Bernie Sanders gana las primarias de Nevada y abre brecha con sus rivales demócratas en carrera hacia la nominación

Después de sus segundo puesto en Iowa y su victoria en New Hampshire, el senador por Vermont es ya el hombre a batir.

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Bernie Sanders ha ganado las primarias de Nevada y consolida así su posición como probable candidato demócrata a la Casa Blanca. Después de sus segundo puesto en Iowa y su victoria en New Hampshire, el senador por Vermont es ya el hombre a batir. Su triunfo se antoja incluso más sólido después de ganar entre los demócratas registrados del principal sindicato de los trabajadores de los casinos en Las Vegas, luego de que éste lo criticara abiertamente por su defensa de un sistema sanitario universal y público.

Desde Texas, donde celebró un mitin con la vista puesta en el supermartes, Sanders se mostró rotundo. Había exprimido mejor que nadie sus opciones. También demostró el arrollador poder de una organización que funciona como un reloj. Tanto a la hora de lograr donaciones como en su capacidad para seducir a un electorado mucho más diverso que en los dos anteriores estados, la maquinaria del candidato que en 2016 peleó y perdió con Hillary Clinton avanza formidable.

De entre sus rivales destaca la buena actuación de Joe Biden, urgentemente necesitado de bocanada de aire en vísperas de Carolina del Sur, que marcará su suerte. El ex vicepresidente necesitaba sacudirse la sombra del fracaso que arrastra. Pete Buttigieg, ex alcalde de South Bend y gran sorpresa en este ciclo de primarias, habría logrado también un resultado notable. Pero todavía más llamativo ha sido su discurso, donde ha alertado del peligro de polarización inherente a una candidatura de un Sanders que no duda en calificarse así mismo de socialista. El gran favorito es también el rival dilecto de los asesores electorales de Donald Trump, convencidos de que un radical de izquierda jamás podrá atraerse el decisivo voto moderado. Se da la circunstancia, empero, de que en Nevada Sanders habría cosechado votos por vez primera entre los demócratas moderados. Y esta es su gran esperanza, dado lo improbable que parece a priori un candidato empeñado en denunciar desigualdades mientras EE. UU. mantiene un ciclo económico casi virtuoso desde los primeros años de Obama. Una racha triunfal y que se ha prolongado, cada vez más robusto, durante la primera legislatura de Trump. Por otro lado parece cada vez más evidente de que en el ala socialista del partido demócrata no habrá lugar para dos aspirantes: a pesar de su formidable actuación durante el último debate la senadora Elizabeth Warren tiene cada día más complicado desbancar a Sanders. En el lado centrista, en cambio, todo puede cambiar, con Biden todavía vivo y Buttigieg y Klobuchar asentados como aspirantes. Sin olvidar a un Bloomberg que todavía está a tiempo de restañar el desastre de su primer debate.