Los rehenes españoles de Gibraltar

La baza de Picardo en el Brexit: Miles de españoles cruzan diariamente la Verja para trabajar en un paraíso fiscal con el tercer PIB per cápita del planeta

Desde que Felipe González abrió la Verja apenas 13 días después de llegar a La Moncloa en diciembre de 1982, Gibraltar ha pasado milagrosamente de ser un enclave insostenible para los británicos y sin economía digna de ese nombre a ser un floreciente centro financiero y de juego online con el tercer PIB per cápita más alto del planeta tras Luxemburgo y Qatar. Mientras, los municipios colindantes del Campo de Gibraltar constituyen, con 30.000 desempleados, una de las zonas con más paro de toda la Unión Europea. ¿Cómo es esto posible?

«En las negociaciones con Reino Unido tenemos que llegar constantemente a acuerdos que no son ventajosos porque tenemos que pensar en nuestros trabajadores, que son rehenes, auténticos rehenes de Gibraltar», explica José Ignacio Landaluce, alcalde de Algeciras, senador y ex presidente de la comisión de Exteriores del Congreso. Para Landaluce la situación tiene un culpable claro: los sucesivos gobiernos socialistas tanto en La Línea de la Concepción, como en la Junta de Andalucía y en Madrid. «No se ha invertido lo suficiente ni en La Línea ni en el Campo. Gibraltar recibe la mano de obra que necesita de España para mantener su economía, trabajadores muy baratos entre comillas para el Peñón porque se benefician de no tener que pagar ni su sanidad, ni sus plazas escolares, ni el gasto social que sí que tenemos que movilizar los ayuntamientos españoles. Allí, sin embargo, solo tienen que pagar sus impuestos al fisco gibraltareño».

Ana Belén es de La Línea y trabaja de dependienta en una de las innumerables tiendas que visitan los turistas a lo largo de Main Street. Lleva 5 meses trabajando aquí y tiene 23 años. Antes trabajaba en una tienda de Orange en La Línea. Como todos los empleados españoles en Gibraltar le aterra la perspectiva de colas de dos horas si la nueva situación obliga a revisar pasaportes en la Verja. Pero su motivo para desear que nada cambie en el Peñón es tan insólito como comprensible: «El Peñón que no lo toquen. No quiero que sea español que con los políticos que tenemos nos llevan a la ruina».

La política de las autoridades gibraltareñas en España se comunica y filtra además gracias a «una sutil red de órganos de opinión, asociaciones pseudosindicales, prensa, departamentos universitarios bien subvencionados y hasta think tanks españoles de todo pelaje» –son palabras de Erik Martel, embajador de España y ex delegado de Exteriores para el Campo de Gibraltar– que han contribuido a la actual situación casi tanto como el «entreguismo» proverbial de los dirigentes socialistas desde hace ya décadas.

El alcalde de Algeciras comenta: «Aquí tenemos una frase que lo explica todo: los socialistas son esperados a la hora del té en el Convento [la sede del ejecutivo de Picardo en Gibraltar]. No tienen que pedir hora, aparecen por allí como Pedro por su casa. Y ya no te digo los de la antigua CiU que han comido y bebido todo lo que han querido tanto con Picardo como con Caruana».

Los vínculos con Unidas Podemos son, si bien más recientes, igual de estrechos: Teresa Rodríguez ha mantenido una reunión con Fabián Picardo quien felicitó con un amable comunicado a Pablo Iglesias cuando se convirtió en vicepresidente del Gobierno. «No es normal. Los intereses de Gibraltar son defendidos por políticos españoles de una forma que no cuadra. Socialistas y podemitas caen muy bien. Es algo que no entiendo», confiesa Landaluce.

Agustín Rosety –general de Brigada de Infantería de Marina (R) y diputado de Vox por Cádiz– abunda en la misma línea: «Nunca hay que perder de vista que Gibraltar es una base militar británica que logísticamente necesita, como todas las bases, de una población para mantener sus servicios. Al ser el Peñón tan pequeño necesitan echar mano de la comarca del Campo».

Rosety llama la atención sobre los peligros de la retórica que utiliza la parte gibraltareña: «Se calcula que el Peñón le cuesta a la Hacienda española mil millones de euros... ¡Cuántas cosas no se podrían hacer con ese dinero por el Campo pero la comarca es actualmente un erial... ¿por qué? Porque toda la mano de obra está trabajando en Gibraltar», concluye.

Un ejemplo de esto último lo encontramos en la historia de tantas que se encuentran a ambos lados de la Verja. Joey Sheriff y Roberto Carlos Tocón son dos jóvenes de 31 y 21 años respectivamente. El primero es gibraltareño del Peñón y el segundo gibraltareño de La Línea. Su ejemplo es uno de los miles de cooperación entre los dos lados de la Verja. Su empresa -Shine Easy- se dedica a lavar coches a domicilio por todo el Peñón. «Hoy es un buen día, ya tenemos clientes a las dos y a las seis. Todo lo hacemos ecológico, vamos en bicicleta eléctrica y con un vaso de agua limpiamos cuatro coches», dice Joey. Salvo un temor vago a que se produzcan colas estos dos jóvenes no parecen muy procupados de que el paraíso gibraltareño se caiga sobre sus cabezas. Cuando se les pregunta si hay tensiones por el hecho de ser uno español y el otro británico los dos se encojen de hombros y niegan la existencia de cualquier problema ambos, tanto el británico como el linense, con un cerrado acento gaditano. Pero es evidente que a la hora de defender el estatus actual de la colonia el primero hace gala de mayor entusiasmo que el primero.