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El terrorismo ultra resucita los viejos fantasmas en Alemania

El doble atentado en la pequeña ciudad de Hanau saldado con diez víctimas deja perplejo a un país que no quiere acostumbrarse a los cada vez más frecuentes actos xenófobos. El perfil de Tobias Rathjen, el asesino, resume el odio y la violencia que caracteriza al movimiento

Ofrenda de flores y velas por las víctimas de Hanau en el monumento de la plaza del mercado de la ciudad alemana
Ofrenda de flores y velas por las víctimas de Hanau en el monumento de la plaza del mercado de la ciudad alemanaMartin MeissnerAP

Tobias Rathjen publicó un vídeo hace una semana en el que decía que era hora de pelear. Sentado frente a la cámara, y en su propia habitación, el hombre de nacionalidad alemana y de 43 años hace todo un alegato al racismo y por la defensa de las teorías conspiranoicas. Se refiere a niños maltratados y asesinados en instalaciones militares subterráneas en Estados Unidos, asegura que Alemania está controlada por un servicio secreto y, entre otras confabulaciones, habla sobre “razas destructivas” preguntándose sobre su permanencia en su país.

Pero no fue la única pista. Según el periódico “Die Zeit”, Rathjen también dejó un tratado racista de 24 páginas como un mensaje para el pueblo alemán. Sin embargo, nadie le tomó en cuenta. El miércoles por la noche abrió fuego en la ciudad alemana de Hanau, cerca de Fráncfort, matando a nueve personas e hiriendo a otras cuatro. La mayoría de origen inmigrante. Luego habría matado a su propia madre y se habría suicidado.

La masacre ha conmocionado a toda Alemania, que asiste atónita al aumento de los ataques perpetrados por la extrema derecha en los últimos cinco años y, sobre todo, a la inoperancia de las fuerzas de seguridad para evitar este tipo de actos. De hecho, el “presunto” asesino nunca fue blanco de los investigadores y en ningún momento levantó las sospechas de la Policía por sus comentarios racistas.

Hasta ayer, Tobias Rathjen era un hombre que vivía con su madre y que tras completar el servicio civil, completó una pasantía como banquero y estudió administración de empresas en Bayreuth. Nada anormal que, no obstante, hace entrever que en el país pervive un caldo de cultivo que, de forma silenciosa, podría derivar en el despertar violento de la ultraderecha.

La xenofobia hace mella

Por de pronto, el ministro regional del Interior del estado federado de Hesse, Peter Beuth, confirmó ayer que las autoridades parten de un trasfondo xenófobo en el tiroteo y la Fiscalía Federal alemana asumió las investigaciones, lo que sugiere que detrás del crimen hay un trasfondo terrorista.

Por tercera vez en pocos meses, el odio ultraderechista ha hecho mella en Alemania. En junio del año pasado, el político conservador Walter Lübcke fue asesinado por su compromiso con los refugiados. Poco después, un extremista de derecha intentó llevar a cabo una masacre en una sinagoga de Halle y ahora le tocó el turno a Hanau.

Antes de tirotear a los clientes de un bar "shisha“, local donde se fuma con cachimba o pipa de agua, y a su propia madre, Rathjen dejó un vídeo y un texto repleto de teorías de la conspiración y racismo. El documento contenía “pensamientos perturbados”, “abstrusas teorías conspirativas” y emanaba “racismo”, según el fiscal general, Peter Frank, quien agregó que esto ha llevado a decantar las pesquisas en esa línea de investigación. El objetivo de la investigación de la Fiscalía General, agregó Frank, es aclarar los hechos y ver si el autor del doble ataque contó con cómplices o apoyos para cometer estos ataques, por lo que se va a investigar a fondo su entorno y sus contactos.

Una noche de pesadilla en la pequeña ciudad de Hanau

El primer ataque sucedió sobre las nueve de la noche en un bar del centro de esta ciudad de unos 100.000 habitantes. Rathjen llamó al timbre del bar, que es frecuentado por orientales que se reúnen para fumar cachimba, y acto seguido se dirigió a la zona de fumadores donde, sin madiar palabra, comenzó a disparar. Allí fallecieron cinco jóvenes. Entre ellos, una mujer que según medios locales estaba embarazada y alguna persona de origen kurdo. Después, el atacante tomó su coche y se dirigió a otro local similar, situado a dos kilómetros de distancia, y comenzó a disparar desde su automóvil. Hacia las tres de la madrugada del jueves, la Policía halló el cadáver del agresor y el de su madre, de 72 años, en la vivienda que compartían. Las autoridades desmintieron que hubiese habido un tercer ataque, como llegaron a decir algunos medios.

Angela Merkel lamentó profundamente la masacre y explicó que existen múltiples indicios de que el sospechoso de los ataques actuó por motivaciones xenófobas. “Hay muchos indicios en este momento de que el asesino actuó por motivaciones ultraderechistas y racistas, con odio hacia personas de otros orígenes, religión o apariencia”, manifestó la canciller. “El racismo es veneno, el odio es veneno y este veneno existe en sociedad y es el culpable de demasiados crímenes”, añadió antes de recordar la serie de muertes y atentados del trío de neonazis NSU en los años 2000, la muerte Lübcke y el ataque contra la sinagoga de Halle en el que murieron dos personas en octubre. Merkel, que condenó este “terrible” atentado, recalcó que el Gobierno alemán trabaja en la defensa de “los derechos y la dignidad” de todas las personas en nuestro país". “Nosotros no diferenciamos por origen o religión. Nosotros confrontamos a los que tratan de dividir Alemania con todas nuestras fuerzas y determinación”, subrayó.

La agencia de inteligencia alemana estima que el número de crímenes violentos perpetrados por grupos de extrema derecha aumentó un 3% en 2018, si bien los ataques a centros de acogida de solicitantes de asilo disminuyeron después de un aumento en 2015 y 2016. Actualmente, los servicios de inteligencia vigilan a 50 personas vinculadas al movimiento de extrema derecha y consideradas un “peligro para la seguridad del Estado”.