27,5%. A diferencia de la vecina Turingia, en este “Land” sí ha funcionado el “cordón sanitario” contra la ultraderecha y gobierna un tripartito entre cristianodemócratas (CDU), socialdemócratas (SPD) y verdes.