La Fiscalía sueca confía en resolver el crimen de Olof Palme antes del verano

El ex primer ministro socialdemócrata fue asesinado en 1986 cuando regresaba a casa sin escolta tras salir del cine. Desde entonces, se ha apuntado a la extrema derecha, a los servicios secretos surafricanos o al terrorismo kurdo como posibles autores del magnicidio

FILE PHOTO: Roses are laid on a plaque marking the location where Swedish Prime Minister Olof Palme was killed in Stockholm
El asesinado ex primer ministro Olof Palme descansa en el cementerio Adolf Fredrik, en el centro de Estocolmo/REUTERSBob StrongReuters

Después de 10.000 interrogados, 133 personas declaradas culpables y 90.000 páginas de informes, los suecos pueden estar cerca de conocer la verdad sobre el asesinato en 1986 de Olof Palme. Un magnicidio que dejó una profunda herida en la psicología del país nórdico.

Al menos así lo cree Krister Petersson, el fiscal que dirige el Grupo Palme desde 2017, un año después de reabrirse el caso sobre el asesinato del primer ministro socialdemócrata que gobernó Suecia entre 1969 y 1976 y, posteriormente, desde 1982 hasta su asesinato en una calle céntrica de Estocolmo el 28 de febrero de 1986, cuando él y su mujer Lisbet fueron disparado por un desconocido tras salir del cine y disponerse a regresar a casa sin escolta, como era su costumbre. Nunca llegó a encontrarse el arma.

“Me siento optimista acerca de la posibilidad de explicar qué sucedió y quién fue el responsable”, declaró Petersson al programa “Crime Semana” de la televisión pública SVT. El fiscal confía en presentar cargos contra un sospecho antes del verano, lo que podría suponer el cierre del caso si esa persona ya ha fallecido.

“Hemos trabajado duro, tenemos pistas en las que creemos mucho”, explicó antes de recalcar que ha sido “positivo” desde que se hizo cargo de la investigación con la ayuda de cuatro policías. “He pasado al frente mucho más tiempo de lo que pensaba. El buen trabajo, creo, conducirá a buenos resultados", prosiguió Petersson.

“Durante estos dos años, hemos analizado todo el material que había. Cuando lo ves todo con nuevos ojos, se observan las cosas de manera diferente. Hemos llegado a algunas conclusiones y tenemos investigaciones preliminares propias y nuevos interrogatorios”, declaró el fiscal al diario “Aftontbladet”.

Propio de un argumento creado por la imaginación de uno de los famosos escritores suecos de novela negra, el caso Palme representa el mayor fracaso de la historia policial del país nórdico. Los errores cometidos en la escena del crimen en los momentos inmediatamente posteriores al asesinato y los bandazos de la investigación permitieron huir con impunidad al autor.

Paradójicamente, el fiscal comparte nombre con el único sospecho juzgado por el magnicidio, Crister Petterson, que fue condenando en primera instancia en 1989 y luego puesto en libertad por falta de pruebas por el Supremo. Politoxicómano y delincuente habitual, Petterson, que murió en 2004, es visto por la mayoría de los suecos como el verdadero asesino de su carismático primer ministro. Él mismo habría reconocido que confundió a Palme con un camello que vestía de forma parecida.

Carismático y buen orador, Palme es reconocido como el padre del Estado del Bienestar sueco. Como político, sus críticas al “apartheid” en Suráfrica, la Guerra de Vietnam o la violenta represión soviética de la Primavera de Praga de 1968 le valieron el odio de muchos. De ahí que su activismo internacional justificara diferentes teorías sobre su asesinato, al que se ha culpado a los servicios secretos surafricanos, el terrorismo kurdos y a la extrema derecha, entre otros. Precisamente, en un reciente libro el periodista sueco Jan Stoclassa habla de un complot entre la ultraderecha sueca y el régimen de Pretoria, que contrataron al asesinato para luego deshacerse de él sin dejar rastro.