EE UU exige a Europa que se sume a la “guerra tecnológica”

Los líderes escenifican sus diferencias respecto a Irán, Siria o Rusia. Macron pide esfuerzos a Alemania para reformar el club europeo y critica el repliegue de Trump

«No estoy frustrado, estoy impaciente». La frase, enunciada ayer por Emmanuel Macron, resume como pocas el sentir y el objetivo que ayer sobrevoló la Conferencia de Seguridad de Múnich: la necesidad de fortalecer la Unión Europea tras el Brexit. Unas palabras que el presidente francés dirigió directamente a Angela Merkel a quien criticó por su falta de respuesta sobre sus reformas propuestas. «Lo que es clave en los próximos años es avanzar mucho más rápido en temas de soberanía a nivel europeo», añadió Macron que, durante los últimos meses, ha instado a una reforma ambiciosa de la UE como respuesta a la salida de Reino Unido del bloque comunitario en la que esté incluida una integración más profunda en asuntos financieros y de defensa.

Aunque tradicionalmente se habla de París y Berlín como el «motor» del proyecto europeo, las esperanzas de Macron de que los dos países puedan encabezar las reformas de una forma conjunta se han visto frustradas en los últimos meses por la parte alemana. Así, la propuesta gala de crear un presupuesto común para la eurozona finalmente se ha visto reducido a una pequeña partida para proyectos seleccionados o, más recientemente, su oferta de poner en marcha un diálogo estratégico sobre su fuerza nuclear encontró una respuesta fría en Berlín, cauteloso de alejarse del escudo nuclear de Estados Unidos dentro de la OTAN. No obstante, y con la era de Merkel llegando a su fin, Macron podría estar buscando al próximo líder alemán para volver a encaminar su impulso de reforma.

No fue su única crítica. Macron lamentó asimismo el «debilitamiento de Occidente», vinculado con el «relativo repliegue» de Estados Unidos en sus relaciones con Europa. «Hay una política estadounidense que empezó hace varios años y no solo con esta Administración que incluye un cierto tipo de repliegue, una reformulación de su relación con Europa», dijo Macron. Unas palabras que muchos vieron como respuesta a lo enunciado poco antes por el secretario de Estado de EE UU, Mike Pompeo, que rechazó la idea de una «crisis de Occidente» y las críticas a su país, en especial la de que la Administración actual pone en cuestión la idea de una comunidad internacional. Pompeo dijo que en los últimos años se ha encontrado con declaraciones de líderes de países democráticos que dudan del compromiso de EE UU con el multilateralismo y con la OTAN e incluso con la idea misma de una comunidad internacional. «Todas esas declaraciones no son un reflejo de la realidad. Hablar de la muerte de la alianza transatlántica es una exageración», señaló Pompeo, que también negó que se pueda hablar de una crisis de Occidente y dijo que mientras hay gente que arriesga su vida para llegar a Europa nadie hace lo mismo para llegar a Cuba o a Irán y que la gente sueña «con estudiar en Cambridge y no en Caracas».

Con respecto a las diferencias actuales que existen entre EE UU y los aliados europeos, Pompeo indicó que, pese a discrepancias, siempre hay consenso en lo fundamental. «Cuando hablo de Irán con mis colegas europeos es claro que sabemos de lo que estamos hablando, que tenemos que evitar que ese país tenga armas atómicas. Sin embargo, puede haber diferencias en cuanto a la táctica que debemos usar para hacer frente al problema», aseveró. Antes de Pompeo intervino el secretario general de la OTAN, Jens Stoltenberg, que subrayó la necesidad de mantener la alianza transatlántica. «Algunos dicen, necesitamos más Europa. Estoy de acuerdo pero eso es sólo parte de la solución pues no puede significar sólo Europa. Todo intento por separar Europa de EE UU no sólo implica reducir nuestra capacidad de defensa sino también el riesgo de una división de Europa», dijo. Su mensaje pareció estar dirigido al presidente alemán, Frank Walter Steinmeier, quien en su discurso de apertura, el viernes, acusó a Estados Unidos, China y Rusia de hacer el mundo más peligroso. Macron halagó el discurso de Steinmeier y subrayó que Europa no puede ser «el socio menor de Estados Unidos».

Por otro lado, Pompeo anunció que Estados Unidos financiará proyectos energéticos por un monto de 1,000 millones de dólares en países de Europa Central y del Este para reforzar su independencia energética frente a Rusia. En esta línea, Macron mencionó la posibilidad de instar a la imposición de sanciones contra Rusia como forma de combatir la injerencia desde ese país en las elecciones en países europeos.

Además, sugirió que se trabaje con Rusia en la dirección de «desescalar» pero al mismo tiempo instó a los socios europeos a una intervención más decidida y dio por hecho que Rusia aplica, tanto mediante actores privados como públicos o «agentes interpuestos», estrategias de influencia para obtener resultados próximos a sus intereses cuando se celebran elecciones en países europeos. El presidente francés se refirió también a las sanciones ya en vigor por parte de la UE por la política rusa en relación con Ucrania y reconoció que quizás no han alcanzado su objetivo, pero dejó claro que no está proponiendo que se levanten.

En esta línea, el ministro de Exteriores alemán, Heiko Maas, pidió a Rusia que coopere con su aliado, el Ejército sirio, para impedir una catástrofe humanitaria en la provincia siria de Idlib, bastión rebelde y escenario de sus últimas ofensivas, que han provocado numerosos muertos y decenas de miles de desplazados. «Tenemos un gran temor de que se produzca una catástrofe humanitaria si no se pone fin a los combates», explicó Maas tras reunirse con su homólogo turco, Mevlut Cavasoglu, y el ministro ruso de Exteriores, Sergei Lavrov. En opinión de Maas, Alemania espera que Moscú utilice su influencia sobre el Gobierno sirio «para poner fin a estos ataques, para detener los combates».